eldiario.es

9

Grecia debe ser destruida

El BCE confirma que Grecia pagó hoy los 4.200 millones de euros

EFE

Grecia debe ser destruida porque, por un instante sorprendente y efímero, intentó no marcar el paso.

No debe quedar de ella piedra sobre piedra en la que asentar la voluntad popular, sus instituciones deben ser derribadas, quemada hasta la última papeleta de votación sobre los cristales de las urnas hechas añico. Sus dirigentes, dignamente elegidos, deberán entregar sus armas democráticas y el futuro de su pueblo a los pies del imperio del dinero y, luego, encadenados al carro vencedor, habrán de pasear su vergüenza y su derrota por las portadas de todos los periódicos y en los espejos de los telediarios, para que en cada hogar del mundo, en cada calle, se aprenda bien que no hay otra lección para los insumisos que el yugo de los vencidos.

Grecia debe ser destruida, las mujeres deberán entregar a sus hijos para servir como esclavos a la troika, el destino de sus ancianos no será otro que pasar sus últimos años mendigando sus pensiones cada día más escasas, las jóvenes y los muchachos tendrán que aprender en la vida dura del exilio que no hay rebeldía posible, los hombres y mujeres en su edad adulta llevarán la cuenta amarga de que sus años no bastarán para pagar porque no hay esperanza de vida que sea tan larga como la mezquindad de los mercaderes de futuros, los niños y los que aún no han nacido heredarán una deuda que nunca contrajeron y crecerán con ella sobre las espaldas, porque así está escrito y porque la verdad de Grecia no es otra que la que se escribe en Alemania.

Grecia debe ser destruida, sus astilleros abandonados, sus islas expropiadas, sus puertos y aeropuertos vendidos, su energía privatizada, sus olivos arrancados, su tierra pisoteada y sus campos sembrados de sal. Y sobre esta destrucción escrupulosamente programada, aún deberán cultivar y producir para el pago que se les exige por el hecho de existir.

Grecia debe ser destruida, su gente humillada, insultada y maltratada por los rodillos de las rotativas mercenarias, las cámaras de las imágenes deformadas y los micrófonos de los "corresponsables" de las grandes agencias.

Grecia debe ser destruida, porque el dinero tiene dueño. Y esta afirmación grabada a fuego que lo resume todo, todo lo justifica y lo permite todo, implica una carga ideológica aplastante que sólo podemos definir como totalitarismo financiero, un fantasma que, esta vez, no sólo recorre el mundo sino que se lo compra.

"Y esto es lo que hay"

Grecia debe ser destruida para que aceptemos seguir soportando a representantes políticos que nos esquilmen, nos roben, nos engañen, nos insulten y nos humillen. Cualquier otra pretensión del estilo de que representen los intereses colectivos, atiendan a nuestras necesidades y de vez en cuando nos consulten sobre las medidas legales, políticas y económicas que van a cambiar drásticamente nuestras condiciones de vida, está fuera de lugar.

Grecia debe ser destruida para que asumamos, de una vez por todas, que cualquier amago de protesta, reivindicación de derechos o siquiera la sombra de una duda rebelde, será calificada inmediatamente como fruto de nuestra ignorancia sobre cuestiones que están muy por encima de nuestras posibilidades, justo a la altura en la que ellos mismos se han situado para aplastarnos con su sabiduría y mejor entender de lo que conviene. Y esto es lo que hay.

Grecia debe ser destruida por si se diera el caso de que, en nuestra ignorancia esperanzada, diéramos en elegir como representantes a personas que asumieran la defensa de nuestras necesidades materiales y nuestra dignidad colectiva.

Grecia debe ser destruida para que comprendamos que unos representantes honestos y decentes serían inmediatamente descalificados como falsos profetas descorbatados que carecen de finura, que no saben transmitir propuestas sino demagogia, que no saben, no saben, no saben atenerse a las reglas del juego.

Y ahí está el problema, en las reglas del juego, en que llevamos demasiado tiempo viendo cómo se pervierten las reglas del juego democrático, tolerando que la economía se quede fuera de las reglas del juego democrático, sabiendo que las cartas están marcadas de manera que sea cual sea la partida, los de abajo perderemos siempre en este juego de trileros en el que han convertido la democracia.

Y por eso mismo nuestra solidaridad con Grecia y su legítima defensa, no es otra cosa que defensa propia.

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha