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Quizá antes de noviembre
No me extraña nada que una buena parte de la prensa, siempre interesada en asuntos ultramarinos, apenas esté prestando atención a lo que está pasando en EEUU. Tal vez es que les da miedo pensar o hacer que piensen sus lectores y seguidores, diseminados en tertulias y cenáculos, practicantes de la amplificación de los desastres, que diría Aristóteles. Parece como si temiesen que la gente compare, se imagine. Sin embargo, pensar por analogía es una herramienta fortísima de análisis político y cultural, en general, de reflexión, en todo caso, para los menos académicos. Lo recomendaba en sus clases Pierre Bourdieu, y siempre le he hecho caso.
En EEUU está habiendo una masiva contestación a las políticas de Donald Trump; no utilizo la palabra insurrección porque es lo que espera el tirano norteamericano y sus seguidores europeos para justificar más totalitarismo si cabe. En realidad, insisto, el autócrata rubio está encontrando una feroz resistencia en el federalismo –tuétano de la Constitución estadounidense– su auténtico talón de Aquiles, sin desmerecer el trabajo arriesgado de periodistas democráticos y profesores, artistas, trabajadores, servidores públicos, ciudadanía comprometida con los valores democráticos.
En el Estado de Minnesota se está desarrollando en estas horas el teatro de operaciones de la resistencia al tirano, con el apoyo de otros estados de la Unión, a la espera de un mayor número, se confía, tras las elecciones de noviembre. La irrupción de manera fascista (recuerda mucho a los somatenes de Hitler) por parte de los ICE –la policía federal destinada a poner en marcha las políticas inmigratorias del Trump– están siendo el detonante. Y no ya solo por los asesinatos y abusos sino también por la quiebra de los valores constitucionales, el reparto de competencias y el federalismo.
¿Qué cuerpo policial en España sería el encargado de cazar a los millones de inmigrantes que los trumpistas españoles quieren expulsar?
El Gobernador Walz, de Minnesota, ha decidió desplegar su Guardia Nacional –de su competencia– para reforzar las policías locales de su Estado en defensa de la ciudadanía y sus derechos. Supone un enfrentamiento brutal que se espera que no llegue a más. La respuesta de Trump, su amenaza, es declarar el estado de insurrección de aquel estado y, así, federalizar la guardia nacional, es decir, ponerla bajo su mando e utilizar fuerzas militares para reprimir asuntos de orden público, algo totalmente –constitucionalmente– prohibido por la Posse comitatus Act. Desde luego también meter en la cárcel al gobernador y ciertos alcaldes.
Se dice entre los mentideros de aquella corte que Trump se está viniendo abajo por la impopularidad y la falta de reputación de la ICE, cuyo uno de los intendentes no ha tenido apuro alguno en vestirse de maneras nazis. Podríamos añadir las actitudes matonas del tirano contra jueces, el presidente de la Reserva federal, fiscales, agentes federales del FBI, por no insistir en las maneras del tirano en política exterior, en las que también le están saliendo granos. Solo con el premier canadiense, Mark Carney, tendríamos bastante, debido a su orgullo imperial irredento.
Desde las filas demócratas se advierte de que en caso de ganar las elecciones en noviembre, Trump y Vance serían sometidos al procedimiento destitutorio del impeachment, pero se extiende la opinión de que sería de aplicación la enmienda veinticinco de la Constitución, debido al estado mental del presidente, un se inhabilitare de la Constitución española, nunca desarrollado y yacente. Es decir, antes.
Volviendo a la analogía, ciertos periodistas, analistas, medios, se declaran incompetentes para informarnos, al igual que ciertos políticos se declaran lo mismo, incompetentes, para no comprometerse con el patrón. Pero algunas preguntas caben: ¿quiénes serían el presidente y el vicepresidente del trumpismo victorioso en España? ¿Qué cuerpo policial en España sería el encargado de cazar a los millones de inmigrantes que los trumpistas españoles quieren expulsar? ¿En cuántas guerras entraríamos? ¿Cuántos y qué presidentes de comunidades autónomas querrían meter en la cárcel? ¿De cuántas y qué institucionales multilaterales se retirará España? Y sobre todo, ¿habría más elecciones en España?
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