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Vox revienta la investidura de Moreno y adelanta su voto en contra a mitad de un discurso que omitió la prioridad nacional

Juanma Moreno pronuncia su tercer discurso de investidura en el Parlamento andaluz.

Daniel Cela

Sevilla —
29 de junio de 2026 12:59 h

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Juanma Moreno ha sido elegido presidente de Andalucía en dos ocasiones: la primera, en 2019, con el peor resultado de la historia del PP (26 diputados) y los votos prestados de Ciudadanos y de Vox; en la segunda, en 2022, le bastaron los apoyos de su partido, que había ganado con una rotunda mayoría absoluta (58 escaños).

El tercer discurso de investidura del candidato popular, pronunciado este lunes en el Parlamento andaluz, busca un equilibrio entre el primero y el segundo: es una reivindicación de la “continuidad” de las políticas “reformistas” que ha desarrollado su gobierno los últimos ocho años (no sólo los últimos cuatro de mayoría absoluta) y de un modelo socioeconómico que considera de “éxito”; y es, sobre todo, un alegado en defensa de su estilo de hacer política (la moderación y la concordia“ de la llamada ”vía andaluza“).

“Tengo la convicción de mantenerla como vía del nuevo gobierno andaluz. Gobernaré para todos. Mi carácter y mis valores son sólidos y no cambiarán por las coyunturas políticas”, ha prometido Moreno, reafirmándose en su estilo templado, comparándose con el discurso “humanista” que el Papa León XIV pronunció recientemente en el Congreso.

Pero, a la vez, el discurso de investidura de Moreno es un texto trufado de guiños, promesas y cesiones a la ultraderecha, necesaria tanto para su reelección como para la gobernabilidad estable de la comunidad más poblada de España. El presidente en funciones no se llamó a engaño, lo dijo nada más empezar: “Nos hacen falta dos escaños, esa es la realidad, y cerrar lo sojos a la realidad sería un error”, adelantó Moreno, que situó su debate en la encrucijada que todos conocen: “o bloqueo institucional o repetición electoral”, pero también desde el minuto uno señaló como responsables del “lío” potencial a las tres izquierdas que nunca facilitarán su investidura -PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía-, nunca a su socio preferente, que a día de hoy tampoco le apoya.

Mientras Moreno pronunciaba estas palabras en el Parlamento autonómico, en la sede central de Vox en Madrid, su portavoz nacional José Antonio Fúster, avisaba del sentido de voto de sus 15 diputados andaluces: “En primera [votación], no y en segunda me parece que no. Que siga por ese camino y saldrá elegido en tercera, cuarta, quinta o nunca”, dijo.

Equilibrios imposibles

El debate de investidura, que continuará este martes con la réplica de los grupos políticos, ha sido un ejercicio de contorsión en el que Moreno se ha aferrado a sus principios -“moderación, seguridad, estabilidad”- y ha reintroducido partes de la agenda política de Vox.

“Reintroducido”, porque ya lo hizo en 2019, tras firmar el primer pacto del PP con la ultraderecha en España, que empezó a romper los consensos sobre igualdad de género y lucha contra la violencia machista; sobre las políticas contra el cambio climático; sobre europeismo y autonomismo; sobre la integración de los inmigrantes desde una perspectiva socioeconómica (no vinculada a la delincuencia), e incluso sobre memoria histórica (Andalucía fue la primera comunidad donde el PP no votó en contra de una Ley de Memoria autonómica, aunque tras casi ocho años de gobierno haya asfixiado las políticas memorialistas achicando la financiación).

Moreno hizo suyos algunos de los postulados más ultra del partido de Santiago Abascal, aunque se protegió de las críticas bajo la “Andalucía encapsulada” -esa estrategia exitosa que aisló la política andaluza del ruido colindante- y, más tarde, logró desprenderse de algunos de aquellos estigmas gracias a la mayoría absoluta de 2022 (otros los ha mantenido hasta hoy, como el polémico teléfono de “violencia intrafamiliar”, término con el que Vox niega la violencia de género).

“La igualdad de hombres y mujeres es un principio irrenunciable”, ha subrayado este lunes, reafirmando su compromiso en la lucha contra la “violencia de género”. Esta frase, quizá en 2019, habría puesto en riesgo el apoyo de Vox, que entonces tenía el rechazo al feminismo en el frontispicio de su agenda, pero desde entonces los de Abascal han experimentado un proceso de lepenización que, como los ultras de Francia, han orillado algunas guerras culturales para centrarse casi de forma monográfica en el discurso antiinmigrante.

El barón popular ha buscado también la complicidad de Vox en el reproche sistemático contra el Gobierno de Pedro Sánchez, un escenario de coincidencia con los de Abascal durante toda la pasada legislatura. Todo lo que falla en Andalucía, ha venido a decir Moreno, falla por falta de inversión, por falta de compromiso o directamente porque el Ejecutivo de España está dinamitando las opciones de esta comunidad autónoma, de 8,5 millones de personas, y que maneja un presupuesto de 55.000 millones de euros.

La medida estrella del discurso de investidura de Moreno en 2022 fue una batería de rebajas fiscales con un impacto de 620 millones de euros en las arcas públicas durante los cuatro años de mandato, 260 millones sólo el primer ejercicio. No se ha cumplido aquella previsión, pero el PP sigue ostentando hoy la bandera de la “rebaja masiva de impuestos”, con la que Vox está plenamente alineado.

Moreno ha avanzado en esa “reforma fiscal”: nueva reducción del IRPF y Transmisiones Patrimoniales; deduccióin por la compra de gafas y lentillas a menores de 25 años; volver a suprimir el impuesto de Patrimonio; bonificar el impuesto de Sucesiones entre hermanos; y ha vuelto a prometer mayor “desregulación” y “desburocratización”, que agilice los proyectos económicos.

La primera “prioridad” que ha mencionado no ha sido la “prioridad nacional” de Abascal (ese sintagma xenófobo), sino la vivienda, el gran problema social de nuestro tiempo (25.000 personas se manifestaron el sábado en Málaga reclamando una respuesta habitacional); y la “prioridad sanitaria”, prometiendo que el presupuesto de la cartera de Salud crecerá sistemáticamente cada año.

También, en esta línea, el líder popular ha esbozado una “revolución del modelo organizativo del Servicio Andaluz de Salud, que ya ha quedado obsoleto hace años”, y ha anunciado como medida “pionera” un plan de “prevención” contra la soledad no deseada, que afecta a más de un millón de andaluces.

Otro de los “principios irrenunciables” que ha esgrimido Moreno es la defensa “frente a terceros” del sector agroalimentario, pilar de la economía andaluza, que moviliza 15.600 millones de euros al año. En este capítulo los equilibrios del presidente de la Junta han sido complicados, porque su partido (junto al PSOE) apoyó el acuerdo comercial Mercosur en el Parlamento europeo, al que Vox se opone abiertamente.

Moreno ha defendido la “preferencia comunitaria”, es decir, el marco europeo [sigue siendo presidente del Comité de Regiones Europeas], pero también ha introducido las críticas de la ultraderecha al desarrollo de esas políticas, denunciando que algunas cláusulas de esos acuerdos europeos con países extracomunitarios “dañan a nuestros productores”. “Exigiremos precios justos y ser respetados frente a productos de terceros países a los que no se le exigen las mismas obligaciones y estándares ambientales que a nosotros”, ha subrayado.

Vox aspira, como en Extremadura, Aragón y Castilla y León, a hacerse con la Consejería de Agricultura, aunque en Andalucía el volumen de presupuesto que maneja es infinitamente mayor, con unos 2.000 millones de euros anuales.

El barón del PP hizo un llamamiento a la “unidad y la valentía” de la Cámara en un tramo de su discurso en el que rechazó de plano el nuevo modelo de financiación autonómica, firmado por la jefa de la oposición, la socialista María Jesús Montero, que le observaba desde su escaño. Moreno ha reclamado “suficiencia financiera” y ha acusado a Sánchez de “discriminar a Andalucía en las inversiones del Estado”.

La medida estrella del discurso de investidura de Moreno en enero de 2019 no estaba en el discurso, sino en la imagen en sí misma: el primer presidente de la Junta de Andalucía que no era del PSOE en 37 años. Sería elegido con los votos de los dos partidos que habían reducido al PP al esqueleto: los liberales de Ciudadanos y los ultras de Vox.

Uno de los cambios evidentes en la jornada de hoy es el ambiente de naturalidad con la que Moreno regresa a la investidura de manos de la ultraderecha, esta vez, sin el ambiente de asombro de entonces, sin las manifestaciones masivas de organizaciones feministas que en enero e 2019 rodearon el Parlamento en protesta por la alianza de PP con Vox, y respaldada por la mitad de los consejeros del Gobierno en funciones de Susana Díaz, dirigentes del PSOE-A, de Izquierda Unida y de Podemos. Hoy ya nadie se rasga las vestiduras ni alerta sobre el “fascismo”, que fue una palabra común en el diario de sesiones hace dos legislaturas.

Votación el martes y el jueves

El candidato popular ha desgranado los ejes de su tercer mandato y, hasta el martes a las 10.00 horas, el Parlamento no escuchará la réplica del resto de candidatos sobre la tribuna: María Jesús Montero, por el PSOE; Manuel Gavira, por Vox; José Ignacio García, por Adelante Andalucía; y Antonio Maíllo, de la coalición Por Andalucía. Obviamente será la palabra de Gavira la más esperada, si para entonces no se ha hecho público el acuerdo entre ambas formaciones.

La primera votación está prevista para la tarde del martes 30 de junio. Si Moreno no sale investido en ese momento, habrá una segunda votación 48 horas después, el jueves 2 de julio, en la que sólo necesitaría mayoría simple, es decir, bastaría con que los diputados de Vox se abstuvieran.

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