María Pulido, nueva pobladora: "Elegimos Artieda porque buscábamos una zona rural, pero con movimiento social”

Nuevos pobladores de Artieda, de izquierda a derecha Víctor Iguacel, Alfonso Ríos y María Pulido

Reas Aragón ha celebrado esta semana la vigesimoquinta edición de sus Jornadas de Economía Social y Solidaria. Uno de los proyectos presentados ha sido Empenta Artieda, un proceso participativo para luchar contra la despoblación en un pequeño municipio del Pirineo amenazado desde hace años por el recrecimiento del pantano de Yesa. María Pulido (Madrid, 1989) es una de las jóvenes que se ha decidido a vivir en Artieda gracias a este proyecto.

Reas Aragón organiza ya sus XXV Jornadas de Economía Social y Solidaria, ¿la crisis del coronavirus puede ser una oportunidad para replantearse las políticas económicas y sociales?

Creo que esta crisis demuestra cosas que muchas organizaciones como Reas estaban advirtiendo desde hace tiempo, como las consecuencias eco sociales que tiene el modelo capitalista en el que vivimos. Ahora queda totalmente demostrada la necesidad de pensar en modelos mucho más sostenibles, tanto con la naturaleza como con la vida de las personas.

¿En qué consiste vuestro proyecto, Empenta Artieda?

Empenta Artieda es un proyecto participativo para luchar contra la despoblación desde un pueblo pequeño del Pirineo aragonés, que es Artieda. Parte de los principios de municipalismo y la autogestión para pensar soluciones desde la realidad local para el problema de la despoblación. Es un proyecto muy integral, pero tiene mucho que ver con la sostenibilidad de las zonas rurales.

¿Cómo surgió?

En diciembre de 2016, cuando un grupo de personas jóvenes del pueblo que habían estado viviendo en otras zonas se reunieron para hablar sobre la despoblación. El pueblo estaba en un momento crítico, como están ahora la mayoría de los pueblos de esta zona y del resto del estado. Le hicieron una propuesta al ayuntamiento para hacer una investigación, una acción participativa para buscar soluciones a la despoblación. El ayuntamiento contrató a dos personas jóvenes; uno de ellos era un sociólogo que hizo el planteamiento de la metodología. El proyecto empezó como una investigación, pero ha continuado con un plan de acción.

¿Habéis conseguido ya mejoras para Artieda?

Sí, ha sido un proyecto muy motivador porque ha tenido resultados muy rápidamente. En realidad, tres años para un proyecto social es poco tiempo. Sin embargo, al ser un pueblo tan pequeño, el impacto de cada acción o de cada persona que viene a vivir es muy grande; se nota mucho en el día a día. Una de las primeras cosas que se hizo y que ha sido un éxito es conseguir tener conexión de banda ancha de Internet en el pueblo. Se hizo con un proyecto de los propios vecinos, junto con el ayuntamiento, que contrataron a una empresa, que es un emprendedor de la zona que tenía una propuesta de construir la red de manera colectiva. Es una red que ahora mismo se autogestiona con una asociación. Tenemos un Internet de mucha calidad, que ha permitido que haya gente joven que se pueda plantear emprendimientos que tienen mucha necesidad de uso de la red. También ha habido otros proyectos con muy buenos resultados, como de acompañamiento a personas mayores. Otro resultado evidente es el número de gente joven que nos hemos venido al pueblo. Algunos no teníamos ningún tipo de arraigo ni con la zona ni con el pueblo.

¿De qué población estamos hablando?

En Artieda vivimos unas 70 personas todo el año, aunque censadas hay unas 80. En los últimos dos años, hemos llegado doce personas jóvenes. Algunas tenían vínculos familiares con el pueblo, pero la mayoría no teníamos ningún arraigo.

Entonces, sin ningún vínculo, ¿por qué habéis elegido Artieda?

Precisamente por el proyecto de Empenta. El perfil de personas que hemos llegado de otros sitios como nuevas pobladoras éramos gente que buscábamos mudarnos a una zona rural, pero a una donde hubiera tejido social, proyectos de participación, posibilidades de emprender proyectos en colectivo; es decir, precisamente buscábamos es movimiento social. Hay un elemento muy importante que normalmente no se valora cuando se habla de despoblación y es el de las oportunidades de socialización. En muchos pueblos, aunque haya algunas personas jóvenes, no hay espacios ni tiempos compartidos de socialización. Eso es algo por lo que en Artieda se ha apostado claramente: se ha hecho una dinamización socio cultural muy fuerte, también en los meses de invierno, todo el año; con lo que es un pueblo con una red vecinal y comunitaria muy potente.

¿Cómo funciona esa dinamización?

Es un pueblo en el que es muy fácil proponer actividades. Hay muchas opciones de espacios municipales que se autogestionan: cualquier vecina que quiera usarlos simplemente tiene que asegurarse de que no coincide con otra actividad. Tenemos actividades muy diversas: desde encuentros más internos como comidas o cenas entre semana, hasta jornadas más abiertas a otros pueblos en temas de ecologismo, deportes de montaña, feminismo rural, poner en valor el aragonés, actividades para los adolescentes que vienen al pueblo como segunda residencia... Se ha habilitado un centro juvenil auto gestionado, con una sala, para estos adolescentes que quedaban algo descolgados de las dinámicas de participación. También hay muchas actividades culturales: charlas, proyecciones de películas, de documentales, libros...

Por lo que comenta, hay más oferta de ocio que en poblaciones mucho más grandes...

Sí. Y, como somos poca gente, solemos ir a todo lo que hay. A veces, bromeamos con que tenemos la agenda muy apretada viviendo aquí.

¿Qué retos tenéis ahora por delante?

A medio largo plazo, hay dos temas en los que hemos trabajado y que eran objetivos desde el principio, pero que claramente son retos a futuro porque son muy estructurales. El primero es la vivienda. Un problema que mucha gente no conoce en zonas despobladas que es que hay mucha dificultad para conseguir vivienda en alquiler o en unas condiciones accesibles, sobre todo, para gente que quiera quedarse a vivir en el pueblo fuera de la casa familiar, si es que ya son de allí, o para nuevas pobladoras. Estos tres años, en Artieda el ayuntamiento ha liderado una estrategia para mediar con propietarias y conseguir que se pusieran en alquiler algunas viviendas que antes no se habían planteado y también ha construido dos apartamentos para nuevas pobladoras. Pero a largo plazo hay que buscar soluciones colectivas; realmente es un reto y se repite en casi todos los pueblos pequeños. El otro es el empleo. Artieda está muy alejado de la cabecera de comarca y de cualquier capital de provincia o de comunidad autónoma y sin apenas transporte público. Entonces, las condiciones de empleo en la zona tienen mucho que ver con empleos estacionales, muy temporales, muy precarios. Al final el emprendimiento es una salida y una forma por la que apostamos, porque creemos que, enfocado desde la economía social y solidaria, puede dar opciones a mantenernos en los pueblos y a tener una vida digna, con unos derechos laborales que ahora mismo cada vez escasean más.

¿Qué tipo de negocios se han emprendido ya o se están intentando poner en marcha?

Ha habido pequeños emprendimientos muy centrados en la innovación. Hay un chico del pueblo que decidió volver al pueblo en el primer momento de Empenta y que ha montado un portal web del Pirineo, que se llama cimanorte.com. Lo que hace es promocionar cultural y turísticamente todo el entorno en el que vivimos. El trabajo lo desarrolla en un espacio de coworking municipal y utilizando la red de Internet que se ha conseguido a través del proyecto. Otro proyecto que se instaló aquí también a raíz del proceso participativo de Empenta es una empresa social, que se llama Senderos de teja, que han gestionado unos años el albergue municipal y que ahora gestionan servicios de turismo con la idea de fomentar un tipo de turismo sostenible, que tenga un valor añadido y deje recursos en el territorio. Además, han montado un proyecto social muy innovador, que es Envejece en tu pueblo, que ofrece servicios de cuidados para mayores de los pueblos de la zona, para que no tengan que irse a residencias de la ciudad y puedan mantenerse el mayor tiempo posible en sus casas, en los pueblos.

¿El proyecto Empenta Artieda se podría trasladar a otros municipios aragoneses?

Sí, nosotros creemos que es totalmente trasladable. Ahora mismo, se habla constantemente de la despoblación pero se trata mucho desde espacios estatales y autonómicos. Nosotros pensamos que es muy importante dar el salto a lo local y que sea la propia gente de los pueblos la que se empodere y encuentre los caminos para decidir cómo quieren el futuro para su pueblo y qué quieren construir. Pensamos que un planteamiento participativo es totalmente adecuado para cualquier pueblo pequeño. Algo que marca por qué este proyecto participativo ha empezado en Artieda es que lleva muchos años luchando como pueblo contra el recrecimiento del embalse de Yesa. Eso ha dejado una tradición organizativa muy fuerte y también un arraigo muy fuerte, porque la gente de Artieda ha peleado mucho por su pueblo y su territorio y tiene todo ese poso de querer organizarse para sacarlo adelante. Ha sido una experiencia que ha unido mucho comunitariamente al pueblo. Lo ha fortalecido. Ese tipo de proyectos, igual que otros de turismo muy agresivo, como algunas pistas de esquí con discotecas, teleféricos... tienen un impacto muy negativo en la despoblación, porque fomentan los pueblos como espacio de vacaciones y turismo, pero, por ejemplo, en la vivienda tienen un impacto terrible, provocando que no haya opciones de vivienda para todo el año.

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Publicado el
14 de junio de 2020 - 06:50 h

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