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Las encuestas desatan los nervios en los partidos pese a la teórica lejanía de las elecciones

Las encuestas -con Ciudadanos disparado, PSOE estable, Podemos cayendo y PP desplomándose- tensionan a la dirección de los principales partidos. Las municipales de 2019, decisivas. En la batalla clave de Madrid, Carmen Calvo se suma a la lista de posibles candidatas del PSOE a la Alcaldía

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Carmen Calvo en una imagen de archivo

Machaconas, una tras otra, las encuestas del invierno han ido trazando unas tendencias claras tras  el seísmo de las urnas reales de Catalunya en diciembre pasado: el PP cae en todas o incluso se desploma en algunas, Ciudadanos sube mucho o muchísimo, el PSOE se estabiliza, Podemos baja entre algo y bastante. Los nervios andan desatados en los estados mayores de los partidos, especialmente en aquellos a los que los estudios demoscópicos pintan un futuro gris o casi negro. Algunos dirigentes más bregados llaman a la calma interna. “Estas fotos no valen. Queda mucho para las elecciones”. “Cada encuesta mira mucho a la anterior de otro instituto y con su propia cocina intenta no desafinar mucho”. “En lo de Ciudadanos hay una parte de verdad y otra de burbuja, como en su día le pasó a Podemos, que también se acercó al 30% de intención de voto y hoy anda en poco más del 15%”.

Mientras Mariano Rajoy reacciona o no reacciona a la crisis interna y en su partido se especula de nuevo con  su sucesión, y mientras Albert Rivera tira y afloja con el PP y debate consigo mismo si es aliado del Gobierno o deja de serlo del todo, Pablo Iglesias vuelve a hablar en público y en privado de moción de censura y Pedro Sánchez vuelve a descartarla salvo caso de emergencia nacional o de algo muy grave que paralice aún más la legislatura y la vida pública. Y todos, sin excepción, preparan con gran cuidado la próxima gran cita electoral cierta: los comicios municipales y europeos en toda España y autonómicos en 14 comunidades que se celebrarán el domingo 9 de junio de 2019. Aún faltan 15 meses, pero los partidos se lo han tomado como una tarea urgente y fundamental.

Las municipales -y en menor medida las autonómicas que se celebran al mismo tiempo: todas, salvo las de Catalunya, País Vasco, Galicia y Andalucía- siempre se han considerado como un indicador adelantado del cambio de ciclo electoral. Al menos así ha sido en las largas décadas del bipartidismo. Aquel de los dos grandes partidos que lograba mayor porcentaje total de votos en las locales era el que ganaba las siguientes elecciones generales. ¿Seguirá siendo así en 2019, en las primeras municipales no con dos sino con cuatro grandes partidos en liza en toda España, pues en las de mayo de 2015 Ciudadanos no había completado aún su despliegue territorial y Podemos sólo se presentó en algunas ciudades y nunca con su propia marca?

Sean o no el prólogo y el augurio de las generales, todos se juegan mucho el domingo 9 de junio de 2019.

Al PP se le acumula el trabajo previo, especialmente en dos frentes. En las pequeñas y medianas poblaciones (de los algo más de 8.000 municipios que hay en España, unos 6.800 tiene menos de 5.000 habitantes, y unos 1.000 menos de 100), para taponar la fuga de concejales en ejercicio que asustados por las encuestas y deseosos de seguir en el poder abandonan el partido y se ofrecen a Ciudadanos. En las grandes ciudades, para encontrar nuevas caras con tirón suficiente como para recuperar parte del poder perdido en 2015, cuando el partido de Rajoy pasó de gobernar 10 de las 15 ciudades más pobladas (tenía Madrid, Valencia, Sevilla, Palma, Las Palmas, Alicante, Córdoba, Valladolid, Málaga y Murcia) a hacerlo solo en dos, las dos últimas de las enumeradas. El objetivo de la dirección nacional está bien claro: desmentir en las urnas a todos los sondeos y, con un buen resultado en las elecciones locales, dejar el mensaje para las generales de que el partido no estaba gravemente herido sino solo algo indispuesto. Hay incluso quien ya vincula la continuidad de Rajoy en el liderazgo del partido a esa resurrección en las municipales.

En el PSOE, los objetivos son muy ambiciosos. Superar en votos al PP (en 2015, este logró dos puntos porcentuales más, 27,05% frente al 25,02%), mantener los gobiernos locales con que se hicieron en 2015 (de las 8 principales ciudades que perdió el PP, los socialistas se hicieron con 5) e incluso entrar en el Gobierno, aunque solo sea en coalición, en algunas de las ‘ciudades del cambio’ gobernadas ahora por movimientos ciudadanos del ámbito de Podemos.

En Podemos, se proponen también romper el maleficio de las encuestas, probarse por primera vez con su propia marca en unas elecciones locales y tratar de revalidar el gobierno en sus ciudades emblemáticas. En algunas de ellas –por ejemplo, Zaragoza-, lo ven muy difícil. Iglesias les ha pedido a sus líderes territoriales que lleven el próximo sábado 10 de marzo a la reunión del Consejo Ciudadano Estatal un pormenorizado informe de las posibilidades y las estrategias plaza a plaza.

En Ciudadanos, el reto es no morir de éxito. Al calor de las encuestas, a las puertas de muchas de las sedes provinciales del partido casi recién estrenadas hay cola por entrar a afiliarse. Desde la dirección nacional se han dado instrucciones para filtrar bien la avalancha de postulantes, vengan de la calle o vengan de otra formación política, casi siempre el PP.  “Que no se nos cuele alguien que después podamos lamentar”. El partido de Rivera quiere presentar candidaturas en el mayor número de municipios posible, pero con ciertas cautelas, y confirmar en ellas que está tan fuerte como dicen las encuestas.

Con ese panorama general, la batalla de Madrid se presenta como una de las más emblemáticas. Los cuatro grandes partidos se ven con posibilidades de lograr la Alcaldía.

Podemos confía en convencer a Manuela Carmena de que sea su cabeza de lista pese a los 75 años de edad que tendrá la actual alcaldesa en junio de 2019 y a las presiones internas de parte de su familia para que abandone la política. “Sin ella, nuestro candidato probablemente sería Julio Rodríguez, y nuestra posibilidades menores”, confiesa un destacado miembro de la dirección estatal de Podemos.

El PP tendrá con seguridad un candidato nuevo a la Alcaldía, alguien cuya primera misión será lograr que los electores se olviden del PP de Esperanza Aguirre, agujereado por la corrupción. Pablo Casado (37 años) es de nuevo el nombre que parece mejor situado. La decisión final puede demorarse. “Cuando decida el jefe”, cuentan en la dirección del partido, en referencia a Rajoy.

Ciudadanos, que muy probablemente repetirá con su cabeza de lista, Begoña Villacís (40 años), tiene unas expectativas mucho más altas que el cuarto puesto y el 11,4% de los votos que logró en 2015. Villacís espera rentabilizar en las urnas el papel de jefa de la oposición a Carmena del que se ha adueñado ante los problemas de Aguirre, y su partido confía en que la candidata y la marca sumen lo suficiente como para superar en votos tanto al PP como al PSOE o al menos para convertirse en la llave necesaria para cualquiera de los dos.

En el PSOE, muy cuidadosos con la paridad en sus candidaturas, tienen claro que su cabeza de lista municipal será una mujer, pues en las autonómicas parece seguro Ángel Gabilondo. Hace seis meses se barajaba la exministra Cristina Narbona (57 años), presidenta del partido. Hace tres, la también exministra y miembro de la Ejecutiva del partido Beatriz Corredor (49 años). Hace dos, la portavoz socialista en el Congreso y exsecretaria de Estado Margarita Robles (61 años). Ahora, descartadas Narbona y Robles y sin descartar a Corredor, coge fuerza en la dirección socialista el nombre de otra exministra como candidata a la Alcaldía madrileña: Carmen Calvo (60). Jurista, profesora universitaria, consejera andaluza con Manuel Chaves, ministra de Cultura con Zapatero, Calvo fue hace un año uno de los fichajes estrella de Pedro Sánchez en las primarias socialistas y es ahora su persona de confianza para asuntos tan relevantes como la reforma constitucional, el feminismo, la igualdad o los actos en torno al 140 aniversario del PSOE, que se celebrará precisamente el próximo año. Aunque cordobesa de origen, Carmen Calvo es madrileña de residencia desde hace años, con casa en el barrio de Chueca. "Y con trayectoria madrileña -presumen de ella en la alta dirección del PSOE-. Fue la principal artífice de la ampliación del Museo del Prado".

Madrid es importante, pero lo será más el balance global, dicen todos. Y al tiempo planean y plantean la batalla de Madrid como la decisiva de la guerra. 

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