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Un mal año para EEUU

Iñigo Sáenz de Ugarte

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Este fin de semana me han entrevistado en Jot Down para pedirme mi opinión sobre distintos asuntos relacionados con Oriente Medio. Como es habitual en el medio, la entrevista es más larga que la campaña napoleónica en Rusia, así que están avisados. De todas las respuestas, voy a destacar ahora esta:

“Es necesario resaltar que el balance que EEUU debe hacer en Oriente Medio al final de 2013 es muy negativo. Ha terminado peor que lo empezó: sus relaciones con varios países de la zona han empeorado (lo cual no quiere decir que no puedan mejorar) y su capacidad para influir sobre la zona —que es lo que se le supone al país más poderoso del mundo— ha quedado muy reducida.

Sus discrepancias con Arabia Saudí y con Israel, su incapacidad de influir sobre la guerra siria, en el sentido de hacer caer a al-Asad, o para poner fin al conflicto y que haya un acuerdo entre las partes son una prueba de ello. Las esperanzas que EEUU puso en que Turquía fuera un moderador decisivo en Oriente Medio también se han visto de algún modo defraudadas, porque ahora Turquía tiene más problemas dentro que fuera. En el caso de Líbano la estrategia de EEUU siempre ha sido procurar que Hizbulah tuviera el menor predicamento dentro de la sociedad y resulta que todos los intentos por debilitar a este grupo no han funcionado. Este no ha sido un buen año para EEUU en Oriente Medio“.

Hay dos países básicos para EEUU en Oriente Medio desde hace décadas: Israel y Arabia Saudí. El intento de encontrar una solución diplomática en relación al programa nuclear iraní y el escaso interés norteamericano en una mayor implicación militar en la guerra siria en el lado de la oposición les ha distanciado de ambos. En 2014, se verá si el acuerdo provisional con Irán se convierte en definitivo y por tanto habrá que calibrar otra vez su impacto en la relación con israelíes y saudíes.

En la entrevista, no mencioné el caso de Egipto, donde se ha impuesto un régimen nacionalista controlado por los militares que propaga en los medios de comunicación la loca idea de que Washington tenía un pacto secreto con los Hermanos Musulmanes. A corto plazo, la relación con Egipto también ha quedado congelada, aunque tampoco hay que engañarse. Los militares egipcios necesitan la ayuda militar de EEUU y no querrán prescindir de ella.

Quizá si los combates entre grupos de la oposición siria, que han provocado centenares de muertos, provocan una derrota de los sectores yihadistas agrupados en torno a Estado Islámico de Irak y el Levante, Washington cambie de actitud sobre Siria, pero es poco probable.

La realidad es que la opinión pública norteamericana hace ahora un balance negativo de las guerras de Irak y Afganistán. No cree que su país haya conseguido los objetivos que pudieron justificar en su momento esa intervención militar. El cambio con respecto a hace un par de años es más significativo entre los votantes republicanos. Los conservadores no necesitarán muchos esfuerzos para intentar demostrar que Obama es un gobernante débil frente a los enemigos (es su tendencia natural), pero tendrán pocas opciones de que ese discurso cale en los votantes, incluidos los suyos. La propaganda necesita de materia prima favorable para cambiar de mensaje.

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