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Floc, el perro de los Gallimard, tercera y olvidada víctima en la muerte de Albert Camus

El escritor Albert Camus falleció en 1960 en un accidente de coche, en el que también murió el editor Michel Gallimard

Con ellos viajaba también Floc, el perro de los Gallimard, de quien no se encontró su cuerpo ni se volvió a tener noticia alguna tras el siniestro, y que fue olvidado por las incontables crónicas del suceso

Publicamos la primera imagen de Floc que se ha mostrado en el mundo desde aquella fecha fatal, y que ha sido cedida a El caballo de Nietzsche por la familia Gallimard

Floc, el perro de Janine y de Anne Gallimard

Floc, el perro de Janine y de Anne Gallimard

Con motivo del 60 aniversario en 2017 de la concesión del Premio Nobel de Literatura al escritor Albert Camus, llevamos dos o tres años evocando, con numerosos artículos y ensayos, su muerte, producida a los 47 años tras el fatal accidente de automóvil del 4 de enero de 1960, en Sens, cerca de Villeblevin, en la Borgoña francesa, a unos 100 kilómetros al sur de París. A bordo y al volante del vehículo siniestrado iba Michel Gallimard, director de colección La Pléiade; de copiloto iba el todavía reciente Premio Nobel del 57, Camus; y en los asientos traseros viajaban otros dos miembros de la familia Gallimard: Janine, esposa del editor y sobrina de Gaston Gallimard, el dueño de la editorial, y Anne, la hija de ambos, Anushka para Camus. Pero en el auto había otro ocupante, que aquí nos interesa mucho, olvidado por las crónicas literarias y mundanas.

Los cinco ocupantes viajaban en un exclusivo modelo Facel-Vega Excellence, vehículo de lujo de cuatro puertas, de más de cinco metros de largo y con motor de ocho cilindros Chrysler, del cual solo se harían poco más de 150 vehículos, dado su alto precio. Se trataba de una auténtica berlina de la época, que debía impresionar por las carreteras regionales de Francia. Aquel día de enero, en el que regresaban de las vacaciones de Navidad que habían pasado en la Provenza, en la casa que había adquirido Camus, debía viajar con ellos el poeta René Char, que al final decidió regresar en tren. Dicen que su envergadura le salvó, ya que, al ser tal alto, era difícil su acomodo junto al resto de la partida de amigos. También regresaban en tren los dos hijos de Camus y su mujer.

Albert Camus

Albert Camus © The Nobel Prize Foundation. www.nobelprize.org

La violencia del choque fue brutal y el Facel-Vega quedó fragmentado en tres grandes cuerpos de carrocería abollada. Janine sobrevivió y también la hija, la joven Anne, pese a haber sido lanzada a más de 20 metros del coche. Camus muere en el acto, estampado contra el parabrisas, y Michel muere en el hospital, a los cinco días del accidente.

Pero casi nadie menciona a la quinta víctima, que tal vez viajaba en los brazos de Anushka, o junto al escritor. En su biografía canónica, firmada por Olivier Todd con el título de Albert Camus, una vida, y publicada en España por Tusquets en 1996, apenas se menciona al perro en una sola y triste línea, para decir, enigmáticamente, que Floc "desapareció, y su cuerpo nunca fue recuperado". Tal vez la última caricia de Albert Camus, o el último lengüetazo sobre la mano del literato, fuera de Floc, sepultado también por la historia, hasta hoy, que publicamos una foto suya por primera vez en el mundo.

Esta investigación, que hoy concluye en El Caballo de Nietzsche mostrando la primicia de su retrato, se inició hace más de un año, cuando recibí el encargo de la revista Claves de Razón Práctica para realizar una semblanza de la muerte de Camus. Mi proyecto consistía en centrarme, también, en El primer hombre, la novela cuasi biográfica que el escritor francés pied-noir de origen argelino dejó inacabada al morir, y que fue rescatada en un maletín oscuro del amasijo de hierros en los que quedó convertido el potente haiga. En España fue publicada en 1996. Y ahí es cuando reapareció el perro de los Gallimard.

El caso es que la tercera víctima mortal del accidente, Floc, el adorado perro de la familia de los editores, literalmente, voló de escena, como si hubiera sido abducido por el espíritu del escritor... Así, de manera sorprendente, no quedó rastro del pobre animal. La televisión francesa rodó imágenes aquella mañana, donde puede observarse la brutalidad del accidente, así como la búsqueda detenida de la gendarmería francesa revisando palmo por palmo los alrededores de la escena. Recordemos que Camus era entonces una celebridad, amigo del escritor y ministro de Cultura André Malraux, en el Gobierno del Mariscal De Gaulle, y que estaban a punto de nombrarlo director de un gran teatro nacional francés. Hoy estas imágenes están accesibles en los archivos de la INA-FR y pueden visitarse en el enlace al Institut National de l'Audiovisuel (Ina).

El enigma de la desaparición de Floc hasta hoy no ha podido ser resuelto. Sin embargo, al menos la realidad de Floc, su rostro, debía intentar ser recuperado. Y ello ha sido posible gracias al departamento de documentación histórica de la Editorial Gallimard, y a M. Eric Legendre, quien, en contacto con la familia, nos ha facilitado para El caballo de Nietzsche una fotografía del álbum particular donde aparece Floc, siendo esta la primera vez que se pone rostro al quinto ocupante del terrible accidente. Así, sabemos ahora que Floc era un skye terrier negro de pelo largo, una rara raza escocesa de pequeño tamaño.

Pero el misterio sigue ahí y me temo que, salvo que aparezca algún nuevo dato, en ese punto seguirá. Solo se pueden formular conjeturas. ¿Acaso Floc, asustado hasta la histeria, salió de estampida del escenario de aquel espantoso accidente y luego ya no quiso o no supo regresar? Parece inverosímil pensar que el impacto no lo hubiera dejado conmocionado o malherido, pero ahí mismo. Es posible inferir que, con la cabeza perdida, Floc hubiera comenzado a deambular entre los profundos surcos de los campos de cebada recién arados -esto lo sabemos por las fotos de la escena- aquella fría mañana de enero, hasta quedar perdido del todo, o tal vez acogido en alguna casa de aldeanos, ignorantes estos del peculiar origen de aquel precioso can. Solo unos meses antes, Camus había comentado que la muerte en un accidente de automóvil era la más "escandalosa" de cuantas se podían esperar.

Albert Camus perdió la vida en un Facel Vega Excellence

Albert Camus perdió la vida en un Facel-Vega Excellence

Una hipótesis más descabellada, pero que circuló por la época, culpaba al KGB de haber provocado el accidente en aquel tramo recto de carretera, habida la enemistad de Camus hacia la entonces Unión Soviética en temas de derechos humanos y las agrias polémicas de este con Jean-Paul Sartre. ¿Recogieron los rusos el cadáver de Floc, a modo de trofeo, junto con otros documentos, y se lo llevaron a Moscú? No parece plausible, pero sucesos más disparatados escribió Ian Fleming, ex oficial de inteligencia británico, cuando creó a su personaje James Bond, sucesos que al parecer tenían una base de verdad. Porque los espías de la época dorada de la Guerra Fría disfrutaban compitiendo entre sí, se aburrían como ostras entre acción y acción, eran unos fetichistas y estaban bastante de la olla. Llevarse a Floc a Moscú, a la tierra de la heroína cosmonauta Laika, hubiera sido el remate perfecto a su audaz acción.

Epílogo: Floc y Laika en Moscú

La inteligencia, la fidelidad y la bondad de los perros solo puede ser comprendida a carta cabal por aquellos que hemos tenido -y tenemos- la suerte de convivir con estos verdaderos seres inteligentes y sintientes. Rescatar la imagen y la memoria de Floc, el ilustre perro de los Gallimard -y de Camus- es un acto de justicia hacia otros canes. Sé de lo que hablo. Yo tuve la suerte de vivir con Gora, que en euskera significa viva, durante más de 18 años. Toda mi infancia, desde que cumpliera yo cinco o seis años hasta que el pobre Gora murió, está marcada por su presencia. A los 20 años puedo decir que había yo dormido más noches con perros que con personas. Esto hoy ha cambiado, sin duda. Pero no sé si he salido ganando.

En fin, Floc ha sido recuperado para el paraíso de los perros célebres en la historia, paraíso noble donde está Argos, el perro de Ulises, y que es el único que reconoce al héroe, a la entrada de su palacio, tal y como lo narra Homero en el canto XVII de La Odisea. Y allí, a punto de morir, tras veinte años de espera, yace recostado el pobre bicho, "lleno de sabandijas", sin que nadie lo cuide. Argos, emocionado al ver y reconocer a su viejo amo, apenas puede levantarse, pero mueve un poco la cola, dejando caer las orejas, para luego expirar, pues, con seguridad, el sueño perruno de ver a Ulises volver de Troya se ha cumplido y Argos ya puede morir en paz. E ir al cielo de los perros, porque los perros también tienen cielo. Y son inmortales, tal y como yo le explico a mi fiel Lissie, mi perra de ahora.

Pues bien, en ese cielo perruno ahora está Floc, junto a Melampo, el perro que curaba las bubas y llagas del futuro santo Roque de Montpellier, cuando esta parte del Rosellón era Provenza aragonesa, en el siglo XIV. Y el que le llevaba cada día un trozo de pan que robaba de la cocina de su casa. Y allí, junto a Floc, también está Laika, la astronauta que el 3 de noviembre de 1957 a bordo del Sputnik 2 subió al espacio para dar varias vueltas alrededor del mundo. Al parecer, la pobre Laika había sido capturada de la calles de Moscú, entre otras cosas porque los científicos consideraron que solo una perra callejera, superviviente del frío invierno moscovita, sería capaz de soportar las duras condiciones que implicaba el primer ascenso al espacio de un ser vivo.

'Laika. La perrita sideral', de Mercedes Martínez Santos con ilustraciones de Manuel Cuesta, fue publicado en 1957 en Madrid por Imprenta Pueyo

'Laika, la perrita sideral', un cuento escrito por Mercedes Martínez Santos e ilustrado por Manuel Cuesta, fue publicado en 1957 en Madrid por Imprenta Pueyo

Los rusos alardearon de aquella hazaña. Se trataba del primer ser vivo que alcanzaba el espacio exterior. Y durante semanas dijeron que Laika había sobrevivido hasta que no tuvieron más remedio que reconocer su muerte. Un informe de hace pocos años reconocía que Laika apenas aguantó algo más de seis horas en el espacio, a más de 40 grados, y que murió de un fallo cardiaco. Aquel mismo año, en España, Laika se hizo tan famosa que incluso se publicaron cuentos y viñetas celebrando su imaginaria aventura espacial. ¿Está en el cielo también -junto a Floc, Laika, Gora y Melampo-, Milú (Milou), el perro soñado por Hergé y que acompaña al joven periodista de Le Petit Vingtieme, Tintín, en sus aventuras por el mundo? Quién nos puede decir que no están todos en el ciberespacio, o en otra dimensión...

Laika fue capturada en las calles de Moscú y lanzada al espacio en la nave Sputnik 2, donde murió en pocas horas

Laika fue capturada en las calles de Moscú y lanzada al espacio en la nave Sputnik 2, donde murió en pocas horas

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