Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

Ángel Astorqui, arqueólogo: “Las mujeres nunca han ocupado espacios de poder ni han tenido visibilidad pública en sus territorios”

Mujeres de la localidad cántabra de La Cavada.

Bárbara Ferrer

27 de septiembre de 2026 22:03 h

0

Cuando la gestión del patrimonio abandona la fijación por las “piedras viejas” para centrarse en la vida de las personas, el enfoque de la política rural cambia de manera radical. Bajo esa premisa se articula ‘Mujeres que narran’, un ciclo de encuentros comunitarios organizado por Tanea Arqueología y el Ayuntamiento de Riotuerto, con apoyo del Ministerio de Cultura y el Gobierno de Cantabria, en el Centro Cívico y Cultural Carlos III de La Cavada.

Lejos de limitarse a una mirada melancólica hacia el pasado, la iniciativa utiliza la memoria compartida entre vecinas para descifrar los retos actuales de los pueblos. “Durante décadas se ha identificado el patrimonio cultural con ermitas, cimientos u objetos, pero el verdadero foco debe estar en los vínculos emocionales y vitales de quienes habitan el territorio”, reflexiona Ángel Astorqui, arqueólogo y responsable de Tanea Arqueología.

Para Astorqui, poner en el centro las vivencias de las mujeres rurales no responde a un mero ejercicio anecdótico, sino a una necesidad histórica de restitución y visibilidad pública.

Del monumento al vínculo humano

Este experto en gestión cultural detalla que el cambio de paradigma en la arqueología social implica “pasar de la contemplación de objetos a la construcción de pertenencia comunitaria”. En las zonas rurales, los proyectos participativos suelen convocar de forma natural a las mujeres mayores, quienes custodian una memoria oral tan rica como invisibilizada.

El arqueólogo y gestor cultural Ángel Astorqui, responsable de  Tanea Arqueología.

“Muchas veces, cuando empiezan a hablar, dicen: ‘¿Pero esto a quién le va a interesar? Si mi vida no tiene importancia’”, relata Astorqui. Sin embargo, la perspectiva cambia cuando rememoran cómo con apenas seis años subían solas a las cinco de la mañana al monte a llevar la comida a sus padres ganaderos bajo temperaturas heladas.

Al compartir relatos que sus propios nietos contemplan hoy como ficciones lejanas, las participantes descubren que no eran las únicas y convierten sus vivencias individuales en un acervo común. “Ese reconocimiento mutuo es el que genera un sentimiento real de pertenencia y cohesión social”, subraya el responsable de Tanea.

Más allá de los concejos y de los bares

Astorqui considera que, históricamente, la vida social y la toma de decisiones en los pueblos se han estructurado al margen de las mujeres. “Aunque en la teoría la institución tradicional del concejo abierto convocaba a un representante por unidad familiar, la inercia social relegó casi sistemáticamente la representación pública a los varones”, señala. A pesar de ello, explica que eran las mujeres quienes sostenían los acuerdos cotidianos sobre la limpieza de caminos, los apoyos mutuos o el arreglo de infraestructuras comunitarias.

Esta marginación del espacio público se ha proyectado hasta el presente. “Las mujeres nunca han ocupado espacios de poder ni han tenido visibilidad pública en sus territorios”, recalca Astorqui. A ello se suma la pérdida progresiva de sus lugares de reunión. “Cuando un pueblo se queda sin bar, el cierre abre telediarios porque es el espacio de socialización masculino; pero a las mujeres les quitaron paulatinamente los lavaderos sin que nadie reparase en el impacto de esa pérdida”, denuncia el arqueólogo.

Cuando un pueblo se queda sin bar, el cierre abre telediarios porque es el espacio de socialización masculino

La desaparición de esos puntos de encuentro informales ha intensificado problemas como la soledad no deseada, un fenómeno que “rara vez se nombra de forma técnica entre las vecinas”, señala, pero que aflora de inmediato en estas conversaciones cotidianas que promueve la iniciativa 'Mujeres que narran'.

Un 'programa electoral' real frente a la política de despacho

Frente a la crispación política y los discursos prefabricados, Astorqui defiende que las reuniones de las mujeres rurales encierran una lucidez que ya querrían para sí los partidos políticos ante las próximas citas electorales. De la escucha activa de estas vecinas no emergen “diagnósticos precisos de los problemas, y las soluciones más efectivas para el bien común”, apunta. “Si escuchas a las mujeres de más de 65 años en un pueblo, te sacan un programa político perfecto”, asegura el responsable de Tanea.

Como ejemplo recuerda que, mientras la administración insiste en que las zonas rurales están conectadas porque existe una línea de transporte público, las vecinas ponen sobre la mesa la realidad, que “el autobús pasa a una hora inútil para la atención médica en el que no da tiempo a llegar a las citas”. Por ello, ante la paulatina desaparición de los consultorios locales y la necesidad de desplazarse a los hospitales de referencia de Santander, Laredo o Torrelavega, “son las propias mujeres quienes proponen el ajuste exacto de horarios que funcionaría para toda la comarca”, explica Astorqui.

Ocurre lo mismo al abordar retos de salud mental, brechas de cuidados o la convivencia pacífica. “Tienen las respuestas porque priorizan el bienestar colectivo y la vida cotidiana sobre las disputas abstractas”, añade Astorqui, al tiempo que bromea con que más de un representante público debería dejarse caer por estos talleres para aprender a diseñar políticas útiles.

La memoria obrera y migratoria de La Cavada

El caso de La Cavada aporta, además, una singularidad histórica imprescindible para conectar el pasado con el mapa social del presente. Aunque el imaginario colectivo asocia la localidad a la emblemática Real Fábrica de Cañones, el desarrollo de la industria textil entre finales del siglo XIX y mediados del siglo XX transformó el municipio en un dinámico polo de atracción laboral.

Ruinas de la fábrica La Montanesa Textil, en la localidad de La Cavada.

En una época en la que el conjunto de Cantabria sufría notables tasas de despoblación, Riotuerto ganaba habitantes gracias a la llegada de mujeres procedentes de Extremadura o Barcelona para trabajar en la fábrica textil (La Montañesa Textil). “Fue un proceso de migración interior con dinámicas muy parecidas a las de la revolución industrial vasca o catalana”, explica Astorqui.

En su opinión, analizar esta memoria obrera femenina permite abordar hoy los retos de la movilidad humana y las dinámicas de integración con “una perspectiva empática y libre de prejuicios”.

Democracia cultural

El ciclo 'Mujeres que narran', enmarcado en el Plan Nacional de Derechos Culturales y bajo el amparo de la Convención de Faro de la UE, aboga por la cogobernanza y la 'democracia cultural'. Este enfoque supera la idea de la cultura como mero consumo o espectáculo para entenderla como una herramienta viva que sostiene la vida comunitaria y permite a la ciudadanía crear sus propias narrativas.

La cultura no es un producto que se compra, sino un derecho que se habita colectivamente

Las jornadas de La Cavada -que se celebran alrededor de una merienda informal los días 24 de septiembre y 1 de octubre, antes del gran encuentro interterritorial del 3 de octubre con delegaciones de Asturias y Euskadi- están abiertas a cualquier persona sin necesidad de conocimientos previos.

“No buscamos expertas, sino la sabiduría de lo cotidiano”, concluye Ángel Astorqui. “La invitación es sencilla: venir a conversar o, simplemente, a escuchar. Porque la cultura no es un producto que se compra, sino un derecho que se habita colectivamente para decidir cómo queremos que sean nuestros pueblos mañana”.

Etiquetas
stats