Contenedor marrón: así es el proyecto piloto que pone en marcha Albacete

Recogida de biorresiduos

El Ayuntamiento de Albacete ha presentado el proyecto piloto que pone en marcha el uso del contenedor marrón en la localidad, un instrumento que deberá ser obligatorio a finales de este año para las localidades de más de 5.000 habitantes. El Consistorio lleva entre siete y ocho meses trabajando en la puesta en marcha de una iniciativa, explica el concejal de Sosteniblidad y Cambio Climático, Julián Ramón García. “Nosotros lo tenemos todo previsto y estaremos dentro del plazo”.

Hacia el contenedor marrón: qué son los biorresiduos y cómo los gestionará Castilla-La Mancha

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Esta iniciativa, señala, se ha planteado primero sólo en algunos barrios de la capital albaceteña, cada uno con sus distintas características de densidad de población y tipo de vivienda habitual. Es el caso del barrio Universidad, en el que hay “gran parte” de viviendas unifamiliares, explica Ramón, y con poca densidad de población. Por otro lado, en el caso de Hospital y Hermanos Falco, cuentan con más densidad de población y una mayoría de bloques de viviendas.

A través de esto, se quiere obtener datos que permitan una implantación correcta y eficiente en el resto de la ciudad, teniendo en cuenta los tipos de uso, volumen y población. De este modo, la implantación será “mucho más sólida”, asegura. Los contenedores que se han puesto en marcha cuentan con un sistema de bloqueo, por lo que sólo se podrán abrir entre las horas que se permita, para así evitar que haya malos olores que puedan molestar a los vecinos.”Al estar identificado el usuario, tenemos la capacidad de controlar los volumenes y lo que echa cada usuario en el contenedor”, explica el edil.

El centro de tratamiento de resiudos de la localidad se encuentra, a su vez, también en proceso de adaptación para hacer frente a la nueva realidad de la ciudad. “Con la materia orgánica se podrá obtener compost, que es lo más directo que se consigue de los restos orgánicos”, señala Julián Ramón. En ellos pueden ir restos de carne, pescado, cáscaras de huevo, palillos, papeles usados como servilletas o papel de cocina, restos de fruta, posos de café, restos de verdura o incluso restos de pequeña poda de las casas unifamiliares.

“La basura orgánica podemos llevarla a otra fase, de modo que los restos vuelven a ser útiles y no cómo ocurre ahora con la fracción de restos que se depositan en el vertedero y no producen ningún tipo de beneficio. De este modo, tenemos un mejor control de los residuos y nos permite generar beneficios para todos”, asegura.

“Lo ideal no es llenar un vertedero de residuos, sino que éstos se reduzcan al mínimo y llegar a la reutilización de la mayoría”. Para facilitar la gestión a los ciudadanos, se les entregará, junto con la tarjeta necesaria para abrir los contenedores, bolsas biodegradables y un pequeño cubo para vaciar los resiudos. “Es usar otro cubo, lo sabemos, pero al final lo que se podrá echar en el de fracción resto será lo mínimo”, asegura. Ahora, el desafío es concienciar a la población de lo necesaria que resulta la herramienta para el medio ambiente.

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Publicado el
7 de agosto de 2020 - 19:40 h

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