Los Bridgerton o hacer televisión y cine con perspectiva racial que reconoce la diversidad social
Una de las series de moda del momento es la producción estadounidense Los Bridgerton. Ambientada en la alta sociedad londinense de la Regencia británica (1813-1827) está basada en las novelas de Julia Quinn y es un ejemplo del concepto color conscious casting, la elección consciente de un elenco de actores y actrices donde la raza o la etnia es algo clave.
Las distintas temporadas de la serie entrelazan historias de una época en la que ‘casarse bien’ era lo importante para la alta sociedad, pero aquí se rompen moldes introduciendo el elemento de la diversidad racial, incluso en la realeza británica.
Este tipo de práctica surgió en el ámbito teatral en Estados Unidos, según explica la profesora de guion audiovisual de la Universidad de Alcalá (UAH), Julia Sabina Gutiérrez. El musical Hamilton (2016), creado por Lin-Manuel Miranda, revolucionó el casting de Broadway al implementar una política de casting consciente del color donde actores afroamericanos, latinos y asiáticos interpretan a los padres fundadores de Estados Unidos, que eran blancos.
No fue algo al azar sino una estrategia consciente para reflejar la diversidad del país norteamericano y para que la historia tuviera un tono más inclusivo y actual.
“Todos hemos visto en España como en la representación del rey Baltasar ha sido habitual pintar la cara de negro a una persona blanca, lo que se conoce como blackface. Si lo llevamos a Hollywood, durante mucho tiempo no solo no había diversidad, sino que cuando la había la interpretaba un blanco”, comenta esta doctora en Ciencias de la Comunicación y Estudios Cinematográficos.
Hay muchos ejemplos en la historia del cine. Solo por citar algunos, podemos ver a Katharine Hepburn en Dragon Seed (1944) interpretando a una aldeana china o a Scarlett Johansson en Ghost in the Shell (2017), en la piel de un personaje de manga japonés.
El debate, más o menos público, siempre ha estado sobre la mesa, pero emergió con fuerza entre 2015 y 2016 en EEUU. “Era un problema en un país tan diverso. Recuerdo el hashtag en redes sociales durante la celebración de una edición de los Oscar para denunciar que todos los premiados eran blancos, ese #OscarSoWhite”, comenta la profesora, quien subraya que “el cine no deja de ser una representación de la sociedad” o que “siempre ha habido esa tensión entre la realidad social y lo que se proyectaba en las pantallas”.
En el contexto de ese debate ya había surgido antes, en los años sesenta del siglo XX, el término color blind casting, la idea de obviar el color de piel. “Al principio fue bonito”, comenta Julia Sabina Gutiérrez. También estuvo asociado al teatro. “Ahí siempre ha habido una especie de contrato con el espectador y más capacidad para hacer creíbles las cosas increíbles: imaginemos la obra La tragedia del rey Lear, de Shakespeare, donde una cacerola en la cabeza simula una corona real o una máscara para cambiar la apariencia. Eso en el cine no es posible”.
Sin embargo, cuando la idea saltó a la televisión y al cine para buscar al mejor o a la mejor para un papel, sin tener en cuenta su color de piel, no funcionó. “Lo que parecía muy bueno derivó en que se estaban proyectando personajes que tampoco eran reales”, explica. Surgió entonces el llamado post-racismo, que defiende la idea de que la raza no es un factor determinante para una narrativa o producción cinematográfica y que tampoco resultó ser muy real.
El color conscious casting fue una evolución crítica del color blind casting. “La apuesta es por la diversidad, pero sin que sea algo forzado”. Para la profesora, el caso de Los Bridgerton es “muy interesante” y en ello la productora, Shonda Rhimes, ha jugado un importante papel. “Una mujer negra a la que gustan las series de época en las que nunca se ha sentido representada. Ha creado un mundo en el que nunca existieron diferencias raciales. Es una distopía”.
Pese a que algunos críticos subrayan que se aborda de manera superficial la cuestión racial, evitando hablar de las barreras sociales reales, lo cierto es que este tipo de series proyectan una mirada más inclusiva sobre los dramas de época. Pero es un debate complejo. La cuestión, por ejemplo, es si hay que respetar la precisión histórica o apostar por la diversidad y la inclusión.
La “ingeniería del casting” o normalizar la diversidad
Para Julia Sabina Gutiérrez es muy sugestiva “la provocación que se pone en bandeja al espectador”, con una serie “agradable en la que también se juega con lo sexual”. Y sobre todo destaca el hecho de que se haya utilizado para este tipo de serie de época lo que define como “ingeniería de casting” porque, abunda, “normalmente el casting es lo último: te dan un guion, hay una historia y a partir de ahí se elige el elenco. Lo habitual es tender a seleccionar a personas blancas y guapas”.
Para introducir elementos como la diversidad el proceso debe ser otro. Era algo que ya explicaba la conocida guionista y autora estadounidense Linda Seger (1945-2026). Sus libros son objeto de estudio en las facultades de Comunicación Audiovisual, como la que la Universidad de Alcalá tiene en Guadalajara. “Son cosas que explico a mis alumnos. En este 2026 celebramos el Año Azcona y él, por ejemplo, escribía sus guiones ya pensando en qué actor iba a interpretar el papel”.
Hablar en clase a los futuros creadores sobre la representatividad y la identidad en los guiones audiovisuales es algo habitual. Una parte más de la asignatura. La profesora cree que se deben seguir “dando pasos” para normalizar la diversidad en el ámbito cinematográfico.
“El cine tiene gran responsabilidad, sobre todo cuando hablamos de productos de consumo masivo. Quién interpreta qué, es importante. El sector también debe reajustarse al ritmo que lo hace la sociedad”.
Sobre este blog
Espacio de divulgación científica y tecnológica patrocinado por la Universidad de Alcalá (UAH), con el objetivo de acercar el conocimiento y la investigación a la ciudadanía y generar cultura de ciencia
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