Con “calor asfixiante” y acompañada por “chiquillos”: así fueron las otras veces que la Vuelta Ciclista a España visitó Albacete
Antes que el fútbol, rugieron las bicicletas. Antes de gritar gol, los albaceteños se asombraron con el ciclismo. Ahora que las ruedas de la Vuelta Ciclista a España van a pasar por primera vez, de forma íntegra, por la sierra de Albacete, miramos a la historia para recordar el paso de la serpiente multicolor por tierras de la provincia.
Abrimos esta crónica deportiva con unas palabras pioneras: “La primera etapa de la Vuelta Ciclista a España ha sido agotadora para los corredores por el calor reinante. Ello ha producido numerosos accidentes, provocando la retirada de varios participantes, que se han quedado en la cuneta o han llegado después a esta capital”. Así lo contaba un redactor de la Agencia Cifra. Ocurrió el 30 de junio de 1942. Nunca antes la competición deportiva había contado con un final de etapa en Albacete. La jornada se inició en la plaza del Callao de Madrid. Los ciclistas tardaron más de ocho horas y media en completar el trayecto. Aquel día se impuso al sprint Julián Berrendero.
En aquellas primeras ediciones de la carrera, las primas por meta volante eran de 250 pesetas; se solía descansar en mitad de la etapa y las caídas estaban a la orden del día. En los inicios de la Vuelta Ciclista a España, la prueba estaba organizada por la prensa. Así sucedió en 1935, en la primera edición, y durante mucho tiempo, periódicos como Informaciones, Ya o El Correo Español fueron los encargados de la organización.
Las empresas periodísticas también siguieron de cerca una competición única que se celebró en los meses previos a la Guerra Civil. A principios de septiembre de 1935 se disputó, por primera y última vez, la Vuelta Ciclista a La Mancha. La prueba deportiva contó con el impulso del Ayuntamiento de Albacete, la peña ciclista local y el enorme empuje de Rodolfo Gómez Artigao. Decenas de ciclistas de Albacete, Cuenca, Tomelloso, Gijón, Madrid, Barcelona, Baleares o Valencia recorrieron los 890 kilómetros previstos en las seis etapas. Héroes quijotescos “cabalgando sobre los rocinantes de acero”, describió un reportero. Cardona, Montes, Escuriet, Molina o Esteve eran los ciclistas más famosos de ese momento que tomaron parte en la competición.
Por entonces existían equipos bien organizados como Orbea o la Cruz Blanca. “Los colosos del pedal emprenderán la marcha por las tierras inmortales de la Mancha”, se contaba como reclamo. El periódico emergente AS, Radio Albacete o los diarios de la ciudad, así como otros nacionales, se hicieron eco de la prueba ciclista. Como ahora, se lanzaban noticias diarias de los corresponsales a pie de rueda. Manuel López Giménez, alias Malogi, era uno de aquellos pioneros de la prensa deportiva en Albacete. En una de sus crónicas, contaba: “Esperamos también que el camión de cerveza que la Cuz Blanca ha puesto a disposición de corredores y seguidores de la Vuelta, para que nos refresque”.
En el deporte de aquel tiempo no existía la palabra dopaje. Dos décadas después de esta experiencia única, la Vuelta Ciclista a España pasó, de nuevo, por Albacete. En 1956, Martínez Tébar compartía esta información: “Créanlo, Albacete, no cursada por muchas competiciones ciclistas, goza de merecida reputación, ahora tenida en cuenta para figurar en el mapa de los grandes itinerarios con categoría de parada y fonda”. La competición ya presentaba un carácter más profesionalizado. Hace setenta años, por nuestra ciudad pasaron 233 vehículos, 67 camiones publicitarios, 20 motocicletas de orden público, 6 jeeps para transmisiones-receptores de radio, 20 motocicletas de enlace, dos ambulancias de la Cruz Roja y otra de la Compañía Nacional de Oxígeno.
“Ya en Albacete, en la carrera de Circunvalación, Van Steenbergen pinchó, cediéndole inmediatamente la bicicleta su compañero de equipo Sorgeloos y en un esfuerzo extraordinario logró no solo incorporarse al pelotón, sino ocupar un puesto entre los de cabeza para entablar un duro sprint con Poblet que, finalmente, logró en un esfuerzo extraordinario pisar la franja con media rueda de ventaja sobre el peligroso belga y el resto del grupo de 28 corredores”, se contaba en un periódico. La nueva avenida de Albacete (hoy, avenida de España) fue testigo de esta lucha deportiva.
A finales del siglo XIX, el ciclismo había entrado con fuerza en Albacete. Este “sport democrático”, como lo había definido Emilia Pardo Bazán, fue extendiéndose a muchas ciudades. El año nuevo de 1897, El Eco de Hellín publicaba: “La ciencia mecánica, en esta última etapa del siglo XIX, ha dotado a la industria y a la sociedad entera con diversos aparatos que, en sus infinitas aplicaciones y en su preciosidad de construcción, son el asombro de la humanidad; pero ninguno se ha extendido tanto por todas las capas de la sociedad, ni es tan útil, tan sencillo, tan cómodo y de tan fácil manejo, como es la bicicleta para el hombre. Con la bicicleta, es indudable que el hombre adelanta cincuenta años de vida, teniendo tiempo para ver el doble de cosas que, sin la bicicleta no hubiera visto nunca”. Y añadía a modo de resumen: “El ciclista posee la gran ventaja de que siempre tiene dispuesto su carruaje con un gasto ínfimo de cinco céntimos mensuales para aceite con que engrasar los rozamientos”.
Albacete, Hellín, Tarazona de la Mancha, Tobarra, Ayora… Cada vez eran más los lugares donde el deporte del pedal arraigaba. Se creaban sociedades, se construían pistas e incluso se editaban semanarios ilustrados como El Deporte Velocipédico o El Ciclista Albacetense. Un testimonio de aquellos primeros años nos lo dejó Antonio Cullaré. Narra la impresión de los vecinos de muchos pueblos de Albacete al ver por primera vez, con los trajes de reglamento, a los ciclistas: “Con una cohorte de chiquillos alrededor, que nos seguían con mucha curiosidad, fuimos tratados y aún admirados con mucho respeto, sin tener que lamentar ni una pedrada de población tan virgen de pedal”.
Ya saben nuestros lectores, hoy son ídolos. Junto a estas informaciones del ayer, compartimos algunas imágenes del ciclismo de antaño. Fotos de Collado, Escobar, Marina, Saiz o Jesús Moreno. A algunas fotografías, desvencijadas por la esclavitud de las hemerotecas y la mala calidad del papel, les hemos aplicado correcciones con Inteligencia Artificial. Que recuperen el brillo y la gracia de un deporte que con el tiempo se transformó en espectáculo. Los aficionados recuerdan a Bahamontes, Ocaña, Perico Delgado, Miguel Induráin… En 1996, el navarro, pentacampeón del Tour de Francia, lo intentó por última vez en la Vuelta a España. Aquella edición también transcurrió por tierras de Albacete. Una de las etapas acabó en el Paseo de la Cuba.
Con esta edición de hace tres décadas, Albacete había acogido hasta en 16 ocasiones una etapa de la competición ciclista. En estos últimos treinta años, la Vuelta ha regresado a esta tierra en más de una decena de veces. El 1 de septiembre, un nuevo hito marcará esta ruta histórica del ciclismo en la provincia. Al igual que en sus orígenes, la ilusión rueda con fuerza. Más de un siglo atrás, los pioneros albaceteños no hubieran imaginado nunca, posiblemente, la dimensión que ha adquirido este deporte.
En una de las primeras carreras organizadas, en 1895, se recorrieron los 144 kilómetros que separan Murcia y Albacete. La jornada arrancó a las cuatro de la mañana. Solo hubo tres corredores. Lo crucial de aquellos primeros momentos es que había prendido la pasión deportiva. Concluimos con unas palabras de hace 130 años que definen bien el gen competitivo albaceteño: “Pronto tendremos el gusto de ver terminada la pista de velocidad, que tanto anhelamos los cicleros, para ver medir las fuerzas a los verdaderos ciclistas de aquí, que, dicho sea de paso, no sabemos á que carta quedarnos, o lo que es lo mismo, no se sabe aún, entre cinco o seis ciclistas de esta capital, quién es el mejor corredor en la actualidad”.
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