“Cerebros hiperestimulados”: psiquiatras y psicólogos alertan sobre el empeoramiento de la salud mental de los menores
Si a este mundo le quedan rincones desconocidos y enigmáticos, uno de ellos –quizá el más cercano y profundo– es la mente. Entre sus pliegues pueden brotar ideas magistrales o propósitos terribles. La fatalidad o la inspiración dependen de multitud de factores. Detrás de un trastorno de salud mental hay una persona acechada por su genética, quizá. O por el contexto en el que vive o por un fuerte trauma. Tal vez es víctima de una sociedad que engendra monstruos.
Peligros en apariencia inocentes pueden resultar catastróficos en niños y adolescentes. “Son cerebros hiperestimulados”, dice la psiquiatra Mar Domato. En estas edades tempranas se está formando la psique y el consumo de contenidos audiovisuales, frenéticos, de apenas unos segundos, puede generar en los menores malestar o ansiedad porque no aprenden a aceptar la frustración. Lo quieren todo y lo quieren ahora.
Mar Domato es la jefa de sección de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil (USMIJ) de la Gerencia de Atención Integrada de Albacete. El panel de corcho de su consulta está repleto de dibujos de los niños a los que ha atendido. En los 16 años que lleva en la capital manchega ha percibido el aumento de casos. “Todos hemos notado el cambio”, comenta la profesional y sitúa en la pandemia un momento clave en esta transformación. El año 2020 es un hito en la historia de nuestra sociedad.
De la misma forma opina María Dolores Gómez. “Venían mucho peor. La pandemia añadió nuevos factores, como el ejercicio físico o la alimentación”, recuerda la coordinadora de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria. Este dispositivo, ubicado en el Hospital Perpetuo Socorro, ha cumplido 25 años de servicio en la provincia albaceteña. Durante este cuarto de siglo, la psicóloga clínica y su equipo han trabajado contra la llegada de esta ola silenciosa. Junto a su despacho se extiende un dispositivo sanitario donde se asiste, principalmente, a adolescentes con anorexia nerviosa y bulimia.
Las paredes de las habitaciones, pasillos, aula hospitalaria y la sala de actividades no parecen las de un hospital cualquiera. Ilustraciones basadas en Alicia en el país de las Maravillas se despliegan para inspirar a las pacientes. Coloridas fábulas que ayudan a las chicas a comprender que también ellas han iniciado un viaje para resolver sus problemas y, al final del cuento, regresar a casa. En el año 2019, en una actividad que fusionó terapia y arte, se decoró un espacio luminoso y abierto. “Siempre llegas a alguna parte si caminas lo suficiente”, dice una de las leyendas que acompaña a los murales.
Día del subnormal
El camino de la salud mental ha sido muy largo. En nuestros pueblos, aún quedarán lectores que recuerden a niños atados a rejas para que no se hicieran daño. Décadas atrás, las zonas rurales no disponían de ningún recurso para atender a menores con estas patologías. En las capitales de provincia, los manicomios habían sustituido a las casas de misericordia. La caridad era un cajón de sastre donde cabían todo tipo de “enfermedades de la cabeza”. En los años sesenta, sin ir más lejos, se hablaba así: “Ser padre de un niño subnormal, no es un título, ciertamente. Tampoco es una vergüenza. Y, menos, un delito. Se tiene un hijo subnormal, como se puede tener un hijo prodigio. Con la diferencia que el prodigio se exhibe, y el subnormal, se oculta”. Este fragmento se publicó en un diario local donde se daba cuenta de la celebración del Día del Subnormal.
Aquella España todavía era una dictadura. Hoy, en un país en plena democracia, la salud mental conserva parte de este estigma. “Los menores que han sufrido una enfermedad mental tratan de olvidar completamente esta herida. La sociedad, aunque vaya mejorando su visión, no está todavía preparada para aceptar, siguen mirando para otro lado; en la mayoría de los casos, los pacientes cerrarán siempre esta herida con el silencio”, cuenta Elena Villodre. Es docente, tataranieta de maestra, y coordinadora del Equipo de Atención Educativa Hospitalaria y Domiciliaria de Albacete (EAEHD). La continuidad educativa es fundamental tanto en el Hospital de Día Juvenil de Salud Mental como en la UTCA.
“Los padres lo primero que preguntan es hasta qué punto sus hijos se van a ver descolgados de su vida normal, porque hay una ruptura a nivel social y emocional, y proseguir con la parte educativa les hace no despegarse de la normalidad”, afirma Villodre. El tratamiento a los menores con patología de salud mental en Albacete procura seguir este proceso integral donde participan psiquiatras, psicólogos, enfermeras, técnicos en cuidados auxiliares de enfermería, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales y educadores. Un concepto multidisciplinar del que es imposible separarse ante la complejidad de nuestro tiempo.
Una tendencia peligrosa
Tratemos de contextualizar la situación mediante la lectura de algún titular reciente. “Las llamadas de adolescentes y niños por conductas suicidas se disparan desde la pandemia”. Según la noticia de agencia, la Fundación ANAR apunta que casi el 30 por ciento de los menores que atienden en sus líneas tiene tendencia a la autólisis, casos que escalan de las 1.218 llamadas telefónicas de 2020 en toda España a las 6.467 en 2025. Otro titular más: “Los menores acceden a las redes sociales y al porno desde los 11 años”. En este caso, la fuente original es un estudio internacional de UNICEF que describe cómo los niños tienen su primer móvil a los 10,8 años.
Noticias de agencia, casi perdidas en los periódicos de papel, entre la sección de deportes y los horóscopos. ¿Por qué estos datos no abren los telediarios? ¿Es esta la verdadera emergencia nacional? ¿Qué tipo de futuro estamos abonando? Responden los profesionales de salud mental, avalados por la experiencia diaria. Cuenta la psiquiatra Mar Domato: “Cada vez estamos detectando más autolesiones en cuarto y quinto de primaria, antes, esto era inaudito”. Las causas son diversas. Sin embargo, los especialistas consultados coinciden en señalar al consumo de pantallas y redes sociales como uno de los factores que pueden contribuir al malestar mental de los menores. “Es un problema que preocupa mucho a quienes trabajamos con infancia y adolescencia”, continúa Domato y explica que en la niñez se aprende con modelos de copia y no siempre son adecuados los contenidos que visualizan desde bien pequeños. “Luego son chavales que viven sometidos a mucha presión, tienen que ser buenos en todo y, además, se ha perdido el modelo de jugar en las calles”. Una mezcla de causas que, añadidas al contexto social, pueden empujar a impulsos autolesivos y autolíticos, trastornos de la conducta y trastornos afectivos. Estas son las patologías mentales más prevalentes en los menores de Albacete.
Esta provincia no es ninguna excepción. Cada tiempo trae su afán, cada época sus peligros. La psicóloga clínica María Dolores Gómez insiste de manera muy descriptiva: “La lavadora no es un móvil, no modifica tu manera de pensar”. Los teléfonos, sí. Antes de que terminara este curso, Sanidad y Educación en Albacete, motivados por esta inquietud común, celebraron una jornada para prevenir el mal uso de las pantallas en la etapa escolar. Profesores y sanitarios están comprometidos en formarse sobre este asunto. En la ecuación no pueden faltar los padres.
Tiempos de cambio
Atareados, siempre fuera de casa, sin tiempo para jugar con los niños. El ritmo de vida y las exigencias del día a día han modificado las relaciones familiares. En el año 2002, declaraba Paloma San Román: “Cuanto menos se ocupa el padre del bebé en el primer año, existe un mayor riesgo psicosocial”. Se lo contó a la periodista Teresa Roldán en una entrevista. La psiquiatra era entonces la responsable de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil de Albacete. San Román hizo un estudio de investigación y obtuvo una interesante conclusión: “Cuando los padres llegan a la consulta demandando tratamiento para sus hijos presentan trastornos psiquiátricos que están ya muy estructurados”. La precocidad en el diagnóstico y el abordaje comunitario de las patologías de salud mental comenzaban a imponerse como premisas necesarias para una asistencia más humana, más próxima, más exitosa. En aquel momento, Castilla-La Mancha se encontraba en el proceso de asimilación de las competencias sanitarias procedentes del antiguo Insalud. Todavía no existían en la provincia albaceteña ni el Hospital de Día Juvenil, ni la UTCA, ni el equipo de atención educativa.
A principios de los años ochenta del siglo pasado, los modelos de asistencia psiquiátrica habían comenzado a cambiar. “Esta singular obra que llena de orgullo a la Diputación y constituye para la provincia un motivo de satisfacción”, rezaba una crónica de La Voz de Albacete a finales de mayo de 1974. El Hospital Psiquiátrico Virgen de la Purificación, conocido popularmente como Las Tiesas, fue inaugurado por los príncipes de España y se le definió como uno de los mejores del país. Sin embargo, apenas una década después, este mastodóntico complejo de pabellones entró en un declive inevitable. El hospital, ubicado a 23 kilómetros de la ciudad, nunca llegó a ocupar por completo sus 280 camas. Su decadencia vino aparejada en Albacete de una nueva concepción de la salud mental. Más cercanía, más tratamientos ambulatorios y más comunidad. Un proceso de renovación que vino envuelto por los desajustes de gestión entre las administraciones públicas.
Al fin, en este último cuarto de siglo, la red de recursos de salud mental para los menores ha terminado de tejerse con la participación crucial de las asociaciones. Hoy se diagnostica más y se asiste más rápido. Atender pronto puede prevenir problemas futuros. El tiempo ha ido consolidando este argumento. “Ahora hay más mirada apreciativa hacia el sufrimiento del niño y del adolescente, se detectan más patologías, la gente está más formada, no solo los psicólogos y psiquiatras, sino también los docentes”, afirma Mar Domato desde la USMIJ.
Miles de consultas
En la unidad que coordina Mar atienden desde los cero años y, en mayor volumen, a partir de los seis y siete. Aunque el mayor grueso de pacientes se encuentra en la adolescencia. Los profesionales asisten desde cuadros obsesivos y afectivos hasta problemas derivados de separaciones parentales o TDAH. “Una primera cita, una primera valoración, ya sea del psicólogo o psiquiatra, es muy importante no solo para diagnosticar y orientar, sino también para calmar las angustias de los padres”, dice Domato. La actividad en la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil de Albacete es incesante. En 2025 se realizaron en torno a 10.000 consultas externas entre las especialidades de Psiquiatría y Psicología. Y esto son muchas horas de escucha para tratar de comprender por qué sufren nuestros niños y adolescentes.
Quizá resulte contradictorio que, en una sociedad de libertades, bienestar y opulencia, decenas de menores se sientan deprimidos, solos o incapaces de afrontar el futuro. Escuchamos a María Dolores Gómez: “Estamos viendo a nenas que a los cuatro años ya están con el maquillaje, las pestañas, las pinturas, eso es catastrófico”. La psicóloga clínica considera que tenemos un contexto cultural y social con muchas exigencias, con ciudadanos marcados por el consumo y esclavizados por la imagen, “una sociedad sin límites”. A estas prisas excesivas por crecer se añade la percepción de uno mismo. Apunta Gómez: “El cuerpo no se esconde, se enseña permanentemente, las criaturas sienten que aquí les sobra, que aquí les falta, es una constante frustración, en este caldo de cultivo cultural y social, aparecen las patologías relacionadas con la alimentación; siempre ha habido patologías de este tipo, pero no en este nivel epidemiológico”.
En la UTCA registran unos 25 ingresos anuales. Afortunadamente, muchos otros casos pueden atenderse de forma ambulatoria. De hecho, cada año se realizan en torno a 200 consultas externas. Cuando no es así, aquí encuentran una atención personalizada que se prolonga durante meses. “Tenemos menores que han llegado con muchas visualizaciones en redes sociales relacionadas con comida y ejercicio físico”, explica la psicóloga clínica. Los profesionales estudian constantemente. En las entrevistas con las pacientes, las primeras preguntas siempre van dirigidas a conocer sus fuentes de información, qué influencers siguen, “saber sus idealizaciones”. Si en el pasado reciente los modelos de copia partían de la publicidad y la televisión, hoy los jóvenes imitan lo que surge de los móviles. Ese scroll permanente que podría estar condicionando funcionamientos cognitivos en un periodo de la vida en el que se está formando el cerebro. El dedo en la pantalla, un gesto inocuo en apariencia y, sin embargo, potencialmente adictivo. Las gigantescas compañías de las redes sociales entendieron muy pronto la capacidad del producto. Sus consecuencias empezamos a entenderlas ahora.
El peligro de las redes sociales
En Estados Unidos, fiscales generales de 29 estados sostienen que Meta diseñó sus plataformas para generar un uso adictivo entre menores. El juicio solo acaba de iniciarse. El tiempo dirá. Entre tanto, otras muchas cuestiones siguen pendientes de una solución. ¿Por qué les dejamos el teléfono? La maestra Elena Villodre insiste en señalar a las redes sociales como uno de los principales focos de peligro para los jóvenes. Según explica, “estas plataformas pueden generar una percepción distorsionada de la realidad, ya que los adolescentes tienden a comparar su vida con las imágenes y experiencias que ven en ella. Esto puede provocar que se sientan constantemente insatisfechos con lo que tienen y piensan que nunca alcanzarán el nivel de felicidad o éxito que observan en los demás. Así, pueden llegar a desear continuamente tener un coche mejor, viajar más, conseguir un cuerpo más atractivo, tener más amigos o, en definitiva, una vida que se parezca a la que muestran las redes sociales”.
Quizá esta marejada de insatisfacción que genera el culto al cuerpo, la irrealidad de los contenidos audiovisuales y la propia incertidumbre que asoma en la pubertad explican un dato: “El 14,4% de los chicos y chicas entre 10 y 20 años presenta síntomas de malestar emocional”. Esta cifra forma parte de un estudio reciente del Gobierno de Castilla-La Mancha, enmarcado en el Plan Estratégico de Alternativas de Ocio Saludable, donde también se expone que el 7% presenta riesgo suicida elevado. ¿Por qué hablar de un tema tan tremendo? ¿Por qué no arrinconarlo al hueco más oscuro? La prevención del suicidio es uno de los grandes retos sanitarios. No puede ser un eufemismo más de una sociedad que prefiere ocultar sus desgracias.
Desde hace cinco años, la jefa del Servicio de Salud Mental de la GAI de Albacete, María Jesús Montes, lidera un programa asistencial y un proyecto de investigación llamado “Renace”, cuyo objetivo es la mejoría, estabilidad y calidad de vida de los pacientes tratados. Esta labor multidisciplinar ha impulsado una reciente tesis doctoral de la psiquiatra María Aliño. Es el primer estudio con muestra clínica española que busca contribuir al conocimiento de las diferencias entre la ideación y la conducta suicida. Mediante el análisis puede ensancharse el entendimiento e identificar factores de amenaza específicos y proporcionar herramientas prácticas para la prevención y el tratamiento. Según los profesionales albaceteños, “los pacientes con conducta suicida comienzan la ideación antes y el medio más frecuente es la sobreingesta de fármacos”. Son afirmaciones de 2025 tras analizar los datos de 93 pacientes, 37 de ellos con ideación suicida y 56 con conducta suicida.
La vida puede llegar a ser un ovillo de confusión donde las soluciones fáciles no existen. Menos aún si el caos se afronta desde el individualismo o con el falso refugio de las drogas. El consumo de sustancias aún genera problemas de salud mental en menores. A principios de 2025, un estudio de Ministerio de Sanidad exponía que el cannabis entre los adolescentes se había reducido en un 40% en las dos últimas décadas. Entre estas sustancias tóxicas, la cocaína sigue liderando. Las pastillas o el alcohol también ocupan un lugar destacado en esta carrera por “colocarse”. Una “forma de estar en el mundo” que en los años ochenta y noventa causó verdaderos estragos.
Los menores crecen con estos monstruos pululando a su alrededor. Pero no están solos. En Albacete, se ha construido una red de ayuda entre administración pública y asociaciones. Entre familiares y profesionales se crea un vínculo muy especial. “Me enorgullece ver a alumnos que atendí, que tenían todo perdido, verlos ahora en sus entornos laborales, desempeñando trabajos que les hacen estar contentos cada día y mantenerse ellos mismos, este es el verdadero éxito, más que el aprobado o el suspenso, lo importante es que hayan encontrado su camino”, asegura emocionada la maestra Elena Villodre al recordar a un chico con el que se encontró hace unos meses.
El equipo educativo que coordina lleva años trabajando para que los pacientes del Hospital de Día Juvenil de Salud Mental y la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria no dejen de aprender ni pierdan su curso. Las fiestas del Aula Hospitalaria, las labores relacionadas con el cuidado del medio ambiente, la igualdad de género, los proyectos intercentros con los institutos, las excursiones… Las actividades de los docentes se complementan con las iniciativas que impulsan las terapeutas ocupacionales. En los dos dispositivos mencionados viene desarrollándose desde hace meses el proyecto “Reconecta: programa de danza y bienestar en hospitales”. Una idea que surgió para “acercar la danza a otro tipo de colectivos, con carácter de vulnerabilidad, enfocado por y para la infancia y la juventud”, explicó la creadora del programa, Sandra Fernández Blanco.
La vida duele
Todo aquello que beneficia es susceptible de ser incorporado a los tratamientos. Tanto en el Hospital de Día Juvenil de Salud Mental como en la UTCA son esenciales las terapias grupales. Ambos son dispositivos que tienden hacia la apertura y la flexibilidad. Resume la psicóloga clínica María Dolores Gómez: “Potenciamos los intereses fuera del interés por no comer y las convivencias familiares son imprescindibles; esta no es una unidad de aislamiento, estamos adaptando el formato y las pacientes menores, mientras permanecen ingresadas, suelen estar acompañadas”. En compañía y siempre activas. Una de las penúltimas acciones ha sido la creación del “Huerto terapéutico”. Las propias pacientes siembran, riegan y cuidan las plantas, una manera muy didáctica y directa de modificar su relación con los alimentos.
En los últimos meses, los técnicos del Mecanismo Nacional de Prevención del Defensor del Pueblo visitaron este recurso sanitario. Aparte de recomendar la redacción de algunos protocolos, el organismo aseguraba textualmente en su informe sobre la UTCA: “Esta visión sistémica del abordaje resulta coherente con los estándares actuales de buenas prácticas en salud mental y atención especializada”.
Después de todo lo escuchado, solo quedan unas preguntas por plantear. ¿Qué hacemos los padres? Según la maestra Elena Villodre, es crucial que se informe a la sociedad de estos asuntos. “Es importante educar en la empatía”, y prosigue su reflexión: “Todos somos susceptibles de sufrir situaciones que requieran de apoyo de salud mental y ella no nos hace más vulnerables, al contrario, con un buen tratamiento y apoyo, nos hace más fuertes para afrontar el día a día. La salud mental tenemos que cuidarla y trabajar mucho por ella”.
Pero, ¿cómo prevenir la ansiedad o la depresión en nuestros hijos? Para la psicóloga clínica María Dolores Gómez lo fundamental es que los niños se críen en un ambiente normal, “con límites y que el uso de ciertas tecnologías se retrase el mayor tiempo posible, que nadie nos embauque en que nuestros hijos tienen que ser perfectos; procurar desarrollar el espíritu crítico, fomentar el pensamiento, la lectura, la visión conjunta”. Concluye con un consejo categórico: “No sobreproteger”.
Recordarán muchos lectores aquellas tardes de infancia. La calle como territorio para las aventuras y aprendizajes. Los deportes de equipo, forjando valores de unidad y de fuerza del colectivo. Las lecciones que se asumían con el esfuerzo. Tal vez nuestros lectores todavía recuerdan la vida antes de la revolución digital. Siempre hubo acoso, abuso, estigmas. Hagamos memoria, que si ningún tiempo pasado fue mejor, al menos nos sirvió para aprender algo. ¿Por qué debemos seguir creyendo en el futuro?
La última respuesta la tiene la psiquiatra Mar Domato: “Nos llegan casos de papás que se han separado hace dos días y van a consulta con el niño porque no deja de llorar. Hay que dejar que el niño resuelva. Nos cuesta tolerar que la vida duele. Pero son dolores que tenemos la capacidad intrínseca de resolver, sin embargo, no estamos dando a los jóvenes la posibilidad de que intenten resolver los dolores de la vida”. Ahora toca escucharles a ellos.
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