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GUADALAJARA

Setiles, cuando el pueblo sobrevive más allá del empadronamiento

Vista panorámica de Setiles (Guadalajara)

Javier Muñoz de la Torre Granados

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En Setiles se niegan a que la vida se concentre solo en unas pocas semanas al año. En este pequeño municipio de la provincia de Guadalajara, sus calles se llenan de vida y bullicio durante los meses de verano, pero quedaban condenadas al silencio y la rutina fuera de la temporada estival.

Y es que más de un millar de personas se congregan en las calles de Setiles durante el estío. Pero, fuera de esas fechas, la ausencia de vida social y la monotonía se convierten en habituales para los apenas sesenta habitantes que permanecen en el pueblo, en una realidad que comparte con otros pueblos de la España Vaciada. Sin tienda, ni panadería ni otros servicios, lo único que ofrecía una alternativa de ocio era el bar. Y fue, precisamente, en ese local donde surgió un proyecto para darle la vuelta a esa situación.

“Que Setiles tenga vida más allá de verano”, fue la idea sobre la que debatieron aquel día Rocío, Raquel, Natalia, Bea, Noelia y Silvia. Un pensamiento que se materializó casi de forma inmediata en la asociación cultural Tierra de Girasoles. “Esa misma tarde fuimos a hablar con el alcalde para ver qué pasos teníamos que seguir para hacerlo oficial”, cuenta Raquel, una de las implicadas.

Generar lazos en el pueblo

“Hay mucha gente que vive en Guadalajara, Madrid, Valencia o Zaragoza, que son ciudades que están cerca y que para un fin de semana vale la pena venir al pueblo. Pero sin actividades, sin espacios públicos donde estar aparte del bar, pues echa para atrás. Si haces actividades, la gente se anima a venir”, explica Silvia, otra de las impulsoras de la asociación, quien, a diferencia de las demás, sí reside en Setiles de forma estable durante todo el año tras volver al pueblo hace cinco inviernos con su marido y tres hijos, procedentes de Sabadell.

De izquierda a derecha, Raquel, Natalia, Silvia y Rocio, algunas de las impulsoras

Las promotoras también señalan la necesidad de generar lazos entre las personas que acuden al pueblo. “Hay gente que solo va por los niños, pero que no llega a establecer amistades. Y nosotras queremos hacerles participar, que se sientan parte del pueblo. Y que la gente que no va tenga un motivo para ir”, afirma Natalia. En esa línea, también buscan abrir las actividades a vecinos de localidades cercanas: “Cuantos más seamos, mejor. No es solo nuestro pueblo, queremos que vengan los de alrededor”.

Todos estos ideales se concretaron en una primera actividad realizada el pasado 17 de enero. Coincidiendo con la festividad de San Antón, la asociación organizó una hoguera y cena que ya reunió a 60 personas. A esa actividad le siguió en febrero la fiesta de ‘las merendillas’, una tradición popular de Carnaval que consistía en salir al campo y cocinar ‘rancho’. La última fue este pasado 21 de marzo celebraron la fiesta de la primavera con una tradicional calçotada catalana.

Calçotada celebrada el pasado 21 de marzo

Recuperar esas tradiciones es, precisamente, uno de los pilares del proyecto: “La idea es que cada actividad tenga un vínculo con lo que se hacía antes en el pueblo”, explican.

De momento, todos los costes corren de su cuenta. Entre los socios de la asociación y empresas del pueblo se organizan para ir cubriendo las necesidades materiales que puedan requerir las actividades. “Vamos aportando lo que podemos hasta que tengamos unos cuantos socios con los que tener un dinero del que ir tirando”, relata Natalia.

Actualmente, la asociación cuanta con más de 60 socios y se plantea por objetivo a corto plazo hacer una actividad mensual. Pero más allá de los números, destacan el ambiente generado: “Todo el mundo colabora. Nadie va a mesa puesta. La gente viene a ayudar, a cortar leña, a preparar las cosas…”.

Planes de futuro

Al preguntarles por el futuro, a las impulsoras se les disparan las ideas.

Entre los proyectos que la asociación se plantea llevar a cabo están la creación de una pequeña ludoteca para que los niños puedan jugar en invierno, recuperar la biblioteca e incluso lograr llevar al pueblo un servicio de autobús o una pequeña tienda para las necesidades del día a día. Incluso un servicio de peluquería. “Yo me casé en Setiles, llevé ese día la peluquera al pueblo y funcionó muy bien”, recuerda Raquel. También plantean iniciativas para los mayores, como excursiones culturales o servicios a domicilio que faciliten su día a día.

Esos planes, eso sí, los ven a largo plazo y condicionados a que el dinero y el apoyo social acompañe, ya que reconocen que son metas difíciles dado el poco tiempo que la asociación lleva activa.

Tampoco creen que la idea pueda llevar a muchas personas a establecerse de forma definitiva en Setiles. Los inviernos, duros y fríos —“estamos en lo que llaman el triángulo del frío de España”—, y la falta de servicios o empleo son obstáculos importantes.

Hoguera realizada por la festividad de San Antón, en la primera actividad de la asociación

“El problema para ello es el tema laboral. Hay trabajo en los oficios porque no hay relevo para los que se van jubilando. Pero si tú tienes cualquier otra profesión, la oferta de trabajo es muy escasa”, afirma Silvia. A ello se suman otras dificultades, como la falta de servicios educativos, que condiciona a muchas familias jóvenes.

Por tanto, las integrantes de la asociación tienen muy claros sus objetivos. Y, de momento, los están consiguiendo. No aspiran, al menos por ahora, a revertir por completo la despoblación, pero sí a reactivar el pulso del pueblo, aunque sea los fines de semana.

“En tan poco tiempo ya hemos conseguido juntar a 60 personas tres veces. Y al final las cosas saldrán o no saldrán, pero lo importante es que vamos con muchas ganas. La gente está contenta porque repiten y vienen. Todo el mundo colabora. Todo el mundo que va tiene ganas de hacer cosas”, zanja Beatriz, otra de las creadoras de la asociación cultural Tierra de Girasoles.

Un esfuerzo colectivo entre meriendas, hogueras y ganas de dar vida a un pueblo para demostrar que, incluso en la España vaciada, la vida es posible más allá del verano.

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