Aportar recursos ya no es suficiente
La comarca de l’Horta Sud está viendo como grandes organizaciones externas al territorio están abriendo locales y desarrollando proyectos subvencionados por las administraciones públicas en el contexto de recuperación de territorios afectados por la DANA. Estas dinámicas no fortalecen las capacidades de los pequeños colectivos locales arraigados que construyen comunidad. Entran en competencia por la persona usuaria y los recursos, existiendo un riesgo a que los colectivos afectados vean descender sus recursos por las cuotas, no puedan competir frente a una oferta de actividades gratuitas y en ocasiones con un riesgo claro a que no puedan sostener esta situación y puedan desaparecer.
Un año y medio después de la DANA el foco mediático y político se ha desplazado y comienza a hacerse evidente el agotamiento individual y colectivo. En el ámbito de las organizaciones sociales, esta fase se conecta con un debilitamiento ampliamente estudiado en la respuesta a las catástrofes: sobrecarga de trabajo, presión administrativa, agotamiento de los equipos y voluntariado o pérdida de capacidad organizativa a medio plazo.
Justo en este momento de gran fragilidad es cuando detectamos un aumento de la presencia de entidades “paracaidistas” que desarrollan intervenciones bienintencionadas de corta duración, diseñadas desde fuera del territorio afectado y con lógicas ajenas a lo local que suelen responder más a tiempos administrativos que a los ritmos reales de las comunidades afectadas.
Frente a este escenario, resulta imprescindible recuperar y aplicar con coherencia los principios básicos de la cooperación al desarrollo. En especial, que las organizaciones externas no deben actuar como ejecutoras directas, sino como facilitadoras de procesos liderados por actores locales. Esta es, también, una demanda reiterada de organizaciones del Sur global y un compromiso asumido por el sector de la solidaridad internacional para reformar la prestación humanitaria en marcos como el Grand Bargain o el proyecto africano Accra Reset, los cuales insisten en avanzar hacia un cambio real en el reparto de poder, no solo de recursos, y transformar quién decide, quién define prioridades y quién lidera los procesos.
Las relaciones deben construirse desde el partenariado real: compromiso mutuo, corresponsabilidad e igualdad. Esto implica trabajar en estrecha colaboración con asociaciones, colectivos y redes comunitarias ya existentes, compartiendo objetivos y visión, y evitando cualquier forma de paternalismo o imposición externa.
De lo contrario, sucede lo que ocurrió en l’Horta Sud durante la fase de emergencia con las entidades que llegaron entonces para después retirarse de forma abrupta, dejando a los colectivos de base sin recursos en el momento más largo y complejo: la recuperación.
Porque, en la práctica, la cooperación efectiva no ocurre entre organizaciones, sino entre comunidades. Las entidades externas deben desarrollar un papel relevante como mediadoras y acompañantes de procesos que nacen desde el propio territorio, pero no imponerse como protagonistas, sino reconociendo la legitimidad y autoridad de las personas y de sus organizaciones sobre las estrategias que afectan a sus comunidades.
Se trata de un compromiso político para avanzar hacia una cooperación más ética, justa y solidaria, donde el rol de las ONG se redefine: no como ejecutoras, sino como actores que inciden sobre el propio sistema y acompañan procesos liderados por actores locales y nacionales, sin sustituirlos ni desplazarlos.
Por ello, la intervención debe partir siempre de iniciativas surgidas de la población afectada. No se trata solo de ejecutar proyectos, sino de fortalecer tejido social, generar capacidades y asegurar que las acciones no debiliten, ni directa ni indirectamente, las estructuras comunitarias existentes, las que crean comunidad con su actividad diaria previa y las que se quedaran en el territorio para seguir fortaleciendo los lazos comunitarios. Esto implica reconocer la autoridad de las poblaciones afectadas: no solo como portadoras de necesidades, sino como actores con capacidades, aspiraciones, saberes y derecho y autoridad para definir las respuestas que afectan a sus comunidades.
Aquí es donde el enfoque del fortalecimiento comunitario cobra todo su sentido. La experiencia internacional demuestra que las comunidades que cuentan con redes locales fuertes, con capacidad de organización y con recursos propios, responden mejor a las crisis y se recuperan de forma más sostenible.
Sin embargo, cuando las intervenciones externas no se alinean con estas dinámicas, pueden generar efectos no deseados. En l’Horta Sud ya estamos empezando a observar casos de asociaciones locales que están perdiendo base social porque entidades externas ofrecen servicios similares de forma gratuita y temporal. Esto introduce una competencia artificial que puede debilitar o incluso hacer desaparecer organizaciones arraigadas en el territorio.
Las consecuencias de este fenómeno son devastadoras, porque cuando los proyectos finalizan y las entidades externas se retiran, las comunidades pueden quedarse sin recursos ni estructuras a las que acudir. Y esto afecta especialmente a los colectivos en situación de vulnerabilidad, desde las personas mayores hasta la infancia, pasando por las personas migrantes o con diversidad funcional.
Además, es imprescindible tener en cuenta que la mayoría de las entidades locales de base quedan fuera de los circuitos diseñados para las ayudas públicas, que a menudo potencian las grandes estructuras por encima de la proximidad y el conocimiento y conexión con la realidad local.
Por todo ello, el reto no es hacer más, sino hacer mejor. Y hacer mejor implica escuchar, coordinarse y actuar desde abajo hacia arriba. Implica también asumir que el impacto real no siempre es inmediato ni fácilmente medible, pero sí más duradero. No es necesario inventar soluciones nuevas cada día y, de hecho, se debe huir de ello, porque las comunidades ya tienen conocimiento, experiencia y capacidad de respuesta. Lo que necesitan es apoyo, estabilidad y reconocimiento. La evidencia acumulada en los últimos años —desde evaluaciones independientes hasta compromisos internacionales— muestra que, sin este cambio estructural, las respuestas seguirán reproduciendo desequilibrios de poder que limitan su impacto.
Fuentes consultadas:
Center for Effective Philanthropy (CEP)
Center for Disaster Philanthropy (CDP) & Candid
Centering Local Leadership
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