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El proyecto 'Recover' sobre COVID persistente financiado por Fundación Soliss, reconocido por la comunidad científica

Un paciente con COVID-19 persistente

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El proyecto 'Recover' para la readaptación funcional en pacientes con COVID persistente, financiado por la Fundación Soliss, hace un balance muy positivo tras su conclusión 15 meses después de que se comenzara con la gestación de la propuesta y tras el reconocimiento de la comunidad científica. Hoy hace un año que comenzaron a funcionar las unidades de COVID persistente en Castilla-La Mancha.

La Fundación de Soliss Seguros tiene como prioridad recibir, analizar y apoyar aquellos proyectos que puedan ayudar a mejorar la vida de las personas y, sin lugar a duda, el proyecto 'Recover' ha sido “de vital trascendencia” para mejorar la calidad de vida de muchas personas que siguen padeciendo de manera persistente los efectos de la COVID-19

El grupo de investigación que ha desarrollado este proyecto ha sido liderado por el cardiólogo del Hospital Universitario de Toledo, el doctor Alejandro Berenguel, coordinador de la Unidad de Rehabilitación Cardíaca en dicho centro, en colaboración con Manuel Gallango, Graduado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (CAFyD) y especialista en Entrenamiento a Poblaciones Especiales.

También forman parte del proyecto el Comandante Juan Godoy, también Graduado CAFyD, y a su vez profesor de la Escuela de Educación Física del Ejército de Tierra, institución que prestó sus instalaciones para llevar a cabo la consecución del proyecto.

Inicialmente, todas las medidas contra este virus se han centrado en prevenir la mortalidad que ha ocasionado la pandemia, sin embargo, es el momento de poner el foco también en la comorbilidad de aquellos pacientes “recuperados”. La evidencia ha confirmado que el ejercicio físico juega un papel fundamental en el tratamiento de los pacientes afectados por Covid persistente.

Fuimos el primer grupo que propuso que el deterioro no radicaba ni en el corazón ni en los pulmones, sino que era un deterioro periférico y que el problema radicaba en los músculos

Alejandro Berenguel Coordinador de la Unidad de Rehabilitación Cardíaca del Hospital Universitario de Toledo

Según explica Berenguel, “ya en los primeros meses de la pandemia comenzamos a ver muchos pacientes que desarrollaban síntomas persistentes meses después de la infección aguda, incluso en caso de infecciones no graves, que no habían precisado ingreso hospitalario. Los síntomas más habituales eran la fatiga, cansancio o intolerancia a los esfuerzos”.

“Tras una primera investigación que publicamos en su momento fuimos el primer grupo que propuso que dicho deterioro no radicaba ni en el corazón ni en los pulmones, sino que se trataba de un deterioro periférico, que el problema radicaba en los músculos, que no eran capaces de convertir adecuadamente el oxígeno respirado en energía”, subraya.

Según señala, era como, si de repente, el virus se hubiera llevado por delante toda la “forma física o fitness” que pudiera tener el sujeto. “Por ese motivo decidimos explorar la vía del entrenamiento físico, con especial énfasis en el entrenamiento muscular o de fuerza, como terapia de recuperación en este colectivo de pacientes”.

“Nos propusimos demostrar que un programa de entrenamiento físico estructurado, acotado en el tiempo y diseñado y dirigido por especialistas en entrenamiento físico era capaz de mitigar parte de los síntomas presentes en los pacientes afectos de COVID persistente, sobre todo la fatiga y la disnea”, argumenta.

En este sentido, apunta que la mejoría de los síntomas (subjetivos) se acampanaría, si la hipótesis era correcta, de una mejoría de la capacidad funcional (objetiva) medida a través del VO2 obtenido en una prueba de esfuerzo cardiopulmonar o ergo espirometría, que es la técnica de elección para la valoración objetiva de la capacidad funcional, así como discriminar la causa de su deterioro en caso de que exista.

En base a ello, los investigadores diseñaron un estudio de intervención, prospectivo, aleatorizado, de casos y controles, que fue aprobado por el Comité Ético del Hospital Universitario de Toledo.

Los sujetos participantes debían tener entre 18 y 65 años, haber padecido la infección por COVID-19 y presentar síntomas residuales persistentes, al menos 3 meses después de la infección, siendo alguno de ellos fatiga o disnea, y habiéndose descartado otra patología o comorbilidad que pueda justificar la presencia de dichos síntomas.

Un balance “positivo y esperanzador”

Ya han pasado 15 meses desde que el proyecto 'Recover' comenzará su actividad y el balance “es muy positivo y esperanzador”. “Se han alcanzado los objetivos de mejora de salud en el grupo de personas que han participado en el proyecto, tanto de manera objetiva como subjetiva, y, por tanto, las hipótesis planteadas han sido demostradas, abriéndose una esperanzadora vía de recuperación para este colectivo”, afirma Berenguel.

Los resultados, que están pendientes de una inminente publicación, ya han sido comunicados a la comunidad científica a través de diversos foros y congresos.

Y, de hecho, el proyecto 'Recover' ha recibido varios premios, destacando el entregado en el pasado Congreso de las Enfermedades Cardiovasculares celebrado en octubre de 2022 en Palma de Mallorca y en el que se recogió el premio al mejor proyecto de investigación en el ámbito de la rehabilitación cardiaca.

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