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ENTREVISTA
Presidente de la Federación de Bomberos Voluntarios de Catalunya

Miquel Mesegué, bombero voluntario y el primero en llegar al incendio de Sentmenat: “Las llamas tenían 10 metros”

Miquel Mesegué, bombero voluntario del parque de Castellar del Vallès (Barcelona)

Sandra Vicente

Barcelona —
7 de julio de 2026 22:07 h

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Miquel Mesegué se presenta a la entrevista con ojeras y cara de haber dormido poco. Al preguntarle qué tomará, responde: “Agua. Necesito agua”. Y con ella intenta ahogar la tos seca que le interrumpe el discurso cada pocos minutos. Menos de 12 horas antes de este encuentro estuvo rodeado de llamas de más de 10 metros de alto. Fue el primer bombero en llegar al incendio que se declaró el lunes en Sentmenat (Barcelona) y que coexistió con otros dos fuegos en Catalunya esa misma tarde.

Pero Mesegué no es trabajador de la Generalitat. De hecho, es bombero en una petroquímica y compagina este trabajo con un voluntariado en el cuerpo. Hay más de 1.000 como él y suponen un 33% del total de agentes, aunque los parques de voluntarios son más numerosos que los de funcionarios. El modelo mixto catalán data de los años 80 y se instauró para poder tener estaciones por en todo el territorio, incluso allí donde no suele haber incidentes. Pero, cuando los hay, los voluntarios suelen ser los primeros en llegar.

“Nos exponemos al mismo peligro y al mismo trabajo que los funcionarios”, explica Mesegué que, además de ser presidente de la Federación de Bomberos Voluntarios, también es impulsor de una demanda colectiva que ha llevado a 500 voluntarios a demandar a la Generalitat por “uberizar” un servicio esencial. Han recibido el apoyo de diversos sindicatos y de 80 municipios, a la espera de los primeros juicios, que serán en septiembre.

Ayer se declararon tres incendios simultáneos en Catalunya y justo usted estaba de guardia.

Durante la campaña forestal tenemos el parque abierto y con efectivos disponibles todo el día, tanto para incendios como para accidentes, incendios en viviendas u otras emergencias. Así garantizamos que alguno de los 23 voluntarios del parque de Castellar del Vallès podamos activarnos en cualquier momento. Por eso fuimos el primer vehículo en llegar al incendio de Sentmenat. Ya estaba todo ardiendo.

¿Cuántas personas eran en esa primera contingencia?

Tres. Es la unidad básica: el conductor, el jefe de salida y un bombero, que era yo. El conductor se queda en el vehículo, dando el paso de agua y preparando el material. Luego, los otros dos iniciamos el ataque. Lo primero que hacemos es trazar muy rápido la estrategia e informar a los mandos de control. Somos los ojos del Govern cuando todavía no ha llegado. Informamos del color de la columna [de humo], de la intensidad, la alineación del incendio, la dirección, el viento, si hay viviendas cercas o si saltará a una carretera.

Nos convertimos en responsables hasta que llegan los bomberos funcionarios y tomamos todas las decisiones estratégicas. En seguida vi que no podríamos parar el incendio, así que la prioridad fue que no se dividiera en diversos flancos y proteger las casas. Hasta que llegaron las demás dotaciones, éramos sólo tres personas con 3.000 litros de agua. Y así aguantamos unos 15 minutos. Cuando llegaron los refuerzos, yo ya me olvidé de la estrategia y me dediqué sólo a la manguera y a apagar el fuego.

Usted es de Castellar del Vallès, uno de los municipios que fueron confinados por ese incendio. ¿Cómo fue para usted llegar allí?

Las llamas tenían más de 10 metros de alto, y eso impacta. Sabes que harás lo que puedas, pero hay mucha impotencia porque es tu casa, es la montaña por la que sales a correr, lo que ves desde tu balcón. Es un trabajo muy difícil y no es un juego, para nada. Aunque seamos voluntarios nos enfrentamos a un peligro enorme. Yo he llegado a sacar a gente muerta de mi pueblo. Gente que conozco... O que conocía.

Es un trabajo muy difícil y no es un juego, para nada. Aunque seamos voluntarios nos enfrentamos a un peligro enorme

¿Cuánto tiempo estuvo ante el fuego?

Estamos hasta que se nos acaba el turno, que puede llegar a las 11 horas. Pero yo ayer fui evacuado sobre las 17:00 horas porque me dio un golpe de calor. El estrés, la comunicación constante con los mandos, la falta de medios, idear la estrategia, la tensión de saber que estás solo, controlar el agua, vigilar a tu compañero, que está enfocado en el fuego pero tú ves que está a punto de ser atrapado por las llamas por detrás… Al final, a mi compañero le dio un golpe de calor y, cuando acabé de atenderle, me dio el golpe a mí.

Decía que sufren de falta de medios. ¿A qué se refiere?

Al ser voluntarios y no personal laboral, no tenemos Prevención de Riesgos Laborales. Además, mientras se han renovado la mayoría de los coches de los parques de bomberos funcionarios, los nuestros tienen más de 20 años. Es cierto que siguen siendo vehículos especiales, pero no tienen sistemas de protección ante posibles vuelcos o por si nos alcanza el fuego. Los nuevos, por ejemplo, disponen de una especie de cortina de agua en caso de que las llamas se acerquen demasiado.

Carecer de esas medidas es un factor de estrés importante. Cuando llego ante un fuego tengo que pensar también en dónde nos metemos y cómo salir porque, si llega a pasar algo, no tenemos estas protecciones. Tampoco tenemos aire acondicionado y, aunque puede parecer una tontería, hubiera sido muy útil ayer para tratar los dos golpes de calor. Me hubiera metido en el coche, con el aire a tope y listo. Pero, en cambio, tuvo que venir la ambulancia.

¿Qué les dice el Departament de Interior ante estas quejas?

Pues que se priorizan los parques de funcionarios. Y es un criterio que podría ser válido, pero, aunque seamos voluntarios, muchas veces somos los primeros en llegar y el fuego es el mismo para todos. Trabajamos sin el mismo material y con recursos de hace veinte años, de cuando no existían los incendios de sexta generación ni esta virulencia era la norma. Son decisiones que se toman desde un despacho y que nos atan los pies antes de una carrera que ya sería difícil de correr aunque tuviéramos todos los recursos.

El lunes, tras los incendios del fin de semana, el president Illa dijo que la gestión del territorio era “demasiado urbana”. ¿Qué está fallando a la hora de prevenir estos grandes fuegos?

Sin ánimo de ser catastrofista: está fallando todo, tanto la prevención como la operativa de emergencia. Cuando llegas al bosque, lo ves sucio. Hay que abrir caminos y limpiar el sotobosque para evitar que los fuegos crezcan más de lo normal. El bosque no lo debe cuidar una persona de Barcelona que jamás lo ha pisado, lo tiene que hacer la gente del territorio, que es la que lo conoce y sabe qué hay que plantar en cada lugar y por dónde tienen que pasar los rebaños. El problema es que la gestión forestal no da votos.

Acabar con los incendios sí los daría.

Pero nunca acabaremos con los incendios. Puedes rebajar su impacto, pero mientras haya bosque tendremos que convivir con el fuego. Eso es algo natural e inevitable, lo que sí se puede prever son los efectivos que destinas a eso y las condiciones en las que trabajan. Somos muchos los que podríamos trabajar mejor.

Nunca acabaremos con los incendios. Puedes rebajar su impacto, pero mientras haya bosque tendremos que convivir con el fuego

Actualmente, los bomberos voluntarios representan un 33% de los efectivos totales. ¿Cuántos más harían falta?

Esa cifra, si bien es correcta, se debe matizar. Porque del 67% restante muchos son cargos de mando, caporales o inspectores. No todos cogen la lanza para ir a apagar fuegos, mientras que todos nosotros sí lo hacemos. Dicho esto, no creo que la solución sea tener más voluntarios sino más funcionarios y un sistema más eficiente.

No se puede tener bomberos a cualquier precio; yo no puedo ausentarme de mi empleo para ir a apagar un fuego. Y no sólo eso: si yo hoy tengo guardia en el parque, debería tener unas horas de descanso, pero no las tendré. Ningún voluntario, en medio de un fuego descontrolado, te dirá que se tiene que ir porque en unas horas entra a trabajar. Al contrario, se quedará hasta las 7 de la mañana, volverá al parque, se duchará y se irá al trabajo.

Si descansamos las horas que nos piden, no podemos ir a apagar fuegos. No se pueden compaginar las emergencias, la vida laboral y nuestra vida personal. Y mira que tenemos poca. Es muy bonito ser bombero voluntario, pero no se debe olvidar que hacemos un trabajo de riesgo. Y, todo ello, sin tener una vinculación laboral con la administración.

Miquel Mesegué, durante una entrevista con elDiario.es, pocas horas después de haber estado en el incendio de Sentmenat

La Generalitat insiste en que, por ley, no pueden reconocer ninguna relación laboral de los voluntarios.

Pero es que no somos voluntarios que vamos a limpiar el bosque los fines de semana, si podemos. Tenemos que estar disponibles un mínimo de 650 horas al año para garantizar que los parques de voluntarios siempre están cubiertos. Y es cierto que no siempre salimos, pero cuando lo hacemos, nos exponemos a mucho riesgo. ¿Y si nos pasa algo? No se nos reconocerá como una enfermedad o accidente laboral, ni tendremos derecho a la prejubilación.

Pero como voluntarios están cubiertos, por ley, por una mutua.

Si, pero la cobertura que nos dan siempre será diferente a la de una mutua laboral. Si hay una lesión o un golpe de calor pues te atienden, claro. Pero, si hay secuelas ¿quién se ocupa? Si toda esta exposición me comportara un cáncer, no se me reconocería como enfermedad laboral y las prestaciones no serían las mismas.

Por ejemplo, yo me he tenido que coger la baja de mi trabajo por lo que me pasó ayer y, como no es algo que me ha pasado en mi tiempo libre, me comportará una reducción de la nómina importante. Y no es raro que tengamos que cogernos bajas. O que tengamos que usar días de asuntos propios o de vacaciones para ir a atender emergencias como bomberos voluntarios.

Si toda esta exposición me comportara un cáncer, no se me reconocería como enfermedad laboral y las prestaciones no serían las mismas

Permítame que le pregunte: entonces, ¿por qué lo hacen?

[Risas]. Hostia, esta es buena… Pues porque es vocacional. Si pasa algo, quieres ayudar, proteger el entorno y a la ciudadanía. Lo hacemos porque nos gusta; para nada es por ego y, mucho menos, por dinero. Si mañana nos preguntaran si queremos convertirnos en funcionarios, muchos diríamos que no. Queremos seguir haciendo lo que hacemos porque creemos en el modelo mixto, pero siempre que esté bien cubierto.

La Generalitat dice que para este verano contará con 1.500 voluntarios, pero eso no es cierto del todo. Somos 1.500 personas, pero sin disponibilidad completa; algunos están en el paro, pero la mayoría tienen sus empleos de lunes a viernes. Y no te creas que no nos duele estar en el trabajo, ver cómo se quema algo y no poder ir.

El Govern sostiene que el modelo mixto es la única manera de tener cubierto todo el territorio, sobre todo aquellas zonas en las que no suele haber incidencias. Si todos los bomberos fueran funcionarios, aseguran, el modelo sería “insostenible”.

Pues habrá que cambiar ese modelo porque claramente está obsoleto. Ya se hizo con la Cruz Roja; hace años tenían también un modelo mixto y vieron que tenían que profesionalizar el servicio porque, con el aumento de la población, no se podía confiar todo al voluntariado. Piénsalo al revés: si dejáramos la mitad de las ambulancias en manos de voluntarios, la ciudadanía se les tiraría al cuello y con razón. Pero es que además hacen falta más efectivos, se necesitarían como 10 convocatorias para cubrir lo que se requiere. Nadie duda de que tengamos que tener más policías. Entonces, ¿por qué hay reticencias en ampliar bomberos?.

Hace unos meses, medio millar de bomberos voluntarios demandaron a la Generalitat por “uberizar” un servicio esencial. Usted es uno de los impulsores de esa demanda colectiva. ¿Por qué lo hizo?

Porque si hacemos el mismo trabajo que un bombero, queremos las mismas condiciones. O eso, o hacer un voluntariado normal y corriente en el que no se nos exija un mínimo de horas ni hacer un trabajo de riesgo. No queremos dejar de hacer este trabajo, pero a la vez estamos muy hartos. Porque es que, además, influye mucho en la vida personal. Explícale a tu pareja que, después de trabajar, te tienes que ir a apagar un fuego. O que ese fin de semana que habíais planeado no podrá ser porque te tocará estar de guardia porque no hay nadie más en tu parque.

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