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CATALUNYA

Todo esto lo hemos visto

Vemos injusticias que nos interpelan y nos preguntan quién somos. Y para saberlo habrá que aclarar también muchas de las connivencias, de las componendas, de los intereses, de cómo funciona la realpolitik o la razón de Estado que hace que, aún hoy, no seamos capaces de reconocer lo que estamos contribuyendo a que ocurra, en Yemen, en Afganistán, en Siria, en Irak y también en nuestra Europa

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Un hombre pasa por delante de las ruinas de un edificio destruido en Saná, Yemen EFE

Hemos visto cuán efímera es la libertad duradera y hemos visto países enteros adentrarse más y más en la distopía orwelliana de la guerra permanente, que ha tomado entre nosotros cuerpo como war on terror.

Hemos visto el rigorismo fanático, aberrante y bien armado, pero asustado por la educación de las niñas, sembrar el horror en la escuela, desde Afganistán hasta la Nigeria de Boko Haram. Hemos visto kobani coventritzada.

Hemos soportado la cadencia insoportable del coche bomba o el atentado suicida en Bagdad, en Kabul y en Islamabad. Hemos visto Cizre, en Turquía, un país seguro, reducida a escombros. Hemos visto plomo fundido llover sobre Gaza.

Hemos visto una auténtica tormenta de muerte y destrucción abatirse sobre Libia, de Trípoli a Bengasi y de Bengasi a Trípoli.

Hemos visto el cerco genocida sobre los yaziditas de Sinjar. Hemos visto miles de miradas alucinadas, de cuerpos desguazados, emerger de entre el polvo en el campo de Yarmouk, aprovechando una breve pausa en la hecatombe para intentar escapar del fuego.

Hemos visto miles y miles de personas desesperadas, desplazadas, buscando refugio en otras tierras.

Las hemos visto amontonarse en los pasos fronterizos, las hemos visto encerradas en campos improvisados en el Líbano, en Jordania, en Turquía, o en Grecia, en condiciones más que precarias.

Las hemos visto helarse en el frío invierno balcánico, hemos visto cómo se arremolinaban y hacían cola al raso, en perdidas estaciones de tren, para tratar de obtener una comida caliente.

Las hemos visto formando columnas escoltadas por caballería y por perros policía, en imágenes que nos retrotraen a los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Las hemos visto explotadas y acosadas por las mafias.

Hemos sabido de la desaparición de miles de menores en las rutas inseguras que transitan por Europa. Hemos sabido, también, de los miles de abusos, vejaciones, agresiones y violaciones que sufren en estas y otras rutas que siguen para llega a Europa.

Las hemos visto, además, señaladas y acusadas, doblemente y triplemente victimizadas, porque hemos visto el fantasma de la xenofobia y del racismo recorrer de nuevo Europa, y el discurso del odio atizar oleadas de ataques incendiarios en casas de refugio a Alemania.

Las hemos visto perseguidas por milicias de extrema derecha en las fronteras de Bulgaria o de Hungría. Hemos visto parlamentos votando a favor de la detención de toda persona refugiada mayor de catorce años para su internamiento en campos en la frontera.

Hemos visto alzar ante sí alambre de espino e ignominiosas vallas. Hemos visto su carne abierta hasta el hueso por las afiladas cuchillas que coronaban nuestras vallas. Hemos visto como se les recibía con mortíferos disparos de caucho en el Tarajal.

Hemos visto precarias embarcaciones repletas naufragar una y otra vez en la travesía del Mediterráneo, y este mar nuestro convertirse en la mayor fosa común de la historia. Las hemos visto ahogarse, las hemos visto devueltas sin vida a nuestras playas.

Hemos visto la masacre de la playa de Sabratha, en Libia, que nos habla de cómo las hemos deshumanizado, de cómo se las ha cosificado. Y la pregunta es: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo tendremos que ver y saber de todo esto antes de reaccionar?

Afortunadamente, hemos visto también el esfuerzo impagable de quien lo deja todo para rescatar tantas vidas como puedan, para tratar de paliar el sufrimiento insondable de estos miles y miles de personas de nuestros congéneres.

Hemos visto también la dignidad insobornable de las madres griegas que interponían sus cuerpos en el paso de los neonazis que pretendían impedir la escolarización de los niños de los refugiados, y hemos visto en las calles ríos de gente –no suficientes todavía– reclamando que se acoja a las personas que buscan refugio y que nos interpelan.

Nos interpelan y nos preguntan quién somos. Y para saberlo habrá que aclarar también muchas de las connivencias, de las componendas, de los intereses, de cómo funciona la realpolitik o la razón de Estado que hace que, aún hoy, no seamos capaces de reconocer lo que estamos contribuyendo a que pase en Yemen, sin ir más lejos.

No sé si tenemos la respuesta sobre quién somos, pero deberíamos poder tener la respuesta sobre quién queremos ser.

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