OPINIÓN | Aún puede pasar de todo en Cataluña
La pregunta que muchos, puede que la mayoría, se hacen este viernes es la de cuánto durará este nuevo respiro que nos ha dado la crisis catalana. Es un alivio que la mesa del Parlament no haya ido a la cárcel y que Carmen Forcadell haya estado en ella sólo 12 horas, un tiempo que, por cierto, el juez Llarena le podía haber ahorrado perfectamente. Pero, ¿quién está en condiciones de asegurar que esa aparente vuelta a la cordura vaya a durar más que las treguas anteriores, la que precedió a las cargas del 1 de octubre y la que se rompió con el encarcelamiento de Oriol Junqueras y 8 consellers?
Nadie puede garantizar que eso vaya a ocurrir. Hay demasiadas fuerzas desatadas que actúan en el conflicto como para estar seguro de nada. Está claro que la presión europea, intramuros, por supuesto, ha debido de influir mucho en el cambio de orientación, optando por la moderación, que el gobierno ha dado a su actuación en los últimos días y que el juez Llarena ha interpretado convenientemente. La prudencia, casi inacción, de las fuerzas de orden público frente a los cortes de carreteras y líneas férreas del jueves, ha respondido a ese mismo espíritu y confirma que los políticos, aunque sean del PP, ponen la misma cara de convicción de estar en lo cierto cuando hacen una cosa y la contraria.