PDeCAT, Units, la Lliga o el Partit Nacionalista: quién es quién en la sopa de siglas del catalanismo de centro-derecha

Jordi Turull, Artur Mas y Marta Pascal, juntos en el Parlament, en una fotografía de 2017

Las históricas siglas de Convergència i Unió murieron en junio de 2015, tras casi cuarenta años de andadura en los que la formación ostentó el poder autonómico catalán durante casi tres décadas, con el único paréntesis de los gobiernos tripartitos de izquierdas, y fue tremendamente influyente para la política estatal. Ahora, ante la inminencia de las elecciones catalanas, varios nombres propios del sector tratan de cohesionar el espacio, que podría verse impulsado si se consuma la separación entre el PDeCAT y los partidarios de Carles Puigdemont.

De la deflagración de CiU salieron diversas corrientes, grupos más o menos organizados, herederos autoproclamados e hijos renegados que, durante todo este tiempo, han formado un ecosistema fragmentado y sin una propuesta electoral clara y viable. Entre todos los nombres y corrientes aparecidas, los herederos más claros de las formaciones históricas son dos: el PDeCAT, como depositaria oficial de las siglas de Convergència y del centro-derecha, y Units per Avançar, que lo es de la democristiana Unió Democràtica de Josep Antoni Duran i Lleida.

En el caso del PDeCAT, el giro ideológico es evidente respecto a su predecesor, al haber adoptado ahora un ideario netamente independentista, si bien en el partido conviven posiciones partidarias de la unilateralidad con representantes del ala moderada y pactista. El PDeCAT está además asociado a los partidarios de Carles Puigdemont, independentistas duros y más transversales en el espectro social que se aglutinan bajo la marca de la Crida Nacional, presidida por Jordi Sànchez.

Ambos forman Junts per Catalunya (JxCat), una marca electoral muy asociada al expresident en el imaginario político, pero que realmente pertenece al PDeCAT. Aunque fue fundado por Artur Mas con el nombre de Partit Demòcrata Europeu Català, el actual líder del partido es David Bonvehí, y recientemente ha sufrido bajas importantes, como la antigua jefa Marta Pascal o los históricos diputados Carles Campuzano y Jordi Xuclà.

En las últimas semanas la tensión entre la Crida y el PDeCAT se ha disparado, en el marco de las negociaciones para reformular la propuesta electoral de JxCat. La Crida considera que debe fundarse una nueva organización en la que el PDeCAT tendría que disolverse. Una pretensión que los de Bonvehí no están dispuestos a aceptar, por lo que reclaman una coalición con cuotas prefijadas. En el partido hay quien opina que si Puigdemont y Sànchez no están dispuestos a respetar la existencia del PDeCAT sería mejor el divorcio.

Sin embargo, en el PDeCAT hay opiniones variadas y este viernes dos referentes del espacio como son los exconsellers encarcelados Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn, además de Lluís Puig, abogaron por las tesis de la Crida. Los exconsellers defienden la creación de un nuevo partido, donde se mezclen sin familias independentistas moderados y unilateralistas, y consideran además que el PDeCAT debería debatir sobre su disolución. Unas tesis que la dirección del partido rechazó este viernes en una reunión de la ejecutiva de cinco horas en las que se reafirmaron en la necesidad de formar una coalición con la Crida.

Por su parte, la corriente que agrupa a Pascal, Campuzano y Xuclà, que inicialmente se conoció como el grupo del Poblet, ha acabado formando el Partit Nacionalista de Catalunya (PNC), que celebrará este fin de semana su congreso constituyente y que Pascal aspira a liderar. El partido se define en las coordenadas del "soberanismo pragmático", es decir, elude usar de entrada la etiqueta del independentismo y está formado por militantes provenientes, sobre todo, de la antigua Convergència y del sector moderado del PDeCAT.

Units, un socio del PSC que quiere emanciparse

Si una de las ramas en el espacio político del catalanismo de centro-derecha es la que proviene de Convergència, la otra había de descender de Unió. Aquella histórica formación acabó liquidada en 2016 con una deuda de más de 22 millones de euros. De su destrucción renació Units per Avançar, una formación heredera de las ideas de Duran, es decir, un catalanismo no independentista y de centro-derecha, liderado ahora por el que fuera conseller de Interior con Artur Mas, Ramon Espadaler.

Antes de disolverse, Unió Democràtica probó suerte electoral por separado. Lo hizo en dos ocasiones, en las catalanas de 2015 y en las generales de ese mismo año, y en ambas se quedaron lejos de obtener representación. Units, en cambio, apostó por otra estrategia y forjó un matrimonio de conveniencia con el PSC, con quienes se presentaron en coalición a las autonómicas de 2017 y en varios municipios, como Barcelona. De hecho, gracias al pacto entre Barcelona en Comú y el PSC, Units gobierna en la capital catalana, ostentando la tenencia de alcaldía de seguridad en la figura de otro viejo conocido del entorno de Unió: Albert Batlle.

Precisamente Batlle se ha significado durante los últimos días proponiéndose para liderar una candidatura que aglutine al espectro del catalanismo no independentista liberal y conservador. Lo hizo mediante una entrevista inicial en La Vanguardia, tras la que apareció en varios medios, con una propuesta que busca confrontar sin complejos con las tesis de Carles Puigdemont y formar un gobierno sin independentistas.

Pese a la propuesta del teniente de alcaldía de Barcelona, desde su formación, Units, aspiran a llegar a una alianza con el PNC, lo que supondría el reencuentro de dos principales corrientes surgidas de Convergència y de Unió. A ese acuerdo podrían sumarse además otras corrientes surgidas en los últimos años, como son Lliures, la Lliga o Convergents, del exconseller e imputado por el 3% Germà Gordó, que se alinean en unas coordenadas similares.

La Lliga, Lliures y otros grupos

Además del PDeCAT, el Partit Nacionalista y Units, la explosión de CiU dejó otros satélites en forma de corrientes y proyectos que han tenido evoluciones diversas y que, en este momento, también podrían integrarse si hubiera una propuesta electoral consolidada. Uno de los primeros en saltar a la arena fue Lliures, partido formado por el exdiputado de Convergència Antoni Fernández Teixidó y cuya cara visible fue también Roger Montañola, proveniente de Unió. Esta formación trató sin éxito de sumarse a la alianza entre el PSC y Units, y en las pasadas elecciones de Barcelona dio apoyo a la candidatura de Manuel Valls y Ciudadanos, Barcelona pel Canvi.

Otra de las corrientes que también lo ha intentado en el terreno electoral fue Convergents, un partido fundado por los exmilitantes de CDC que se agrupan entorno al exconseller Germà Gordó. Esta fuerza presentó candidatura a las generales y a las municipales, sin lograr representación en el Congreso aunque sí en algunas poblaciones, donde sumó 21 concejales en parte gracias a pactos con fuerzas locales.

La Lliga ha sido la última formulación de las corrientes huérfanas de CiU. Presentado como embrión durante el verano pasado, la Lliga Democràtica fue impulsada desde sectores que se identificaban con claridad con el centro-derecha y que podían abarcar desde ideas de defendidas por la Convergència de Jordi Pujol hasta el PP de Josep Piqué. La politóloga Astrid Barrio y Josep Ramon Bosch, expresidente de Societat Civil, fueron las caras visibles del proyecto, que al principio contó con el apoyo de Eva Parera, número dos de Manuel Valls, aunque luego rompieron relaciones.

El modelo Barcelona, para Catalunya

Descontando al PDeCAT, que es un partido que se identifica plenamente con la etiqueta y el ideario independentista, varios de los grupos citados se alinean en opciones opuestas a la secesión. En el horizonte de todos ellos está la idea de poder generar una alternativa electoral de centro-derecha que, además, posteriormente pueda contribuir a formar un pacto de gobierno no independentista en la Generalitat, que pasaría obligatoriamente por un pacto con el PSC.

El modelo al que apuntan sectores como el representado por Batlle es el mismo que se produjo en el Ayuntamiento de Barcelona hace un año, cuando los intereses de formaciones variopintas se alinearon para llevar a la alcaldía a Ada Colau, que había quedado segunda, gracias al apoyo puntual de Manuel Valls. De esta forma se cerró el paso a un gobierno independentista. Una fórmula que en aquel momento impulsó el PSC y el propio Miquel Iceta, y que ha resultado exitosa.

Cerrar el paso al independentismo en el Govern podría ser algo más complicado, habida cuenta de que este suele obtener más peso en el Parlament que en el consistorio barcelonés. Pero si las fuerzas alternativas a los secesionistas tienen alguna opción, esta pasaría por una alianza de fuerzas muy diversas, por lo que una opción del catalanismo moderado en el centro-derecha podría resultar clave no solo para rascar votos a los independentistas, sino para que el bloque alternativo sume mayoría.

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