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“¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!”

Los antinguos legionarios de Barcelona durante la procesión del Cristo de la Buena Muerte.

Jordi Mumbrú / Edu Bayer (fotos)

Misa de campaña en recuerdo de los caídos por España. Silencio. Es el primer acto público que celebra la asociación de antiguos legionarios de Barcelona desde que el Consorcio de la Zona Franca, controlado por el Ajuntament de Barcelona y el Gobierno del Estado, les ha cedido temporalmente 5.000 metros cuadrados para usos “socioculturales”. Estamos en el barrio de Sant Andreu, en los antiguos cuarteles militares de artillería de la Maestranza y hoy es domingo. Toca misa.

La pequeña puerta metálica está vigilada por una cámara de vídeo. Después de hacer sonar el timbre, la puerta se abre y un jubilado vestido de legionario sale a recibir a la visita. Atravesar la puerta de los cuarteles de Sant Andreu, donde está la sede de la asociación de los antiguos legionarios, es como cambiar de mundo. La puerta da directamente a la cantina, que está llena de banderas españolas, de fotografías de Franco y de José Millán Astray, el fundador de la Legión, y atentamente vigilada por maniquíes vestidos de legionarios. De la cantina se sale al patio donde ya hace unos minutos que ha comenzado la misa.

El cura habla mayoritariamente en latín y lo hace dando la espalda al público, al estilo más tradicional, tal y como se hacía antes del Concilio Vaticano II (1965). El Papa Benedicto XVI recuperó este tipo de misas en 2007, en medio de una gran polémica ya que el retorno a los clásicos permite también aprovechar las misas de Viernes Santo para pedir la conversión de los “pérfidos judíos”. Un cambio que no gustó a los seguidores del judaísmo.

Entre el público hay sobre todo hombres de edad avanzada. Muchos de ellos fueron legionarios ya hace mucho tiempo, algunos sólo durante un par de años y porque estaba bien pagado. Son muy pocos los que entraron en combate. Aunque no por falta de ganas: “Me hubiera gustado hacer el bautizo de fuego”, reconoce orgulloso el presidente de la asociación, Jesús Cañadas. Otros más veteranos sí tuvieron la oportunidad de hacer el bautismo de fuego y lo hicieron nada menos que bajo las órdenes del Comandante Francisco Franco durante la Guerra Civil Española.

Terminada la misa, durante la cual el responsable de seguridad ha tenido que echar a uno de los fieles porque estaba bebiendo cerveza durante el rito, toca la procesión del Cristo de la Buena Muerte. Y es que hoy, una semana después del día de los difuntos, la Legión celebra su particular homenaje a los caídos. “Mi marido es uno de los que lleva el Cristo”, explica una mujer del público mientras espera la llegada de los militares. “Ya me dirás por qué no les habían de dar este espacio a la Legión”, dice indignada. De hecho, nada ha cambiado tras la cesión: la asociación hace años que utiliza estos terrenos, que limitan con una escuela y con una comisaría de los Mossos, para hacer sus maniobras y sus homenajes a los caídos y a la bandera.

La misa, el desfile y la cantina

“Sois los mejores”, grita uno del público mientras los legionarios, ni tan jóvenes ni tan fuertes como cuando formaban parte del cuerpo, van desfilando con el Cristo en alto. Tras diferentes cánticos, himnos, ofrendas florales y una nueva intervención del cura en latín, termina el acto: “¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva la Legión!”. Y todos a la cantina.

La presencia de los periodistas, como ocurre muy a menudo en muchos otros actos, les incomoda. No están acostumbrados y saben que tienen más a perder que a ganar. Pero los respetan. “¿Tú eres un periodista libre o no?”. La pregunta es de Salvador, uno de los antiguos legionarios más jóvenes de los que hay entre el público que viste largas patillas y una chaqueta contundente: Por España, me atrevo. Después de responder que sí, que se hace lo que se puede, Salvador se explica: “Yo he desfilado en el Tercio Cuarto de la Legión, el Alejandro Farnesio, y lo he hecho junto a africanos, suramericanos y marroquíes. He compartido mesa con ellos y también sufrimiento. La palabra fascista es equivocada en la Legión”.

El presidente, Jesús Cañadas, tiene el mismo argumento. Responde a las acusaciones de una parte importante de los vecinos de Sant Andreu, sobre todo del tejido asociativo, defendiendo que sólo por llevar una bandera española no se les puede considerar fascistas. Sobre las fotografías de Francisco Franco que hay en la web y en la cantina, recuerda que fue el cofundador de la Legión y sobre la posibilidad de que los miembros del Casal Tramuntana, un colectivo barcelonés de extrema derecha, hayan aprovechado la sede de la asociación para reunirse, recuerda que todo el mundo tiene la puerta abierta. “De la misma manera que existe la extrema izquierda, existe la extrema derecha”, dice con naturalidad. Con mucha educación y respeto, nos acompaña hacia la puerta metálica que se cierra detrás de nosotros, y nos devuelve al otro mundo.

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