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José Manuel Montero, el ‘agrotenor’ que trae a la región a Schumann y Falla

Los ayuntamientos de la región pueden solicitar este espectáculo hasta el 15 de diciembre en la Red de Teatros de Castilla-La Mancha

Compagina sus actuaciones en Europa con su explotación agrícola ecológica en la localidad toledana de Ocaña

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El Húsar Vassili en MAVRA, de I. Stravinsk

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“Soy un apasionado de la vida” Así se define José Manuel Montero Valdeolivas cuando le pregunto quién es. Solo me bastan unos cuantos minutos de conversación para comprobar que ésta no es una frase hecha, sino que realmente le apasiona vivir y le interesa todo lo que tiene que ver con el mundo y el ser humano. Enseguida me hago composición de lugar y le reconozco como un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI.

La conversación se produce a muy pocos días de un viaje a Estrasburgo para hacer el Concierto de Fin de Año, aunque el motivo de nuestra charla es otro. En 2019 recorrerá los escenarios de la región con un espectáculo titulado ‘El amor del poeta’ donde compartirá con el público obras de Schumann y Falla, junto al pianista Aurelio Viribay, para la Red de Teatros de Castilla-La Mancha. La combinación es tan particular como sugerente, ya que exige un gran conocimiento de la obra de ambos autores y mucha técnica vocal por las características tan particulares de cada uno de ellos. Un regalo que los castellanomanchegos vamos a tener al alcance de la mano, siempre y cuando los ayuntamientos de la Comunidad autónoma soliciten esta actividad. Y deben darse prisa, ya que el plazo de solicitud concluye el 15 de diciembre.

Repite la el adjetivo “feliz” varias veces cuando habla de este nuevo proyecto.  José Manuel o el ‘Agrotenor’ como se le conoce en los círculos españoles, por su faceta como agricultor, ha pasado más de media vida a caballo entre España y Alemania y este bagaje le hace ser ‘bipolar’ en muchas facetas de su vida. “Me encuentro feliz porque yo tengo dos almas, española y alemana. Me hice adulto en Alemania y allí descubrí un mundo que nosotros, los españoles, no conocemos. Me hice muy alemán en mi forma de ser, en mi manera de ver la vida y en mi formación. Esa parte está dentro de mí”. Me habla de la sensibilidad del mundo del lied (canción alemana) un mundo de experiencia sensorial, musical y poética, que explica al público en cada actuación, al igual que le encanta “arremangarse” y cantar a Falla. “Son repertorios que no se suelen interpretar juntos por la dificultad técnica que entrañan”.

Utiliza una metáfora gastronómica para trasladarme lo que supone tener la posibilidad de traer este repertorio a Castilla-La Mancha “Es como traer los dulces de Navidad del romanticismo alemán para que el público los pruebe y los disfrute y los compare con los polvorones. No hace falta que te guste uno más que otro, sino que es un lujo probar los dos sabores juntos. Ese es el sentido de este tipo de programas” concluye.

Confiesa que se siente muy de esta tierra y que le encanta dar recitales porque le gusta estar con el público y “entre el público y yo no hay nada más. La cercanía me gusta”.

De una cantina a los principales escenarios de Alemania

Como gran conversador, José Manuel relata su vida como una apasionante novela. Cuenta que el primer contacto con la música fue en la consulta del practicante de su pueblo, Noblejas, a la que acudía asiduamente “era un niño algo enclenque y me pinchaban vitaminas”. Don Pedro era muy aficionado a la música y en su consulta siempre sonaba zarzuela. “Con seis años yo me aprendí las romanzas”, recuerda con cariño.

Su familia se traslada a Ocaña, donde en poco tiempo se convierte en la primera voz solista del coro. Allí comienza a estudiar guitarra, piano y órgano, aunque se inclinará definitivamente por el canto, estudios que terminará años después en el Real Conservatorio de Música de Madrid.

No acierto a descubrir si es él quien persigue al canto o al revés; el caso es que después de terminar sus estudios de Bachillerato, elije la carrera militar. Primero en la Academia Básica de Suboficiales de Talarn (Lérida) donde se convierte en solista del coro, continuando en la Academia de Ingenieros de Hoyo de Manzanares y Prado del Rey (Madrid) donde se especializó en guerra electrónica.

Mente inquieta, con un gran interés por aprender y con una gran afición a escribir, comienza la carrera de Periodismo e ingresa en la tuna como voz solista. Esta circunstancia cambiaría radicalmente su vida. Explica que estando de viaje por Europa con tres amigos, el director de la Escuela de Ópera de Múnich le oyó cantar en la cantina de la Ópera “comíamos por ahí y luego cantábamos a ver quién pagaba la ronda” y le plantea hacerle una audición al día siguiente. Preparaban un montaje de “Cosi Fan Tutte” de Mozart y necesitaban una voz como la suya.

No recuerda exactamente que cantó pero tras la audición le propusieron quedarse, con dos becas, una de la Escuela de Ópera y otra de la Escuela Superior de Música de Múnich y acepta. Al finalizar este periodo, le ofrecen quedarse un año más, con beca, para perfeccionar sus estudios de canto y comienza a hacer papeles pequeños en la Ópera Estatal de Baviera. Pide la baja en el Ejército y se traslada a Alemania definitivamente. Una decisión dura, según reconoce, porque en los años 90, la ley vigente no permitía volver al estamento militar una vez se abandonaba  y aquél era un futuro seguro “Yo estaba muy contento con mi vida y con mi carrera militar pero fue la corazonada de que la vida me había puesto eso delante por algo”.

Llegó a Alemania sin hablar una palabra del idioma pero su autodisciplina y capacidad de estudio hicieron que pronto aquella dificultad la salvara sin problemas y con nota. Múnich le traería una nueva vida. Allí conocerá a Judith, una soprano mallorquina de ascendencia norteamericana por parte de madre y quien se convertiría en su mujer y madre de sus dos hijos, Manuel y Diana. Allí también estudió, perfeccionó el repertorio alemán que le encantaba e hizo papeles pequeños en el teatro y mucha música sinfónica y oratorio en ciudades como Nüremberg, Ausburg, Regensburg y  Wuppertal, donde le contratan en el famoso teatro de Pina Bausch, como primer tenor lírico.

Se conoce al dedillo los 2.180 kilómetros que separan Alemania de España ya que viajaban en coche para ver a la familia continuamente hasta que deciden establecerse en nuestro país. Él será quien vaya y venga durante cinco años, por un contrato de la Ópera estatal de Hannover de primer tenor, hasta que en 2005 decide volver definitivamente a vivir a España “Yo me estaba perdiendo cosas de los niños”. Cuando hablamos, confirma no arrepentirse de aquella decisión, aunque es consciente de que pudo truncar una carrera grande pero no su vida “Mi vida ha sido fantástica junto a mi mujer y mis hijos”. Hoy, sigue compaginando su trabajo en Alemania y España y todos los años suele hacer alguna producción de un par de óperas con las que sale de gira, algo más llevadero, afirma.

Agricultura cien por cien ecológica

Amante de la naturaleza y muy pegado al campo desde que era niño, gracias a que su familia materna tenía una explotación agrícola en Ocaña (Toledo). Ya como militar, se hace cargo de la actividad, interrumpida durante su etapa alemana. En 2005, cuando vuelve definitivamente, se plantea modernizar la explotación y sacarle una mayor rentabilidad. Hace los cursos de capacitación agraria,  de acceso a la agricultura y se introduce de lleno en la agricultura ecológica. “Siempre me gustó y cuando volví de Alemania venía muy convencido de todo esto”.

Hoy, José Manuel está al frente de una explotación de veinticinco hectáreas, ocho de ellas dedicadas al cultivo de la vid y 1.500 pies de olivo, de las variedades picual y cornicabra. “Molemos una pequeña porción para uso personal. Aceite de oliva virgen extra, ecológico y sin filtrar. ¡Lo más puro!” recalca. Completan la explotación, una pequeña extensión dedicada al cultivo de cereal y un huerto ecológico, cuya producción dedican al consumo propio. “Yo muelo el trigo y el centeno con nuestro molino y hacemos nuestros panes. En mi casa nunca falta un plato de lentejas”, bromea.

Reconoce que el campo es duro aunque le gusta pasar frío y respirar el aire helado en invierno y no le importa sudar en verano “Yo voy equipado como si estuviera en el Himalaya pero voy a trabajar porque me gusta”.

La cosa se complica cuando tiene que preparar papeles nuevos aunque su disciplina y organización le permiten estudiar por las noches y preparar las obras con un pianista del Teatro Real en Madrid. Confiesa que mientras trabaja el campo, le gusta llevarse las partituras y descansar una hora estudiando al sol para continuar con la “faena”, momentos en los que nunca escucha música “Cuando estoy podando suelo escuchar los canales culturales de la BBC o Radio France, interesantísimos y una manera de evadirme del clima absurdo, político y social de nuestra país. Suelo escuchar programas de muchísima calidad, muy intelectuales”.

Así es José Manuel Montero, un hombre de su tiempo pero muy pegado a la tierra, con una concepción muy particular de la vida y dueño de su propia existencia. Enfrascado continuamente entre libros, partituras, olivos y viñas aunque muy al día de la actualidad y con una visión muy crítica como demuestra en su actividad en las redes sociales. Con una afición casi enfermiza por la lectura. Habla, lee y escribe en seis idiomas.

Un hombre sencillo con una infinita riqueza interior, cuyas semillas no duda en esparcir sobre el escenario con una gran generosidad porque compartir lo que sabe, lo que sueña y lo que es, le hace feliz.

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