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Reintroducción de especies: cuando el hombre enmienda errores

Aparte de proyectos más conocidos como el del lince ibérico, hay otras iniciativas muy llamativas de recuperación de fauna

El grévol y el ibis eremita son dos especies que sirven como ejemplos de estas acciones de reintroducción de aves

Grévol común

Grévol común

El éxito que está alcanzando el programa de cría en cautividad y reintroducción del lince ibérico en diversas áreas de la Península Ibérica es bien conocido y ha llenado de orgullo con razón a todos los participantes en el programa, aun teniendo en cuenta que todavía queda mucho camino para tener una población bien asentada y diversificada genéticamente.

Me gustaría hoy hablar a los lectores de lo que hay detrás de un programa de reintroducción de especies. Es un trabajo de fondo, de largo recorrido, que reúne equipos multidisciplinares de especialistas, que incluye exhaustivos estudios sobre la biología y la etología de la especie objeto, análisis de los lugares más idóneos para su supervivencia, estudio de los mejores métodos para realizar la suelta de los ejemplares, localización de la mejor fuente de suministro de individuos… Trabajo que lleva años, incluso décadas, y no siempre se asegura el éxito.

El marco legal actual para la reintroducción de especies es la Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y Biodiversidad, que en su artículo 52.4 dice: ESe evaluará la conveniencia de reintroducir taxones extinguidos, pero de los que aún existen poblaciones silvestres o en cautividad, teniendo en cuenta las experiencias anteriores y las directrices internacionales en la materia, con la adecuada participación y audiencia públicas".

Proyectos no tan conocidos

Voy a hablar aquí de otros dos proyectos de reintroducción que se han llevado a cabo recientemente.

El grévol (Bonasa bonasia) es un ave Galliforme de la familia Tetraonidae, del tamaño de una perdiz. Es, en otras palabras, un pariente del urogallo que es más tolerante que éste a la presencia y actividades humanas. Actualmente vive en áreas forestales y montañosas de Europa Central y Asia Septentrional hasta Japón. Existen pruebas de que esta bonita ave vivió en la Península Ibérica: se han encontrado fósiles en el área cantábrica y en el Sistema Central, y ha vivido en el Pirineo hasta tiempos históricos.

Los especialistas se dividen en dos bandos: los que piensan que el grévol se extinguió en el área pirenaica a comienzos del siglo XX y los que piensan que aún quedan unos pocos ejemplares muy difíciles de localizar, basándose en el último avistamiento de la especie en España, en Irati, Navarra, 1971.

Se preparó un proyecto para la reintroducción del grévol patrocinado por el Conselh Generau d’Aran y varias instituciones públicas y privadas españolas y francesas unidas en el consorcio Gallipyr. En efecto, en 2011 empezaron las sueltas de individuos en el Valle de Arán hasta un número de 11. Desgraciadamente, en 2015 se constató que 8 de ellos habían sido depredados, y sólo sobrevivían tres.

Por su parte, el ibis eremita (Geronticus eremita) parece un ave escapada de un jeroglífico egipcio: de 70-80 centímetros de altura, entre 125 y 135 centímetros de envergadura, largo y curvado pico y rostro rojo con un copete de largas plumas en el cogote y un elegante plumaje negro irisado, este Ciconiforme de la familia Threskiornitidae estuvo en tiempos prehistóricos e históricos distribuida en toda la cuenca mediterránea, donde prefería los ámbitos áridos y semiáridos, incluida la Península Ibérica.

Ibis eremita

Ibis eremita

Debido a la extensión de los cultivos, la construcción de presas, la caza furtiva, los tendidos eléctricos y los pesticidas, el ibis eremita fue desapareciendo excepto una población en Agadir (Marruecos) y otra, prácticamente extinguida, en el centro de Siria.

La Junta de Andalucía, en consorcio con el Zootécnico de Jerez y la Estación Biológica de Doñana estudió la viabilidad de su reintroducción en Andalucía. Entre 2004 y 2012 se realiza una suelta experimental de 272 ejemplares procedentes de zoológicos, en la Laguna de la Janda (Cádiz). De ellos, 139 fueron muertos por depredación (de búho real sobre todo) y 75 desaparecidos. Desde 2008 se verifica cría de los supervivientes y, una vez consolidada esta población, se prevé en una segunda fase reintroducir un segundo grupo en el Cabo de Gata (Almería).

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