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Retos del ayer, del hoy y del mañana

"Tenemos que ser parte de la configuración de sistemas de lucha contra la pobreza, del desarrollo de ingresos mínimos y de la protección de los derechos humanos"

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Existen determinadas coyunturas que empujan a reflexionar sobre lo que pasa a nuestro alrededor y que, generalmente, obedecen a diferentes lógicas. Parece que enero es un mes que invita a ello, al menos para quienes nos regimos a través del calendario gregoriano y de la impostura casi inevitable de pensar en nuevos propósitos para el comienzo de un nuevo año. 2020 comienza, además, con la convulsa formación de un nuevo Gobierno que ya nos colocaba casi en un letargo en la espera. Es un espacio temporal este, en el que, sin duda, al menos contamos con alguna oportunidad extra para hacer ejercicio mental de re-pensar, aspecto que parece cada vez tiene menos cabida en nuestro día a día frenético y lleno banalidad.

Como ciudadana, muchas veces escuchas a personas a las que la política se les viene pesada, o el descrédito total sobre la misma, que muchas veces lleva a una falta de interés y seguimiento sobre lo que ofrece o sobre lo que resta. Incluso a planteamientos que vuelven a ser muy superficiales y que se utilizan para un posicionamiento político que pone en riesgo principios básicos como la igualdad o la justicia.

Como trabajadora social, estas se convierten en preocupaciones que afectan directamente a la profesión y que van desde los elementos que lo configuran como disciplina, hasta los aspectos de su desempeño en el día a día en nuestros espacios de trabajo y acción.

Sabemos que contamos con la obligación, desde la responsabilidad con la profesión, de velar por el cumplimiento de los derechos sociales y digo cumplimiento porque como estamos viendo existen determinados sectores y partidos políticos que directamente abogan por una involución en este sentido. A menudo, el propio sistema y los intereses que lo sostienen, nos han colocado como agentes “de control” “de vigila” o de “contención” por ello, paradójicamente contamos con algunas estrategias para ello. ¿Qué tal si, esta vez, lo hacemos mirando hacia el lado de los que proponen las políticas sociales públicas?

Existen muchas demandas que llevan tiempo reclamándose desde nuestras organizaciones y que también se manifiestan en los encuentros profesionales más de día a día. Por tanto, contamos con el desafío como profesionales, cada una, cada uno, en nuestro ámbito de responsabilidad y sin echar balones fuera, de impulsar y contribuir con algunas de las propuestas que ya se han anunciado y señalar por supuesto, algunas otras que ya desde la configuración no aparecen y que no se nombran, sirva como ejemplo la carta abierta impulsada por el Consejo General de Trabajo Social al nuevo Gobierno y su reflejo virtual en los hashtags #ServiciosSocialesPorSuNombre y #Los4PilaresBienestarSocial. Los anuncios e intenciones están bien, pero si no se materializan seguiremos en las mismas.

Tenemos que estar en el establecimiento del marco estatal de Servicios Sociales que aminore las desigualdades territoriales, en la promoción de la igualdad en su sentido más amplio, en no permitir ni un paso atrás ante el cuestionamiento de las violencias machistas y seguir impulsando el desarrollo de la acción social en este sentido, como lo hemos venido haciendo; en seguir tomando el feminismo con un marco interpretativo y un posicionamiento político alineado totalmente con los principios básicos de nuestra profesión, sin miedos ni complejos.

Además, tenemos que ser parte de la configuración de sistemas de lucha contra la pobreza y del desarrollo de ingresos mínimos y de seguir siendo parte activa de la protección de los derechos humanos, de las personas que necesitan protección internacional o de la mirada y acción sobre el vaciamiento de los entornos rurales. Estos, que parecen elementos base sobre los que ya venimos trabajando, se están viendo amenazados y cuestionados.

De alguna u otra manera, la mayoría de nosotras y de nosotros desarrollamos nuestra labor en relación con estas políticas y por tanto tenemos posibilidad de que mover-nos para que cristalicen de una forma real, para que, en definitiva, se conviertan en acciones concretas que mejoren las situaciones de muchas personas y del propio modelo de sociedad. Teniendo en cuenta las limitaciones y trabas que muchas veces nos encontramos en nuestros marcos institucionales y organizativos: ¿Qué tal si nos paramos a pensar en un momento lo que podemos aportar como profesionales del Trabajo Social a estos nuevos desafíos?

¿Podemos colocarlo junto a lo de hacer deporte, aprender inglés o mantener la alimentación sana para este 2020?

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