Frente Litoral: una oportunidad para la ciudad que exige memoria, credibilidad, consenso y coherencia
La Junta de Gobierno Local ha aprobado el inicio de la tramitación del denominado Plan del Frente Litoral de la Ciudad de València. Conviene comenzar aclarando que no estamos todavía ante un proyecto urbanístico concreto ni ante una propuesta cerrada de transformación del litoral. Si nos atenemos a lo conocido, lo que se ha aprobado es el inicio de un proceso destinado a elaborar una estrategia global para el conjunto de la fachada marítima valenciana.
Y precisamente por ello, por la magnitud del ámbito afectado y por la trascendencia de las decisiones que puedan derivarse de este proceso, la iniciativa merece una reflexión serena, rigurosa y alejada tanto de los entusiasmos prematuros como de los rechazos apriorísticos.
La cuestión no es si Valencia necesita una estrategia para su frente litoral. Probablemente existe un amplio consenso sobre ello. La verdadera cuestión es cómo se construye esa estrategia, quién participa en su definición y qué enseñanzas se extraen de la propia historia reciente de la ciudad.
Una idea con precedentes
El frente litoral valenciano constituye probablemente el mayor espacio de oportunidad urbana de la ciudad. En él confluyen algunos de los principales activos ambientales, paisajísticos, económicos y culturales de Valencia: la Albufera, la huerta de La Punta, la desembocadura del Turia, el puerto, las playas urbanas y los barrios marítimos de Nazaret, El Grau, Canyamelar, Cabanyal y Malva-rosa. Pensar conjuntamente todos estos espacios no solo parece razonable, sino necesario.
Sin embargo, tampoco estamos ante una idea completamente nueva. Si buscamos antecedentes de una reflexión de esta escala, resulta difícil encontrar otro ejemplo comparable que no sea la propuesta presentada en 2004 por el prestigioso arquitecto francés Jean Nouvel.
Una propuesta de desarrollo urbano del frente litoral de Valencia que buscaba, en palabras de su autor, “valorar todo lo que ya existe, mirándolo de otro modo y dándole más profundidad”. El proyecto de Nouvel conectaba Valencia con el mar desde el respeto a la historia y carácter de El Cabanyal y del conjunto de sus barrios marítimos, con la puesta en valor de la playa de la Malva-rosa y de Natzaret, la integración de la huerta de La Punta y la articulación del conjunto con el puerto. Tal vez todos esos buenos propósitos fueron los que la hicieron caer en saco roto.
Resulta especialmente significativo recordar el contexto en que aquella propuesta fue formulada. Mientras las autoridades municipales seguían empeñadas en justificar la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez a través del Cabanyal bajo el argumento de que ello permitiría regenerar el barrio, Jean Nouvel identificaba precisamente en el propio Cabanyal uno de los principales activos urbanos de Valencia.
En sus propias palabras: “Se consideran necesarios programas específicos para extraer de barrios como el Cabanyal el potencial que atesoran si se tiene en cuenta la calidad de su trama urbana, su abigarrada estructura social y su proximidad al mar, al puerto y a la Universidad, condiciones que lo hacen único en Europa”.
Mientras el gobierno municipal del momento veía en el barrio un obstáculo para el desarrollo urbano de la ciudad, Nouvel veía precisamente en sus valores urbanos, sociales y patrimoniales una oportunidad excepcional. Mientras unos defendían la destrucción de una parte significativa de su tejido histórico como condición para su regeneración, otros sostenían que la regeneración debía partir precisamente de aquello que hacía singular al barrio.
Dos décadas después, cuando vuelve a plantearse una reflexión global sobre el conjunto del frente litoral, en este caso por parte del actual equipo de gobierno municipal, que se siente heredero de aquel, quizá convenga recordar aquella mirada.
La memoria también forma parte del proyecto
Hablar hoy del futuro del frente litoral, al menos en el caso del Cabanyal, obliga también a recordar cómo hemos llegado hasta aquí.
Porque si el Cabanyal sigue existiendo como uno de los conjuntos urbanos más singulares de Valencia no es únicamente gracias a las administraciones públicas, a los tribunales o a los cambios de orientación política que se produjeron con el paso del tiempo. Fue posible gracias a la movilización sostenida durante años por una parte muy importante de la ciudadanía. Miles de vecinos, asociaciones, plataformas cívicas, profesionales, académicos y entidades sociales defendieron el patrimonio urbano, histórico y humano del barrio cuando hacerlo suponía enfrentarse a una de las principales apuestas urbanísticas de las administraciones de la época.
Sin aquella resistencia cívica, probablemente hoy estaríamos hablando de un barrio muy diferente. Y, sin embargo, sigue pendiente un reconocimiento institucional claro a ese esfuerzo colectivo, por parte del actual equipo de gobierno.
Con el paso de los años se ha consolidado un consenso general sobre el valor patrimonial del Cabanyal. Lo que durante décadas fue presentado como un problema urbano es hoy reivindicado por prácticamente todas las fuerzas políticas como uno de los principales activos de Valencia.
Pero una cosa es reconocer el valor del barrio y otra reconocer a quienes contribuyeron decisivamente a su conservación.
Quizá haya llegado también el momento de reconocer que quienes durante años defendieron la prolongación de Blasco Ibáñez a través del Cabanyal se equivocaron. No como ejercicio de ajuste de cuentas con el pasado, sino como condición necesaria para afrontar el futuro desde la honestidad política e intelectual que merecen los vecinos.
La historia del Cabanyal no es solamente una historia de protección patrimonial. Es también una historia de participación ciudadana y de construcción colectiva de ciudad. Y esa experiencia debería servir de referencia para cualquier proceso que aspire a definir el futuro del litoral valenciano.
Un proyecto de ciudad exige amplios consensos
Precisamente por ello, si el Plan del Frente Litoral pretende convertirse en una estrategia para las próximas décadas, debería construirse sobre los mayores consensos posibles.
Los proyectos que afectan a generaciones enteras no deberían concebirse como patrimonio de un gobierno concreto ni como herramientas de confrontación partidista. Su legitimidad dependerá de su capacidad para convertirse en auténticos proyectos de ciudad.
Desde esta perspectiva resulta inevitable plantear una reflexión sobre el momento elegido para iniciar el proceso. La propuesta se presenta cuando apenas resta un año para las próximas elecciones municipales. Es legítimo que el actual equipo de gobierno impulse aquellas iniciativas que considere beneficiosas para Valencia y resulta igualmente legítimo que incorpore esta propuesta a su futuro programa electoral.
Sin embargo, precisamente por su trascendencia, quizá el principal objetivo de esta fase inicial debería ser la construcción de acuerdos amplios y duraderos que puedan sobrevivir a los cambios políticos y a los ciclos electorales. Porque el frente litoral no pertenece a un mandato municipal. Pertenece a la ciudad.
El Cabanyal y las dudas sobre la coherencia urbanística
La experiencia del Cabanyal obliga además a formular algunas preguntas que resultan difíciles de ignorar. Entre ellas, una especialmente relevante.
Durante la tramitación del Plan Especial del Cabanyal-Canyamelar, buena parte de quienes hoy forman parte del gobierno municipal expresaron importantes reservas respecto a algunas de sus determinaciones. En algunos casos se opusieron a determinadas fases de su tramitación y, en otros, optaron por la abstención en el momento de su aprobación definitiva. Incluso algunos de ellos, en su momento fueron fieles defensores de los impulsos de prolongación de la avenida Blasco Ibañez.
Por ello resulta legítimo preguntarse cuál es hoy su valoración real de aquel instrumento urbanístico. La cuestión adquiere especial relevancia cuando se afirma, desde el actual equipo de gobierno, que el Plan Especial del Cabanyal-Canyamelar será respetado, aunque se sugiera la conveniencia de incorporar más zonas verdes para mejorar la conexión entre el barrio y el paseo marítimo
La pregunta es inevitable. Si el propio Plan Especial ya prevé una amplia franja de espacios libres y zonas verdes que, de norte a sur, separa el entorno del paseo marítimo del interior del barrio, desde la Malva-rosa hasta la dársena del puerto, ¿qué problema concreto se pretende resolver mediante la creación de nuevas zonas verdes?
Porque si el objetivo es mejorar la conexión entre el paseo y el interior del barrio, quizá el problema no sea la falta de espacios verdes, sino la necesidad de mejorar la permeabilidad urbana, las conexiones transversales, la accesibilidad o la calidad del espacio público.
Los vecinos tienen derecho a conocer con claridad cuál es el diagnóstico y cuáles son los objetivos concretos que se persiguen.
El riesgo de la especulación y la sustitución social
Esta cuestión adquiere aún mayor relevancia si se tiene en cuenta una realidad específica del frente marítimo del barrio de El Cabanyal que apenas aparece en los discursos oficiales.
A ambos lados, y a lo largo de toda la calle Eugenia Viñes, entre la calle Astilleros y el Paseo Marítimo, subsisten todavía numerosas propiedades cuya situación jurídica deriva de antiguas concesiones administrativas del suelo, otorgadas hace más de un siglo y cuya necesaria regularización definitiva, por su caducidad tras los 100 años de la concesión, continúa pendiente en muchos casos. Es el caso por ejemplo, del edificio de la Lonja de la Marína Auxiliante o la manzana entera de las viviendas llamadas de Paviñes, y que se sitúa al sur de la discoteca Akuarela Playa, en el frente del paseo marítimo. Son decenas de propiedades las que se encuentran en esa situación a lo largo de la calle.
Esta circunstancia genera incertidumbre para sus actuales propietarios, la mayor parte de ellos herederos de los iniciales concesionarios, pero también convierte estos espacios en especialmente sensibles a los movimientos especulativos. La simple expectativa de futuras transformaciones urbanísticas suele provocar aumentos del valor del suelo y operaciones orientadas más a la obtención de plusvalías que a la mejora efectiva del barrio.
Y esa presión ya venía percibiéndose desde el inicio de la tramitación del Plan Especial del Cabanyal-Canyamelar. Por ello, cualquier nueva estrategia seria sobre el conjunto del frente litoral, teniendo en cuenta la experiencia vivida en los últimos años en el Cabanyal, debería incorporar mecanismos destinados a garantizar la seguridad jurídica de los residentes, prevenir procesos especulativos y evitar que las futuras transformaciones acaben generando fenómenos de sustitución social. Mecanismos que se introdujeron con el inicio de la tramitación del PEC en 2017, para regularización de dichas concesiones, pero que a día de hoy ya han desaparecido.
Porque si durante años la principal amenaza para el Cabanyal fue la destrucción física de una parte de su tejido urbano, y la degradación social, algo que viene sucediendo a día de hoy en la Malva-rosa y Nazaret, hoy, tras la regeneración urbana, el riesgo es diferente. El peligro ya no es la desaparición material del barrio. El peligro es que la revalorización derivada de su éxito termine expulsando a quienes han contribuido a conservarlo, y eso probablemente acabará sucediendo en todos los barrios del Frente Litoral.
La regeneración social, la gran ausente
Existe además otra realidad que sorprendentemente apenas aparece en los planteamientos conocidos del anunciado Plan del Frente Litoral.
A lo largo de todo el litoral valenciano, desde la Malva-rosa hasta Nazaret, siguen existiendo importantes bolsas de pobreza, exclusión social, marginalidad, ocupación irregular de viviendas, infravivienda, chabolismo y focos de delincuencia asociados, en algunos casos, al tráfico y venta de estupefacientes.
Se trata de situaciones que no afectan exclusivamente a un barrio concreto ni pueden atribuirse a una única causa. Son fenómenos complejos, acumulados durante décadas, que requieren intervenciones integrales y sostenidas en el tiempo.
Sin embargo, resulta difícil encontrar referencias explícitas a esta realidad en los objetivos anunciados para el nuevo Plan del Frente Litoral. Y ello plantea una cuestión de fondo: ¿Puede hablarse de regeneración integral del frente litoral sin abordar de forma expresa estas situaciones?
Porque la regeneración urbana no puede limitarse a la transformación física de los espacios. Tampoco puede medirse únicamente por la calidad del diseño urbano, la creación de zonas verdes o la mejora de las infraestructuras. Una verdadera transformación del litoral debería incorporar también estrategias capaces de afrontar los problemas sociales que persisten en muchos de sus barrios.
La experiencia acumulada en numerosas ciudades demuestra que estos fenómenos no desaparecen por sí solos como consecuencia de una operación urbanística. Tampoco se resuelven simplemente desplazándolos de un lugar a otro.
Existe a veces la sensación de que determinados problemas sociales son tratados como si respondieran a una especie de ley de conservación: no se crean ni se destruyen, simplemente se trasladan de un lugar a otro de la ciudad. Pero esa lógica no resuelve los problemas. Únicamente los desplaza.
Por ello, si el nuevo Plan del Frente Litoral aspira realmente a convertirse en una estrategia integral para la Valencia del siglo XXI, debería incorporar de manera explícita objetivos de cohesión social, inclusión residencial, erradicación de la infravivienda, lucha contra la marginalidad y mejora de las condiciones de vida de los colectivos más vulnerables.
La vivienda y la regeneración urbana: una oportunidad ya prevista
Si uno de los objetivos declarados del futuro Plan del Frente Litoral es contribuir a resolver el problema de la vivienda, conviene recordar que el propio Plan Especial del Cabanyal-Canyamelar ya incorpora instrumentos de enorme relevancia para avanzar en esa dirección.
Como recordaba recientemente el urbanista Gerardo Roger, uno de los redactores del Plan Especial del Cabanyal, el planeamiento vigente contempla cuatro Actuaciones de Transformación Urbanística: Doctor Lluch, Mediterrani, Fausto Elio y PIN Piscinas. De ellas, únicamente Fausto Elio se encuentra actualmente en ejecución, pues había arrancado en la anterior legislatura.
Estas actuaciones permiten desarrollar 693 nuevas viviendas, de las cuales 255 corresponden a Vivienda de Protección Pública. A ello deben añadirse 447 Viviendas-Alojamientos Dotacionales, destinadas a facilitar el acceso a la vivienda a los sectores con mayores dificultades. En total, el PEC permite generar 702 viviendas asequibles entre vivienda protegida y alojamientos dotacionales.
La mera magnitud de estas cifras pone de manifiesto la enorme capacidad que el planeamiento vigente ofrece para contribuir a resolver uno de los principales problemas que afectan actualmente al barrio. Por ello resulta inevitable formular una pregunta sencilla: si el Ayuntamiento dispone ya de un instrumento urbanístico aprobado que permite impulsar centenares de viviendas asequibles, ¿no debería constituir su desarrollo efectivo una prioridad inmediata?
Pero la cuestión va más allá de los barrios de Cabanyal y Canyamelar. Existen actuaciones que podrían ponerse en marcha de manera inmediata y desarrollarse en paralelo a la elaboración del Plan del Frente Litoral. Entre ellas destaca la posibilidad de consolidar la empresa pública Plan Cabanyal-Canyamelar como instrumento de gestión de la regeneración urbana de los barrios marítimos y extender al conjunto del frente litoral la experiencia acumulada durante los últimos años. Ello permitiría impulsar nuevas Áreas de Regeneración y Renovación Urbana (ARRUs) en barrios como la Malva-rosa, el Grau o Nazaret, aprovechando además las oportunidades de financiación previstas en el nuevo Plan Estatal de Vivienda 2026-2030.
La rehabilitación de viviendas, la recuperación de espacios degradados, la mejora del espacio público y las actuaciones dirigidas a combatir situaciones de exclusión social podrían comenzar de inmediato, sin necesidad de esperar a la aprobación definitiva de un futuro plan estratégico, como ya ocurrió en el caso del Cabanyal.
No existe contradicción alguna entre planificar el litoral del futuro y actuar sobre los problemas del presente. Más bien al contrario. La mejor manera de acreditar una voluntad real de transformación consiste precisamente en empezar a intervenir allí donde las necesidades son más evidentes y existen instrumentos para hacerlo.
Más aún, la puesta en marcha de estas actuaciones tendría un valor que trasciende incluso sus efectos urbanísticos o residenciales. Constituiría una prueba tangible de que la voluntad de regeneración anunciada para el conjunto del frente litoral no se limita a la elaboración de nuevos documentos estratégicos, sino que se traduce en decisiones concretas, inversiones reales y actuaciones visibles para la ciudadanía.
La regeneración del Cabanyal, iniciada en 2015, demuestra que los procesos de transformación urbana no comienzan cuando se aprueba el documento final que los ordena (2023), sino cuando existe una voluntad política sostenida capaz de movilizar recursos, inversiones y mecanismos de gestión. Precisamente por ello, impulsar desde ahora nuevas actuaciones de regeneración en la Malvarrosa, Nazaret o el Grau constituiría la mejor prueba de que el Plan del Frente Litoral aspira realmente a transformar estos barrios y no únicamente a proyectar una imagen de futuro.
La regeneración urbana del Frente Litoral no debería empezar dentro de diez o quince años. Debería empezar hoy, mediante actuaciones concretas capaces de mejorar la vida cotidiana de sus vecinos.
La credibilidad se construye gestionando el presente
La credibilidad de cualquier proyecto de transformación urbana se construye siempre sobre los hechos y no sobre los anuncios. Los vecinos suelen valorar las propuestas de futuro a partir de la capacidad que las administraciones demuestran para resolver los problemas del presente. En ese sentido existe una cuestión previa que no puede obviarse. Por interesante, necesaria y atractiva que pueda parecer la propuesta de abrir un proceso para la elaboración de un Plan del Frente Litoral, la alcaldesa y su equipo de gobierno no deberían olvidar que lo que esperan muchos vecinos, al menos en el caso del Cabanyal y Canyamelar, es la puesta en marcha de un verdadero plan de inversiones que permita hacer realidad las determinaciones ya previstas en el PEC.
Tras tres años de mandato, buena parte de esas actuaciones continúan pendientes. La construcción de vivienda pública, la generación de las condiciones necesarias para que pueda desarrollarse la vivienda privada prevista en el planeamiento, la recuperación de solares abandonados y la consolidación de los espacios vacíos existentes constituyen actuaciones que no sólo contribuirían a aliviar la crisis de acceso a la vivienda, sino también a culminar la regeneración urbana de estos barrios y de su Frente Litoral.
Porque conviene recordar una realidad que con frecuencia queda oculta tras la imagen de la primera línea consolidada del paseo marítimo. En buena parte del frente litoral comprendido entre la Malva-rosa y el Puerto, el Cabanyal-Canyamelar sigue presentando importantes discontinuidades urbanas, solares vacíos y espacios pendientes de desarrollo. En muchos puntos, más que una transición urbana consolidada entre el barrio y el mar, lo que existe es una sucesión de vacíos urbanos que actúan como una auténtica barrera entre ambos. Pero también en el interior del barrio del Cabanyal. Especialmente significativo resulta el eje Norte-Sur articulado en torno a la calle San Pedro, donde siguen existiendo edificios públicos sin uso, solares abandonados y espacios pendientes de regeneración para los que no se conocen planes concretos de recuperación.
La ejecución efectiva de las actuaciones ya previstas en el planeamiento contribuiría decisivamente a resolver esta situación y a consolidar definitivamente el frente litoral.
Además, supondría algo igualmente importante: dotar de credibilidad al propio proceso de elaboración del anunciado Plan del Frente Litoral. Por ello, junto a las preguntas sobre el futuro Frente Litoral, cabría formular otra igualmente pertinente: Si todavía no se ha conseguido activar una estrategia eficaz para recuperar y poner en uso una parte importante del patrimonio público existente en el barrio, ¿qué garantías existen de que las nuevas propuestas de escala metropolitana vayan a traducirse en mejoras reales para los vecinos?
Del proyecto electoral al proyecto compartido
Valencia tiene ante sí una oportunidad extraordinaria para redefinir su relación con el mar y con su litoral. Pero precisamente porque se trata de una oportunidad excepcional, exige algo más que ambición urbanística. Exige memoria para reconocer los errores del pasado y las aportaciones de quienes defendieron estos barrios. Exige coherencia entre los objetivos que se proclaman y las actuaciones que realmente se impulsan. Exige credibilidad basada en la gestión efectiva de los problemas existentes. Y exige participación ciudadana y consensos amplios capaces de sobrevivir a los cambios de gobierno.
El Frente Litoral puede convertirse en uno de los grandes proyectos de la Valencia del siglo XXI. Pero para lograrlo deberá ser, antes que una promesa electoral o una iniciativa de gobierno, un auténtico proyecto de ciudad construido con sus barrios y no únicamente sobre ellos.
La verdadera medida de su éxito no será la espectacularidad de las imágenes que puedan acompañarlo ni el volumen de inversión privada que consiga atraer. Será su capacidad para mejorar la vida de quienes ya habitan estos barrios, preservar su identidad, combatir la exclusión social, garantizar el acceso a la vivienda y evitar que los beneficios de la transformación acaben expulsando precisamente a quienes han hecho posible que estos lugares sigan existiendo.
Sólo entonces podremos hablar, no de un proyecto para el litoral, sino de un auténtico proyecto de ciudad para sus vecinos y vecinas.
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