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¿A mano o con lavavajillas? Cómo lavar los platos de forma eficiente en cada caso

Una de las peores pesadillas en una cocina es ver acumulados en el fregadero platos, vasos y muchos otros utensilios que se amontonan esperando a que alguien (o algo) los limpie.

Cuando nos decidamos a hacerlo, puede que dudemos entre hacerlo a mano o, en el caso de que tengamos la suerte de tener uno en casa, lavarlos en el lavavajillas.

Foto: Fabio Sola Penna

Foto: Fabio Sola Penna

Si lavo los platos a mano, ¿conseguiré que queden tan limpios como si lo hago en el lavavajillas? No del todo. Para matar la mayor parte de las bacterias de un plato sucio, el agua debe llegar a una temperatura de unos 60ºC, algo que se consigue fácilmente con el lavavajillas pero que difícilmente conseguiremos con el agua del grifo. Pero de nada servirán las ventajas del lavavajillas si no sabemos usarlo de manera eficaz. Aquí van unos pequeños consejos. 

Un agua antes de entrar en el lavavajillas

La preparación previa es muy importante si queremos sacar los platos bien limpios. Por tanto, antes de introducirlos deberemos quitarles restos de suciedad que puedan acumular. Si no lo hacemos, podríamos provocar que los filtros se obstruyan y que el aparato no funcione como es debido, con lo que el lavado será deficiente.

Cómo colocar las cosas en el lavavajillas

Otro punto fundamental es la manera cómo llenamos el lavavajillas. No vale poner platos, cubiertos, paellas y otros utensilios sin más. Debe hacerse con criterio. Es decir, cada cosa en su lugar, como si jugáramos al tetris. Solo así conseguiremos que la limpieza sea más efectiva, porque el lavavajillas funcionará a pleno rendimiento.

  • Las piezas más sucias irán debajo, junto con los platos, que pondremos en vertical y sin que se toquen los unos con los otros para que el agua llegue a todas partes.
  • En la parte superior pondremos vasos y otros objetos similares.
  • En la cesta los cubiertos.
  • Es importante no llenar en exceso y comprobar que las aspas se mueven con libertad.

Elegir bien el programa

También es primordial saber elegir el programa específico para cada necesidad, ya que no es lo mismo lavar copas y vasos y otros utensilios, que otros cacharros más sucios. La temperatura del agua será fundamental en estos casos. 

Cuidado con lo que ponemos

Tampoco podemos poner en el lavavajillas todos los utensilios de cocina. Algún tipo de vajilla puede dañarse por las altas temperaturas (debe tenerse en cuenta que la temperatura a la llega el agua ronda los 50ºC-60ºC). Incluimos en este lote preventivo la vajilla pintada a mano, recipientes de plástico que no estén adaptados, utensilios de madera, latas o cazuelas de hierro colado.

Por último, no dejaremos el lavavajillas lleno con los platos sucios durante mucho tiempo porque, en el caso de que hubieran quedado restos de comida en alguna parte, en poco tiempo pueden reproducirse los microorganismos patógenos, y cuanto mayor sea su número, más difícil es acabar con ellos. 

Foto: m01229

¿Y si no tengo lavavajillas?

Sin un lavavajillas no tenemos más remedio que lavar los platos a mano, lo que supondrá más tiempo y, según los estudios sobre eficiencia energética, más consumo porque se gasta mucha más agua. Pero, ¿y desde el punto de vista de la higiene? No debe haber ningún problema si, como todo en la cocina, se siguen unas pautas adecuadas de limpieza.

  • Retiraremos la suciedad y los restos de comida con agua templada y enjabonaremos con un producto específico, teniendo en cuenta que los patógenos ni se ven ni se huelen, así que tendremos especial atención a rincones o esquinas.

  • Es importante dejar para el final los objetos más sucios, para no tener que estar cambiando el agua cada vez que se ensucia excesivamente. Y si tenemos dos fregaderos, utilizaremos uno para enjabonar y otro para aclarar.

  • Es muy importante fijarnos en la esponja que usamos para enjabonar, ya que puede pasar de ser un objeto de higiene a uno de transferencia de patógenos como E.coli, Salmonella y Staphylococcus, capaces de sobrevivir en zonas y objetos húmedos. En la mayoría de los casos, las esponjas se mantienen húmedas durante mucho tiempo, algo que se convierte en un perfecto medio para bacterias patógenas. Además, se ponen en contacto con superficies que tienen residuos de alimentos, y si estos quedan impregnados y no se eliminan, el caldo de cultivo está servido.

  • Para mantener la esponja seca y esterilizada, según un estudio del Servicio de Investigaciones Agrícolas (ARS) estadounidense, una de las formas más efectivas es calentarlas en el microondas.

  • Lo mismo ocurre si, en lugar de esponja, usamos cepillos. Debemos tener en cuenta que los restos de comida también pueden acumularse, por tanto, deberemos desinfectarlos de vez en cuando.

  • Tras el enjabonado minucioso de platos y resto de utensilios, aclararemos bien con agua caliente para eliminar bien el jabón.

  • Los dejaremos escurrir, pero no mucho tiempo, porque la humedad favorece la formación de microorganismos patógenos, y los secaremos con un trapo limpio.

  • Es importante que el trapo que usemos esté bien limpio y seco porque de no ser así, favoreceríamos la contaminación del trapo a los platos.

  • Cuando ya tengamos los platos limpios y secos, ¿qué pasa con el fregadero? A menudo nos olvidamos de él enseguida, pero es importante no hacerlo, porque se considera uno de los lugares más sucios de una cocina. Así que, antes de acabar del todo, nos fijaremos en que lo dejamos bien limpio, que no tenga restos de comida que puedan acumularse.

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