Cómo eliminar el olor a pis de tu perro o tu gato en casa
Quien convive con un perro o un gato sabe que tarde o temprano puede ocurrir un accidente, como un cachorro que todavía no ha aprendido a hacer sus necesidades fuera, un gato que, súbitamente, deja de usar el arenero o un animal mayor que empieza a perder el control de la vejiga. El problema del olor a orina va más allá de la limpieza inmediata. Muchas veces la mancha parece eliminada y, días después, sobre todo cuando sube la humedad, el olor reaparece. La explicación está en la química de la orina, y entenderla es el primer paso para limpiar bien.
La orina de perros y gatos contiene urea, que las bacterias descomponen con el paso del tiempo en amoníaco, responsable de ese color penetrante que todos reconocemos. También contiene ácido úrico, que forma cristales que no se disuelven en agua. Por eso fregar con agua, o incluso con un detergente convencional, retira la parte superficial de la mancha, pero deja esos cristales adheridos al tejido, a la madera o a las juntas en el suelo. Cuando el ambiente se humedece, los cristales se reactivan y liberan de nuevo el olor.
En el caso de los gatos, la orina suele estar más concentrada, ya que se trata de una especie adaptada a beber poca agua. Además, contiene felinina, un aminoácido que al degradarse genera compuestos de azufre de olor muy intenso. Los machos sin castrar producen más cantidad, lo que explica por qué su orina resulta especialmente difícil de eliminar.
Hay otro motivo para limpiar a fondo que va más allá de la comodidad humana. Perros y gatos tienen un olfato mucho más sensible que el nuestro, y si detectan restos de orina en un punto tienden a volver a marcarlo. Una mancha mal limpiada funciona, en la práctica, como una invitación a repetir.
Actuar rápido y sin frotar
Cuando la orina está fresca, lo más eficaz es absorberla cuanto antes con papel de cocina o un trapo, presionando en lugar de frotar. Frotar extiende el líquido y lo empuja hacia el interior de las fibras, algo especialmente perjudicial en alfombras, colchones y sofás. Conviene seguir presionando con papel limpio hasta que salga casi seco.
Después llega el momento del producto, y aquí la recomendación más repetida por veterinarios y especialistas en limpieza son los limpiadores enzimáticos. Estos productos, que se venden en tiendas especializadas y supermercados, contienen enzimas y, en algunos casos, bacterias que descomponen los compuestos orgánicos de la orina, incluidos los cristales de ácido úrico que el agua no elimina. Para que funcionen hay que seguir las instrucciones del fabricante. Se aplica una cantidad suficiente para que llegue tan hondo como alcanzó la orina, se deja actuar el tiempo indicado, mientras que la zona se seca al aire. En tejidos gruesos o colchones puede ser necesario repetir la aplicación.
Los productos que conviene evitar
El error más habitual es recurrir a limpiadores con amoníaco. Como la orina ya huele a amoníaco, estos productos pueden reforzar en el animal la idea de que ese lugar es un sitio para orinar. La lejía tampoco es buena opción, ya que puede decolorar tejidos y suelos, y no ataca de forma eficaz los compuestos responsables del olor. Además, mezclar lejía con amoníaco libera cloraminas, gases tóxicos, y mezclarla con productos ácidos como el vinagre desprende cloro. Nunca deben combinarse productos de limpieza sin conocer su composición.
También se desaconseja aplicar calor, por ejemplo con limpiadoras de vapor o planchas, antes de haber eliminado la orina, porque puede fijar el olor en las fibras y dificultar su retirada posterior.
Remedios caseros
El vinagre blanco diluido en agua es uno de los remedios más populares. Su acidez ayuda a neutralizar el amoníaco, que es alcalino, y puede reducir el olor en manchas recientes y superficiales. El bicarbonato sódico, espolvoreado sobre la zona húmeda y aspirado una vez seco, absorbe humedad y olores. Una combinación frecuente consiste en aplicar primero la mezcla de vinagre y agua, secar con papel y cubrir después con bicarbonato durante varias horas.
Estos métodos tienen límites. Son útiles como primera respuesta o en superficies lisas, pero no descomponen los cristales de ácido úrico con la misma eficacia que un producto enzimático, por lo que en manchas antiguas o profundas el olor suele volver. El agua oxigenada al 3%, mezclada con bicarbonato y unas gotas de lavavajillas, es otra fórmula muy citada, aunque puede decolorar tejidos y maderas, de modo que conviene probarla en una zona poco visible.
Una linterna de luz ultravioleta ayuda a localizar manchas que han pasado desapercibidas, ya que con la habitación a oscuras la orina seca emite un brillo característico. En las baldosas conviene insistir en las juntas, que son porosas, y si la orina ha llegado al rellano de colchones o sofás puede ser necesaria una limpieza profesional. Fundas y mantas pueden lavarse a máquina con un producto enzimático o vinagre.
Cuando el problema no es la limpieza
Si un animal que hacía sus necesidades correctamente empieza a orinar en casa, lo primero es acudir al veterinario para descartar infecciones de orina, cálculos, diabetes o enfermedad renal. En los gatos es frecuente la cistitis idiopática, ligada al estrés, y en perras mayores esterilizadas puede aparecer incontinencia, que tiene tratamiento.
En los gatos, el arenero suele estar detrás del problema, ya que se recomienda uno por gato más uno adicional, en lugares tranquilos, y limpiarlos a diario. Las mudanzas o la llegada de un nuevo animal o de un bebé también pueden provocar marcaje en perros y gatos.
Con los cachorros funciona sacarlos con frecuencia y premiarlos cuando orinan en el sitio adecuado, mientras que los castigos solo consiguen que aprendan a esconderse. Por otro lado, la castración reduce en muchos casos el marcaje territorial.
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