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Los otros 11 de septiembre

11 de septiembre, ¡qué fecha tan desgraciada! Y con ello no solamente me refiero a los atentados de Nueva York y Washington del año 2001. Aunque los estadounidenses -aún llamados “americanos”, como si no existiese un continente doble con el mismo nombre- marcaron dicha fecha como “9/11” de manera tan fuerte que los demás 11 de septiembre parecen irrelevantes.

Especialmente muchos latinoamericanos se toman a mal el hecho que los estadounidenses se apropiasen de este día, porque ellos cuando piensan en esta fecha piensan ante todo en el 11 de septiembre de 1973; el día en el cual en Chile el general Augusto Pinochet, apoyado por los Estados Unidos, derrocó al presidente Salvador Allende, votado democráticamente. También en Pakistán se recuerda en estos días un 11 de septiembre, el del año 2012, cuando en la fábrica de textiles en Karachi Ali Enterprises, de donde venía mayoritariamente la producción de la tienda de textiles discount alemana KiK, murieron por quemaduras o asfixia durante un incendio más de 250 trabajadoras y trabajadores.

Por otro lado, el movimiento de sindicatos colombiano recuerda en esta semana a su líder Luciano Romero, un antiguo trabajador de la corporación de alimentos suiza Nestlé, a quien el 11 de septiembre de 2005 unos paramilitares torturaron, apuñalaron y, finalmente, asesinaron. Activistas de la organización suiza Multiwatch van a instalar una placa conmemorativa en una plaza en Berna, 10 años después de su asesinato. Ellos están convencidos, al igual que la familia y los compañeros de Romero, de que en Suiza -donde Nestlé tiene su sede principal- reside la causa de su muerte.

Romero es uno de más de 3.000 sindicalistas asesinados durante las últimas décadas en Colombia. En su caso, al menos fueron identificados, juzgados y sentenciados los autores directos: dos asesinos paramilitares. Esto es una excepción absoluta en Colombia, donde la mayoría de estos asesinatos se quedan sin resolver y los delincuentes se salen con la suya. Después de la sentencia, un juez ordenó la investigación del rol de Nestlé en el asesinato, pero hasta el día de hoy no ha habido investigaciones al respecto.

En marzo de 2012, junto a la familia de Romero, su sindicato Sinaltrainal y abogados colombianos logramos, con el European Center for Constitutional and Human Rights, llevar el caso en marzo de 2012 hasta presentar una denuncia en Suiza. Averiguamos que los gerentes de Nestlé en Suiza omitieron de manera punible haber tomado medidas de protección para el sindicalista amenazado, a pesar de haber sido pedida dicha medida y de haber sido informados de la amenaza desde Colombia. Fracasamos en la justicia suiza, la cual ni siquiera inició investigaciones. Al final de todas las instancias el argumento fue que el caso había prescrito.

Y ahora debo presentar un vídeo-mensaje para el evento conmemorativo en Colombia. Pero, ¿qué digo? ¿Maldigo a la justicia suiza? ¿Han sido inútiles todos nuestros esfuerzos? No lo creo.

El caso Nestlé/Romero fue el primero de este tipo. Antes no habían existido denuncias así por violaciones de los derechos humanos contra empresas en Suiza, dado que a todos los participantes se les hacía difícil. Pero en este tiempo se han reunido varios dossiers, también contra empresas de extracción de materia prima. Se pueden esperar algunas accciones jurídicas al respecto en un futuro. Además, existe en Suiza -al igual que en Alemania y otros países- una discusión sobre de qué manera se debe reformar la ley para poder perseguir actividades ilícitas u omisiones de empresas.

Pero, ¿se les puede presentar a la familia de Romero y a los sindicalistas el resultado de nuestras acciones? Sí, dado que se trata de gente política que, como nosotros, están acostumbrados al fracaso inicial y a pesar de ello siguen intentándolo.

Mi mensaje no será una contribución mayor en el evento conmemorativo del 11 de septiembre, pero será una expresión de que nosotros también conmemoramos a Luciano Romero, una muestra de solidaridad. Nos tomarán realmente en serio cuando logremos que empresas con sede en Europa no solo no posibiliten la represión contra sindicalistas, sea donde sea, sino que también eviten de manera activa los asesinatos y la violencia.

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