Asghar Farhadi: “Un héroe se puede equivocar”

El director Asghar Farhadi, durante su última visita a Cannes.

Emma Reverter


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Un héroe, del director y guionista iraní Asghar Farhadi, se estrena en España después de haber conseguido el Gran Premio del Jurado del festival de Cannes. En su último filme, Farhadi, con dos Oscar en su laureada trayectoria, vuelve a abordar algunos de los temas centrales de sus películas: el peso del honor en la sociedad iraní, los márgenes de la verdad, los límites de la libertad así como el valor de las buenas acciones. Farhadi, que suele alternar rodajes en su país con otros en el extranjero, vuelve a Irán, concretamente a la ciudad de Shiraz, después de haber rodado su anterior película, Todos lo saben, en España, con Penélope Cruz y Javier Bardem como protagonistas.

Un viaje a Irán a través del cine, la música, la comida y la lectura

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Regresar a Irán siempre le ha permitido abordar dilemas universales a partir de una historia aparentemente local. Tanto El viajante como Nader y Simin, una separación obtuvieron el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa. En esta ocasión, Un héroe no ha conseguido colarse en la lista de películas candidatas al galardón.

En Un héroe, Farhadi incluye un ingrediente de actualidad: la presión de la opinión pública y la necesidad de aprobación de aquellos que caen presos en las redes sociales. Es lo que le ocurre a Rahim (Amir Jadidi), que está en la cárcel por una deuda que no ha podido saldar; según la ley iraní, solo es posible obtener la libertad mediante el pago de la deuda o el perdón del acreedor. Durante un permiso de dos días, trata de convencer a su acreedor (Mohsen Tanabandeh) para que retire su denuncia y le promete que le devolverá parte de la deuda. Rahim y su novia tienen un plan. Unos días antes ella encontró en una parada de autobús un bolso, con un saco con monedas de oro, que esperan poder cambiar por dinero. Todo se complica cuando Rahim decide que publicará un anuncio para encontrar a la propietaria del bolso y devolverle las monedas. Su gesto heroico dará lugar a un reportaje en televisión y Rahim se convertirá en un héroe local. Con una deuda por pagar, la enemistad de su acreedor y un noviazgo que todavía no es oficial, Rahim busca cómo esquivar su inminente retorno a la cárcel.

Todas mis películas hacen que el espectador se posicione, está en la propia esencia de mis trabajos

Farhadi no suele generar consenso cuando rueda en Irán. Mientras que las voces más críticas con el régimen consideran que es demasiado sutil cuando aborda los problemas de su país natal, los partidarios del Gobierno le acusan de atacar el sistema. El aclamado cineasta nunca ha criticado frontalmente algunos problemas sociales o legales de su país, prefiere la sutilidad. En Un héroe, por ejemplo, los espectadores internacionales conocen que en Irán tener una deuda está castigado con pena de cárcel; solo es posible recuperar la libertad con el perdón del acreedor o el pago de la deuda. Farhadi cree que como cineasta debe concienciar con sus películas, no con declaraciones a la prensa. En una entrevista realizada vía Zoom, el director afirma que, a diferencia del protagonista de Un héroe, él no está condicionado por la opinión pública: “Realmente hago lo que creo y lo que siento, lo que sale de mi corazón. Acepto que a algunas personas les gustará la película, otras la rechazarán. Esto le pasa a cualquier cineasta. No me influyen los comentarios u opiniones. Todas mis películas hacen que el espectador se posicione, está en la propia esencia de mis trabajos”.

A un ritmo trepidante, Rahim recorre Shiraz, una ciudad más tranquila que Teherán, llena de jardines, poesía y referentes históricos. “En general la atmósfera de la película está llena de dudas e incertidumbres. Está hecho a propósito”, señala el cineasta. El mundo virtual se cuela constantemente en la historia; el entorno del protagonista encuentra en las redes una libertad de opinión y un margen de acción que no tiene en el mundo real. En las redes sociales se expresan libremente, pueden denunciar abiertamente, pueden opinar sin tapujos, pueden compartir imágenes, mensajes o vídeos de Rahim para dejar al descubierto los agujeros de su historia. Pueden, también, criticarlo, cuestionar su honestidad y sacudir las bases de la buena acción que ha protagonizado el héroe del que todos hablan en la ciudad. “Creo que la realidad de nuestra vida cotidiana sigue siendo más importante que el mundo virtual pero es verdad que las redes sociales ocupan cada vez más espacio”, afirma Farhadi.

El cineasta regresa a un territorio que le es familiar: el de distintas personas que creen estar en posesión de la verdad pero que en realidad solo tienen una versión de las muchas posibles. “Cada verdad puede tener su parte de verdad… o no. Podemos tener una parte de la verdad pero si se arroja luz quizás podamos ver la verdad en toda su extensión. Es como la historia El elefante en la oscuridad del poeta persa Yalāl ad-Dīn Muhammad Rūmī. Una noche llega un elefante en una aldea. Los lugareños, que nunca han visto un elefante, se acercan hasta el establo llenos de curiosidad. Ninguno lleva velas y deciden que descubrirán cómo es mediante el tacto. El que está más cerca de una pata afirma que es como una columna. El que toca la oreja responde que es como un abanico. El que toca la cola, como una cuerda. Cada uno opina, no hay consenso. Tienen su verdad. Si lo vieran a la luz del día descubrirían que en realidad se trata de un animal gigante”. ¿Quién es héroe y quién villano? Poco a poco vamos conociendo al acreedor de su deuda, un hombre responsable y trabajador, quien cayó también en desgracia por las mentiras, o medias verdades, de Rahim. También conocemos a la hija del acreedor, que se quedó sin dote, trabaja en el taller familiar y es miembro de una generación que sabe cómo difundir mensajes a través de las redes sociales.

Cada verdad puede tener su parte de verdad… o no. Podemos tener una parte de la verdad pero si se arroja luz quizás podamos ver la verdad en toda su extensión

Farhadi explica que en los últimos tiempos le llamaba la atención el fenómeno de los “héroes del momento” creados por la televisión iraní; personas que los medios de comunicación presentan como héroes porque han llevado a cabo una acción admirable y que desaparecen de la pequeña pantalla con la misma facilidad con la que llegaron. “Cuando decimos que alguien es un héroe creemos que es un ejemplo a seguir para otras personas, que tienen que ser como él. Creemos que su comportamiento tiene que ser intachable. Algunas de estas personas son admirables pero eso no las convierte en héroes. Si por héroe hablamos de alguien que no se puede equivocar en ningún momento de su vida, estamos ante una definición incorrecta”, afirma Farhadi. En ese sentido, rodar en Shiraz y no en Teherán le pareció la opción más lógica: “Shiraz ha sido la cuna de grandes héroes de nuestra historia, conceptualmente guarda relación con el filme. La vida en Shiraz transcurre a un ritmo distinto. Si alguien tiene un problema, su familia o su entorno intentan ayudarlo a resolver esta situación. En Teherán no se viven igual estas situaciones familiares”.

La preproducción de la película se tuvo que posponer varias veces a causa de la pandemia: “Para que el equipo no se dispersara los reuní y les propuse ensayar. Todas las mañanas intentaba hacer mejoras en el guion. Fue una experiencia difícil porque, además de la película, tuve que velar por la salud e integridad del equipo. Empezamos a rodar cuando disminuyeron los riesgos. Tomamos muchas precauciones para proteger a todo el equipo”. A Farhadi le impresionó la dureza de la situación: “La muerte estaba tan cerca que solo tenías que girar la cabeza para verla. Me ha servido para constatar hasta qué punto todos los seres humanos somos parecidos ante el peligro”.

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