¿Tiene la cultura derecho a huelga?
¿Que hay huelga general el día 11? No pasa nada, pasamos la función al 9 y arreglado. Y habrá a quien esta táctica en el sector escénico le parezca lógico. Pero no es así: los sindicatos CGT y CNT han denunciado que es una vulneración del derecho a huelga.
El Teatro Real mandó un comunicado hace más de una semana anunciado que la función de Las bodas de Fígaro coincidente con la convocatoria del 11N se adelantaba al lunes “por razones de seguridad y para prevenir posibles incidencias en la movilidad del transporte público o eventuales cortes de circulación” que afectarían al público, artistas y trabajadores. “Con esta medida, el Teatro Real quiere garantizar y compaginar el derecho a la huelga de la plantilla con el compromiso con el público”, añade el comunicado.
Pero es radicalmente lo contrario: si la empresa te da el día libre porque hay una huelga, te está impidiendo ejercer tu derecho a huelga, razonan los sindicatos. Y luego, esto ya es otro tema sobre el que también podemos pensar, habría que evaluar qué significa el compromiso con el público y desde qué punto de vista se entiende. Se me ocurren dos maneras de mirarlo.
Desde un punto de vista ético, el compromiso con el público significa tratarle como un igual, ser honesto, transparente con las estructuras, devolverle, a cambio del precio pagado por su entrada, el mejor acto artístico que pueda tener lugar en esas condiciones.
Desde un punto de vista comercial, el compromiso con el público significa vender entradas, siempre, a cualquier precio, a cualquier coste. Igual esto se queda corto para la gran complejidad del verbo comprometer.
El Teatro Real, acaban de anunciar los sindicatos, va a recibir una protesta a sus puertas el lunes, justo a la hora de la representación movida de fecha.
El lunes ya no es el día de descanso
Esto ocurre en muchos otros sitios. En el Auditorio Nacional, el gran templo madrileño de la música clásica que depende del Ministerio de Cultura, ese día acoge programación externa, realizada por promotores privados. Estaba previsto así desde antes. Cultura ha dicho que no cancelará o aplazará ninguna función programada ese día, pero al haber alquilado el espacio se ve aquí sujeto a contratos con la Orquesta Sinfónica de la Universidad Complutense de Madrid y la Filarmónica Checa. (Hemos preguntado por las consecuencias de esto: si los promotores cancelan, el INAEM les penalizará, entre otras cosas, con no poder alquilar el Auditorio en tres años. Si finalmente no se realizan estas funciones por huelga de trabajadores del INAEM o de los promotores, el Ministerio les guardará la tasa de alquiler para otro día).
Que sepamos, la única empresa que ha rectificado tras las denuncias de los representantes de los trabajadores es la compañía de producción de musicales Stage Entertainment, que tiene un importante peso en la capital. La promotora de El rey león y El alma al aire, que también había movido funciones para despejar el 11N, finalmente decidió que no habría función ni un día ni otro, pero además haciendo constar el 11 de noviembre como día laborable. Es decir, se pueden hacer las cosas bien si se quiere.
Los sindicatos señalaron la misma mala práctica en las funciones de Six, Un Dios salvaje o Victoria (Grupo Smedia) o en Los miserables (ATG Entertainment), que ha cambiado la función del día 11 al 8. Aquí Laura García Higueras cuenta qué otros espectáculos de Madrid han reubicado los pases previstos en el día de huelga. Y en Barcelona, se ha denunciado a la Inspección de Trabajo al Liceu, por el traslado al 12 de noviembre de la representación de la ópera I Capuleti e i Montecchi, inicialmente prevista para el día de la huelga, y ha anunciado también la reprogramación de la función escolar de Trencanous-jazz que debía celebrarse aquella mañana.
El compromiso entre público y artistas del que hablábamos antes es bidireccional, así que los espectadores también tienen alguna responsabilidad. Como señala medio centenar de organizaciones, entre ellas Facua, Justicia Alimentaria o Ecologistas en Acción, esta es también una huelga de consumo. Por ello, además de parar la producción como trabajadores, los consumidores pueden no demandar, ya que toda acción de consumo conlleva una necesidad de producción al otro lado.
La ciudadanía se va a movilizar por el derecho a la vivienda y la vida digna quedándose quieta durante 24 horas la semana que viene, una estrategia de la clase trabajadora que por supuesto apela también al sector cultural.
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