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El kazajo Yerzhanov narra en Cannes un amor envuelto en corrupción y mafia

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El kazajo Yerzhanov narra en Cannes un amor envuelto en corrupción y mafia

El kazajo Yerzhanov narra en Cannes un amor envuelto en corrupción y mafia

Cuatro años después de estrenarse en Cannes, fuera de competición, con "The owners", el director kazajo Adilkhan Yerzhanov regresa con "The gentle indifference of the world" con la sensación "de estar de vuelta en una fiesta" a la que no se le había invitado "desde hacía tiempo".

Lo hace con una de las actrices más conocidas de su país, Dinara Baktybayeva, que encarna a una joven obligada a abandonar su pueblo natal para casarse por dinero tras la muerte de su padre. Una vez en la gran ciudad, ninguna de las promesas que le han hecho se cumple.

La relación que entabla con un amigo de la infancia ayuda a ambos a superar un entorno en el que reina la corrupción y la mafia.

"Me atrae la resistencia y resiliencia del ser humano en una situación muy dura y desesperada, porque es cuando de verdad se abre y muestra su verdadero yo", contó hoy a Efe el director, nacido hace 35 años en Djezkazgan, en el centro de Kazajistán.

El cineasta filmó su primer largometraje en 2011 (Rieltor), y desde entonces le han seguido "Stroiteli" (2013), "Ukkili Kamshat" (The owners, 2014), "Chuma V Aule Karatas" (2016) y este último, proyectado en Una Cierta Mirada, segunda sección en importancia en Cannes, por detrás de la competición oficial.

"The gentle indifference of the world" toma como inspiración de su título una cita sacada de "El extranjero", de Albert Camus, y gira en torno a "el amor y la ausencia de libertad".

"Cada una de mis películas ha sido aceptada con dificultad, con críticas negativas o siendo ignorada por completo", dice de la recepción en su país, donde "cualquiera que intente hacer un cine sincero, que no convierta el cine en un anuncio de sitios bonitos de Astaná o Almaty, se arriesga a ser considerado problemático".

El director, que a los 13 años decidió oficialmente que quería dedicarse a la gran pantalla, mantiene el optimismo.

"Mientras tenga la posibilidad de rodar en mi país, aunque las películas no sean muy bienvenidas, mientras no se me prohíba, tengo esperanza para mi país. Sé que hay cineastas más jóvenes que quieren crear arte, y mientras existan y puedan hacerlo tengo esperanza", concluye.

La sección en la que compite su filme en esta 71 edición de Cannes acoge películas más innovadoras y atrevidas de cineastas habitualmente menos conocidos o noveles, y para el delegado general del certamen, Thierry Frémaux, sirve de contrapeso a la competición oficial.

Su jurado está presidido este año por el actor puertorriqueño Benicio del Toro, que tiene entre sus manos otras como las argentinas "El ángel", de Luis Ortega, y "Muere, monstruo, muere", de Alejandro Fadel.

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