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Hacia la discriminación cero: los retos de la Conferencia Mundial de Sida

Marcha inaugural de la Conferencia Mundial de Sida.

Pablo Trillo

Salud por Derecho —

Este lunes ha comenzado en Ámsterdam la vigesimosegunda Conferencia Mundial de Sida, el evento de salud pública más grande del mundo. Alrededor de 15.000 personas -líderes mundiales en ciencia e investigación, responsables políticos y sociedad civil de más de 160 países- nos hemos reunido en la capital holandesa para encarrilar la respuesta al VIH.

El horizonte lo marca el año 2030 y la meta, acordada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, no es otra que la erradicación del VIH. No será fácil: como denunciaba ONUSIDA hace apenas unos días, el progreso se está ralentizando y el tiempo se acaba. Todavía existen demasiados –y preocupantes- retos.

El VIH/sida afecta a cerca de 37 millones de personas y aún causa alrededor de un millón de muertes cada año. Las nuevas infecciones están aumentando en más de 50 países, con especial dureza en Europa del Este y Asia Central, donde las cifras se han doblado. Globalmente alcanzaron a 2 millones de personas en 2017, todavía demasiado lejos del objetivo intermedio marcado para 2020: menos de 500.000 nuevas infecciones.

La cobertura de tratamientos ha aumentado (21,7 millones de personas lo recibían en 2017) pero para alcanzar la meta de 30 millones necesita haber un incremento anual de 2.8 millones de personas, y hay indicios de que la tasa de expansión se está desacelerando.

Un problema con la financiación

Gran parte de este problema tiene que ver con la falta de políticas adecuadas y una preocupante tendencia en la financiación. A fines de 2017 se contaban con 21.300 millones de dólares para la respuesta al sida en países de ingresos bajos y medianos (56% provenientes los presupuesto nacionales de estos países) y ONUSIDA estima que se necesitarán 26.200 millones de dólares para 2020. Sin embargo, la financiación se está reduciendo: las aportaciones de los gobiernos donantes cayeron más de 500 millones de dólares entre 2015 (7.5 mil millones) y 2016 (7 mil millones). Otro año más de descenso en la ayuda y el nivel más bajo desde 2010.

El caso de España ejemplifica el problema: pese a haber sido uno de los mayores donantes al Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria durante la década pasada, lleva desde 2011 sin aportar ni un solo euro, pese a haber un acuerdo parlamentario total y el compromiso de todos los partidos para revertir esta situación. Veremos si el nuevo Gobierno devuelve a España a un lugar importante en la lucha contra el sida.

Los más afectados, las poblaciones clave

Como denuncia la campaña NADIE, lanzada por Salud por Derecho y apoyada ya por más de 50 organizaciones de todo el mundo, el descenso de la financiación en los países de renta media (donde viven más del 60% de las personas con VIH en el mundo) amenaza los progresos realizados hasta la fecha en la lucha contra el sida. Sobre todo, en aquellos programas e intervenciones destinadas a las poblaciones clave: hombres que tienen sexo con otros hombres, trabajadoras sexuales, población trans, población encarcelada o población indígena. Estas poblaciones, y sus parejas sexuales, representan el 47% de las nuevas infecciones por VIH en todo el mundo. En Europa del Este y Asia Central, regiones con mayoría de países de renta media, alcanzan el 97%.

Ante el estigma y la criminalización que sufren estas poblaciones por parte de la sociedad y también de sus gobiernos, estos programas de prevención y atención han estado casi siempre llevados a cabo por las organizaciones de la sociedad civil, financiadas con la ayuda internacional que ahora deja de llegar. Es necesario que los gobiernos se comprometan a cubrir los huecos dejados por la falta de financiación internacional, pero eso no es suficiente: hace falta un sistema legislativo que respete los derechos de todas las personas.

Derribando barreras; construyendo puentes: hacia la discriminación cero

La Conferencia ha dado el pistoletazo de salida bajo el lema ‘Breaking barriers; building bridges’ con un claro enfoque en Derechos Humanos, sobre todo aquellos relativos a estas poblaciones y a la gente que está siendo olvidada y dejada atrás, incluyendo a las mujeres, niñas y a la población más joven. Durante la marcha inaugural, miles de personas y organizaciones sociales han pedido discriminación cero y tratamientos para todos por las calles de Ámsterdam.

“Si queremos el fin del sida en 2030 queda mucho por hacer. El estigma, la criminalización y la discriminación de las personas viviendo con VIH es el núcleo de lo que mantiene a la gente alejada de ser testada, tratada y del acceso a la salud”, asegura Alexander Pastoors, coorganizador de la marcha, que tenía como lema ‘Towards ZERO Toghether’. “Debemos luchar por la eliminación del estigma y la criminalización”

“Hay mucha discriminación sobre el VIH porque la gente sabe muy poco sobre esta enfermedad” ha asegurado Conchita Wurst, que anunció hace apenas unos meses que era VIH positivo y que es una de las figuras públicas más importantes de esta conferencia junto con el Príncipe Harry o Elton John. “Necesitamos hablar del VIH como de cualquier otra enfermedad, pero no podemos hacerlo hasta que todo el mundo conozca su diagnóstico, hasta que todos tengan acceso a tratamiento y hasta tengan una carga del virus indetectable e intrasmisible para poder vivir su vida. Solo así podremos vivir en un mundo sin VIH”.

“El fin del sida solo vendrá de priorizar las políticas basadas en la ciencia, garantizar el financiamiento adecuado y trabajar duro juntos para garantizar que nadie quede rezagado”, ha asegurado durante la conferencia de apertura Linda-Gail Bekker, presidenta de International AIDS Society (IAS), que organiza la Conferencia.

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