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Enfermedad inflamatoria intestinal: por qué es importante tratar este trastorno cada vez más frecuente

Revisión médica

Mercè Palau


La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) se caracteriza por una inflamación crónica del intestino en la que intervienen factores genéticos, inmunológicos y ambientales, y tiene manifestaciones extraintestinales. Este término genérico se reserva para designar dos trastornos de causas desconocidas: la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, que tienen manifestaciones clínicas similares pero con diferencias que permiten considerarlas como independientes.

¿Qué son las enfermedades inflamatorias intestinales?

La colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn difieren en la forma en la que se presentan, en la forma de tratarlas, e incluso, en la prevalencia. Pero la diferencia fundamental radica en que la enfermedad de Crohn afecta a cualquier tramo del intestino mientras que la colitis ulcerosa solo afecta al colon —intestino grueso—.

En España la colitis ulcerosa es más frecuente que la enfermedad de Crohn —un 58% frente a un 42%— aunque se espera que esta diferencia aumente un poco en los próximos años, según datos de la Confederación ACCU Crohn y colitis ulcerosa. Ambas son cada vez más frecuentes —hay unos 130.000 pacientes en España y más de 1 millón en Europa— y suelen diagnosticarse entre los 20 y 40 años, aunque están aumentando los casos en menores de 16 años.

Pese a que se desconoce la causa, las investigaciones sugieren que el sistema inmunitario de quien la sufre puede percibir los alimentos, las bacterias y otras sustancias en los intestinos como una amenaza. En respuesta, este sistema envía glóbulos blancos a los intestinos, lo que provoca una inflamación que desencadena dolor abdominal y otros síntomas.

Además de la predisposición genética, también juegan un papel importante factores ambientales como el tabaco, que aumenta el riesgo de enfermedad de Crohn pero disminuye el de colitis ulcerosa.

Sin tratamiento, los síntomas de la enfermedad inflamatoria intestinal pueden empeorar con el tiempo. En el caso de la enfermedad de Crohn, los más comunes son calambres abdominales, diarrea, pérdida de peso, fiebre y anemia, aunque también puede aparecer dolor en las articulaciones, cálculos renales y problemas del tracto urinario.

Los pacientes con colitis ulcerosa suelen tener diarrea con sangre, así como movimientos intestinales frecuentes, dolor abdominal y rectal, fiebre, pérdida de peso, dolor en las articulaciones y erupciones en la piel.

Un largo camino para llegar al diagnóstico

El camino para recibir un diagnóstico de enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa puede ser largo. Ninguna prueba por sí sola puede confirmar o descartar por completo su existencia de forma fiable. El primer paso para llegar a un buen diagnóstico implica contar con el historial médico completo y un examen físico en el que el médico tendrá en cuenta aspectos sobre el estado de salud general, la nutrición y antecedentes familiares.

Este primer paso va acompañado de un conjunto de pruebas, como análisis de sangre y de heces, —que detectan los marcadores que de forma más común se asocian con la enfermedad— la colonoscopia, estudios de imágenes transversales del colon o del tracto gastrointestinal superior, así como el examen físico.

Por tanto, un buen diagnóstico requiere del trabajo multidisciplinar de varios expertos, como el que ofrece la Unidad de Atención Integral a Pacientes con Enfermedad Inflamatoria Intestinal de la Fundación Jiménez Díaz, creada en 2003 y que acaba de recibir la certificación de calidad concedida por el Grupo Español de Trabajo en Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa (GETECCU) como reconocimiento a su excelencia y que la sitúa como hospital de referencia.

Uno de los objetivos de esta Unidad, además de prestar profesionalidad y un enfoque multidisciplinar —médicos gastroenterólogos, cirujanos, enfermeras y radiólogos especializados— es ofrecer a los pacientes “un recorrido en su proceso lo más cercano y organizado posible”, afirma la Doctora Raquel García Castellanos, médico adjunto de la Unidad del hospital madrileño.

Esta Unidad, en la que hay unos 1.500 registrados, cuenta con las técnicas radiológicas y endoscópicas más avanzadas con el fin de mejorar la calidad de vida de los pacientes a través de una atención excepcional y una investigación transformadora.

El control del tratamiento, clave para reducir los síntomas

No existe una cura para esta enfermedad pero se puede tratar según donde se localiza la inflamación y de la gravedad de cada paciente. Hay periodos de remisión cuando la enfermedad no está activa. Los medicamentos pueden reducir la inflamación y aumentar el número y la duración de los periodos de remisión, pero no hay cura.

Es importante tomar los medicamentos de mantenimiento porque reducen la recurrencia de los brotes. Y también seguir una alimentación adecuada —alimentos de fácil digestión y alto contenido en fibra— y un estilo de vida tranquilo, alejado del estrés, que integre el ejercicio físico regular.

La cirugía puede ser eficaz en los casos más graves que no responden al tratamiento. El efecto para la enfermedad de Crohn permite eliminar tejido cicatrizado y estenosis, fístulas y abscesos que causan muchos síntomas para los que los medicamentos no son muy efectivos. Para los pacientes con colitis ulcerosa, la extirpación de buena parte del colon reduce de forma drástica los síntomas.

El trabajo para mejorar día a día lleva al hospital madrileño a trabajar y “apostar por una medicina más interactiva que gire en torno a ellos [los pacientes], principales protagonistas de nuestros resultados en salud”, porque el papel del paciente es clave; la eficacia del tratamiento radica sobre todo en que se cumpla y se siga correctamente, solo así se puede mantener la enfermedad a raya.

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