Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

Europa busca su soberanía tecnológica para proteger la conectividad frente a riesgos externos

Torre de comunicación.

Paco Galán

Imagine por un instante una caída de las redes de telecomunicaciones. No solo le impediría realizar una llamada o enviar un mensaje, sino que podría detener la línea de montaje de una fábrica de automóviles, paralizar las transacciones bancarias, desconectar el suministro de una subestación eléctrica o apagar los sistemas de navegación de los trenes. Una situación hipotética pero que, en realidad, no es ciencia ficción; refleja la dependencia estructural de una sociedad donde el 88% de los ciudadanos navega a diario y el 99% de las empresas operan conectadas a la red. El ecosistema digital ya representa el 5% del producto interior bruto en Europa. Sin embargo, el verdadero valor de estas conexiones invisibles ya no se cuantifica únicamente en megabits por segundo. Hoy en día, la resistencia de este sistema frente a catástrofes naturales, accidentes o intrusiones externas, es una prioridad absoluta.

La conectividad como infraestructura crítica

Las redes móviles han dejado de ser simples canales de comunicación entre personas para convertirse en el tejido nervioso sobre el que descansa el funcionamiento de la sociedad moderna. Desde la telemedicina en hospitales, hasta los sistemas de defensa, pasando por la gestión inteligente del tráfico o las redes de distribución energética, la actividad económica e industrial se apoya por completo en el flujo de datos. La conectividad conforma una base vital para que funcione internet, la nube, la automatización masiva de sistemas o la inteligencia artificial.

Por este motivo, cualquier interrupción, ataque físico o intrusión cibernética provocaría consecuencias en cadena nefastas para la competitividad y la seguridad nacional. Muestra de esta vulnerabilidad es que el 54% de los ciberataques registrados en territorio comunitario durante 2025 se dieron contra servicios estratégicos. En el ámbito local, los incidentes de ciberseguridad contabilizados en España superaron los 122.000 en 2025. La protección de las redes digitales y su contenido ha pasado de ser una simple tarea de mantenimiento informático a un pilar fundamental para garantizar la continuidad operativa de un país.

Ingenieros trabajan junto a una torre de telecomunicaciones.

Los grandes retos de Europa: ganar en escala y adopción, y reforzar la soberanía tecnológica

Uno de los principales retos del mercado de las telecomunicaciones europeo es la fragmentación del mercado: mientras que en Estados Unidos operan tres grandes compañías de telecomunicaciones y en China cuatro, la Unión Europea cuenta con 34. En un sector intensivo en capital el tamaño es esencial para obtener economías de escala y retornos de la inversión positivos.  

Se estima que la plena implantación del 5G aportaría 164.000 millones de euros adicionales para 2030 si el sector pudiera acometer las inversiones necesarias. La capacidad de inversión es un limitante, pero también lo es la falta de adopción tecnológica: aunque el 5G alcanza ya una cobertura del 98% entre la población española, tan solo un 22% del tejido empresarial hace uso de sus capacidades. Para facilitar la consolidación del mercado y acelerar los despliegues y la adopción tecnológica es necesario modificar y simplificar una regulación que hoy es excesiva, eliminar trámites burocráticos, e incentivar el uso de las tecnologías más avanzadas en el sector productivo, con especial foco en las pequeñas y medianas empresas, que representan el 99,78% de las empresas de nuestro país.

La soberanía tecnológica es el otro gran reto. La UE depende de terceros países para más del 80% de los productos, servicios, infraestructuras y propiedad intelectual digitales, una brecha que compromete su margen de maniobra en escenarios de inestabilidad internacional. Para reducir estos riesgos se debe rebajar la dependencia en sectores donde la tecnología puede convertirse en una herramienta de presión geopolítica, como ocurre con las telecomunicaciones. Para hacerlo posible es fundamental invertir y fomentar el desarrollo de tecnologías europeas, pero también reforzar las capacidades ya existentes garantizando un equilibrio a nivel global. Proteger nuestras infraestructuras de injerencias indeseadas pasa también por utilizar únicamente tecnología confiable, no sólo desde un punto de vista técnico sino también tomando en consideración quién controla o puede controlar a los fabricantes: bajo qué jurisdicción operan, qué obligaciones legales tienen frente a terceros países o qué capacidad tienen actores estatales para influir sobre su comportamiento.

Ericsson, proveedor líder en Europa

Como hemos visto, contar con suministradores confiables resulta fundamental para asegurar la resiliencia tecnológica.

En el ámbito específico de las telecomunicaciones, la capacidad industrial europea es una garantía. Contamos con empresas líderes en el desarrollo tecnológico que llevan décadas definiendo los estándares de las comunicaciones a nivel global. Un claro ejemplo es el soporte que proporciona la ingeniería de vanguardia de Ericsson desarrollada en España. Con dos centros de I+D, ubicados en Madrid y Málaga, cerca de 1.000 ingenieros e investigadores diseñan soluciones globales: la sede malagueña abandera la investigación en inteligencia artificial para la automatización de las redes de telecomunicaciones, , mientras que la madrileña encabeza el desarrollo del núcleo de la red, dando servicio desde España a clientes de todo el mundo. Estas instalaciones ejemplifican la capacidad europea para desarrollar las patentes sobre las que construir la solvencia técnica para la conectividad actual y futura.

Cables de fibra óptica.

150 años de innovación global

La evolución de las telecomunicaciones no es un fenómeno reciente, sino una carrera de fondo. La compañía sueca Ericsson celebra 150 años de trayectoria internacional, y 104 años de vinculación con el mercado español, consolidando una historia que va desde la telefonía analógica inicial hasta las redes de quinta y sexta generación actuales.

Este largo liderazgo con implantación local pone de manifiesto la capacidad europea para construir nuestra soberanía tecnológica, garantizando que el salto cualitativo de la transformación digital no dependa exclusivamente de la sofisticación de los programas o las aplicaciones informáticas, sino de también de la calidad de unas redes de telecomunicaciones resilientes y confiables, preparadas para proteger sociedad y valores europeos.

Etiquetas
stats