Los otros efectos de la pandemia: más reciclaje y mayor conciencia ambiental

mascarilla para desechar.

Paola Amigo

Un año después, tenemos claro que la pandemia provocada por la COVID no se va a ir sin antes dejar una profunda huella en nuestra sociedad. Y no ya solo por la crisis sanitaria y económica que nos ha tocado vivir, sino también por cómo esta situación tan inusual, y tan inesperada, ha modificado nuestro comportamiento de cara al medio ambiente. En este caso, de manera positiva.

En un momento difícil como está siendo este último año, la pandemia nos ha enseñado a ahorrar y a consumir responsablemente, a tomar una mayor conciencia de lo que tenemos y lo que queremos, a reutilizar las cosas que teníamos en casa y a darles una nueva vida. Pero también, y especialmente, a valorar el entorno natural, el medio ambiente y el cuidado de la naturaleza, lo que nos ha llevado a evadirnos en los espacios verdes y a querer protegerlo mediante la herramienta que tenemos más a mano: el reciclaje.

En casa: más reciclaje y nuevo reciclaje

La pandemia nos ha cambiado, nos ha puesto frente a nuevas situaciones y hemos aprendido a hacer nuevas cosas. Por ejemplo, ahora reciclamos más y también otros tipos de residuos. De hecho, 2,5 millones de españoles afirman que empezaron a reciclar nuevos residuos durante el confinamiento, dándoles así una nueva vida, según el estudio La sostenibilidad, el compromiso medioambiental y el reciclaje tras la COVID-19, realizado por Focus para Ecoembes, De ellos, el 45,4% lo hizo con los envases del contenedor amarillo, es decir, los envases de plástico, latas y briks, mientras que un 28,6% se inició con los envases de papel y cartón, los del contenedor azul.

Pero, además, en los últimos meses nos hemos encontrado con residuos que hasta ahora no entraban en nuestras casas, como son las mascarillas, los guantes y los botes de gel hidroalcohólico. En los últimos 12 meses, A.I.R-e, un bot que resuelve dudas sobre reciclaje, ha registrado casi 11.500 consultas relacionadas con residuos de la pandemia. Para lo que conviene recordar que todo tipo de mascarillas y de guantes han de desecharse en el contenedor gris, y los botes de plástico del gel, como todos los envases de plástico (pero no todo lo que sea de plástico) ha de ir en el contenedor amarillo. Es llamativo destacar también que durante la pandemia han surgido muchas dudas sobre cómo desechar el papel de horno y el de aluminio, algo que tuvo un protagonismo importante durante el confinamiento en nuestros hogares, así como la madera y la ropa, víctimas de las limpiezas que hemos hecho en casa durante estos meses.

La reparación, y no sustitución, de los dispositivos electrónicos

La pandemia también ha servido para frenar un poco la mala costumbre del “usar y tirar” y ha conseguido redirigirla hacia la reutilización, uno de los principios básicos dela economía circular. Un claro ejemplo de ello es que con la COVID, la reparaciones de equipos electrónicos han aumentado un 25%, como apuntaba un comunicado de Telefónica y C&G It Sustainable Tech, difundido por Europa Press. Durante los últimos meses los dispositivos electrónicos han sufrido un uso intensivo, ya sea como forma de entretenimiento, de trabajo o de estudio, y su reparación ha sido preferible a su sustitución, potenciando también el uso de equipos reacondicionados. Un dato que demuestra, también, una mayor conciencia medioambiental entre los usuarios.

Un turismo rural en auge y con nuevos ecoturistas

Y no solo dentro de casa. La pandemia también ha modificado nuestros hábitos turísticos. En un verano atípico como el de 2020, el turismo rural fue el único segmento que ganó en pernoctaciones de visitantes, imponiéndose el turismo de interior y naturaleza al tradicional turismo de sol y playa. “El turismo rural ha demostrado ser una opción segura, que se puede disfrutar en familia, y en el que los propietarios se han volcado para acoger a los visitantes adoptando todas las medidas necesarias”, comenta Empar Baños, responsable de prensa y eventos del portal Escapada Rural. Tanto que las el 45.9% de los alojamientos rurales recibieron más reservas durante el verano de 2020 que en el mismo periodo de 2019, según su estudio sobre el impacto de la covid en el turismo rural

Y por encima de la cultura, la aventura o la gastronomía, ha habido un motivo predominante a la hora de escoger un destino rural: la naturaleza. La pandemia nos ha dado ganas de espacios verdes y abiertos, lo que nos ha hecho ser conscientes de la importancia que tiene el cuidado del medio ambiente. Algo que va muy unido a un tipo de viajero cada vez más común: el ecoturista. Visitantes que viajan procurando disminuir su huella ecológica escogiendo alojamientos sostenibles. “Las casas rurales ecológicas cuentan con un certificado Ceres Ecotur que las acredita como alojamientos sostenibles, propietarios comprometidos que recurren a soluciones como la calefacción por suelo radiante de agua caliente, la recogida de agua de lluvia, la instalación de calderas de biomasa o la utilización de placas de energía solar para su propio abastecimiento”, matiza Baños. Medidas medioambientales que, según datos de Escapada Rural, cada vez más viajeros buscan a la hora de disfrutar de la naturaleza de manera responsable.

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