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Sobre este blog

'Ecos de dos guerras, 1936-1945' tiene por objetivo el de divulgar las historias de vascos y navarros en cuanto a su participación en dos de las contiendas bélicas que definieron el devenir de buena parte del Siglo XX. Con este blog, la intención de la Asociación Sancho de Beurko es rescatar del anonimato a los miles de personas que constituyen la columna vertebral de la memoria histórica de las comunidades de vascos y navarros, en ambos lados de los Pirineos, y de sus diásporas de emigrantes y descendientes, con principal énfasis en la de Estados Unidos, durante el periodo de 1936 a 1945.

Guillermo Tabernilla es investigador y fundador de la Asociación Sancho de Beurko, una organización sin ánimo de lucro que estudia la historia de los vascos y navarros de ambas vertientes de los Pirineos en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad es su secretario y community manager. Es a su vez editor de la revista digital Saibigain. Entre 2008 y 2016 dirigió el catálogo del “Cinturón de Hierro” para la Dirección de Patrimonio del Gobierno Vasco y es, junto con Pedro J. Oiarzabal, investigador principal del Fighting Basques Project , un proyecto de memoria sobre los vascos y navarros en la Segunda Guerra Mundial en colaboración con la federación de Organizaciones Vascas de Norte América.

Pedro J. Oiarzabal es Doctor en Ciencias Políticas-Estudios Vascos por la Universidad de Nevada, Reno (EEUU). Desde hace dos décadas su trabajo se ha centrado en la investigación y consultoría sobre políticas públicas (ciudadanía en el exterior y retorno), diásporas y nuevas tecnologías, y memoria social e histórica (historia oral, migración y exilio), con especial énfasis en el caso vasco. Es autor de más de una veintena de publicaciones. Ha sido autor del blog “Basque Identity 2.0” de EITB y “Diaspora Bizia” de EuskalKultura.eus. En Twitter @Oiarzabal.

Josu M. Aguirregabiria es investigador y fundador de la Asociación Sancho de Beurko. En la actualidad es su presidente. Especialista en la Guerra Civil en Álava, es autor de varias publicaciones relacionadas con esta temática entre las que destaca “La batalla de Villarreal de Álava” (2015) y “Seis días de guerra en el frente de Álava. Comienza la ofensiva de Mola” (2018).

VÍDEO | 75 años de la gesta del batallón Gernika, capítulo 3: Desfile en Burdeos y Epílogo

La batalla de la Pointe de Grave había durado del 14 al 20 de abril de 1945 con un coste en bajas de 197 muertos y 843 heridos para los franceses y de 657 muertos y 3.500 prisioneros para los alemanes (de estos, se desconocen los heridos y también los desaparecidos, muchos de ellos ejecutados por las tropas de vanguardia, por lo que las cifras son orientativas), lo que es buena muestra de la ferocidad con la que se libraron aquellos combates. El Regimiento AEF Somalí —formado por tres batallones que atacaron los reductos más fortificados de la Festung (fortaleza) de Soulac-, se convirtió en la unidad más castigada por parte francesa con un total de 98 muertos y un número de heridos muy superior. El batallón Gernika, una unidad bisoña que no superó en campaña el centenar de efectivos, también había pagado un alto precio por la victoria: 5 muertos y 57 heridos (de los que algo más de la mitad eran leves), según datos que reveló al periódico Deia en 1978 el teniente Andrés Prieto (1). La toma de la batería de Les Arros el día 19 de abril se había hecho en condiciones de gran violencia por la resistencia de los artilleros de costa de la Kriegsmarine (Marina de guerra alemana) y dejó recuerdos en la memoria que los gudaris no olvidarían nunca, pues se pasó por las armas al teniente Arndt y a sus oficiales. Sus cuerpos, tirados en una trinchera de comunicación a la salida de un bunker, fueron fotografiados por el fotógrafo bordelés André Puytorac. También se recogió abundante botín de guerra en objetos y en metálico, pero no todos obedecieron las órdenes de entregar su parte al batallón. Aún así, el Gernika reunió la nada despreciable cifra de 26.730 francos y abundante material eléctrico y sanitario que, sumados a los 25.000 que aportó el Gobierno Vasco, dejaban a la unidad vasca en una más que saneada y halagüeña situación. Lamentablemente, buena parte del material ocupado en Les Arros sería requisado apenas unos días después por la Gendarmería francesa en el cuartel de Macau. Del centenar de prisioneros del Marine Artillerie Abteilung 618 (MAA 618) se hizo cargo el capitán Juan María Inchausti “Maisu” hasta su entrega a la Policía Militar y poco después fueron relevados y retirados de la zona de combate a la playa de Soulac, donde pasaron la noche (2).

El domingo día 22 de abril de 1945 el general Charles De Gaulle se dirigió a la Pointe de Grave y aterrizó en el aeródromo de Grayan con su séquito a bordo de avionetas Piper Cub, siendo recibido por el coronel Jean de Milleret “Carnot” a la cabeza de sus hombres. Con la arrogancia de quien miraba al mundo desde sus casi dos metros de altura, podría parecer al espectador tan embriagado por la victoria como ausente, aunque tenía más motivos para lo primero, ya que asistía a una verdadera fiesta nacional por y para militares que había comenzado horas antes en Royan, donde había pasado revista a las tropas que le rendían honores y condecorado a su jefe, el general Edgard de Larminat, a quien concedió la Gran Cruz de la Legión de Honor (3). A su llegada a Grayan bien pudo darse el clima propicio para que el jefe del Gobierno galo se detuviese ante la bandera vasca y pronunciase las amables palabras que después relataría Kepa Ordoki —“Comandante, Francia no olvidará jamás los esfuerzos y sacrificios realizados por los vascos para la liberación de nuestro suelo”-, pero según relata Andrés Prieto en sus notas personales pasó revista a los gudaris rápidamente, condecoró a Milleret y se marchó. No sentó nada bien a algunos que, antes de la llegada de De Gaulle, Ordoki cambiase de abanderado (que era Antonio Larrañaga, de las Juventudes Socialistas Unificadas, JSU), poniéndola en manos de un correligionario suyo de Acción Nacionalista Vasca (ANV). Siguiendo con el relato de Prieto, esa misma tarde regresaron a la playa de Soulac, donde tuvo lugar un desagradable incidente al capturar a un soldado “alemán SS disfrazado de mujer”. Juzgado sumarísimamente —y nadie sabía mejor que él lo que era eso, pues había formado parte del Tribunal Militar de Euzkadi durante la Guerra Civil- fue ejecutado por un piquete vasco al mando del comandante Chodzko (4). No era la primera vez que sucedían cosas de esta especie, como relata Mikel Rodríguez en su libro (5). Empero, todas estas cuestiones, si bien son muy duras, deben enmarcarse en el contexto de una cruenta batalla como la que se había librado en la Pointe de Grave, a pesar de que haya quienes, atendiendo a su nula importancia estratégica en el devenir de la guerra y llevados de la aureola de las unidades mitificadas por el cine y la televisión, piensen que fue una suerte de broma. Desde luego, no para ninguno de los que la sufrieron.

La anécdota de De Gaulle es importante en el relato marcadamente mitificado y enraizado en una meta-narrativa épica que nos ha llegado del batallón Gernika, ya que de las palabras que le atribuyó Ordoki —sean o no ciertas, pues no estamos en disposición de saberlo ya- se ha puesto como ejemplo durante años una fotografía en la que se ve a Larminat saludando a las banderas republicana y vasca al terminar el desfile de la Brigada Carnot en Burdeos, hecho que tendría lugar cuatro días después, cuando el jefe del Gobierno ya estaba de vuelta en París tras su visita relámpago al sur de Francia (6). Una vez aclarado que estamos ante hechos distintos en lugares y días distintos, comentar que el 26 de abril de 1945, en el aniversario del bombardeo de Gernika, la capital de la Gironda se engalanó para recibir a los libertadores del Médoc, que desfilaron en olor de multitudes, y fue al acabar el acto en la plaza des Quinconces —una de las más grandes de Europa con 126.000 m²- cuando Larminat rindió honores a las unidades intervinientes, que mostraban orgullosas sus enseñas, entre ellas la ikurriña Trula del Gernika, recogiéndose la instantánea en la que se le confundía con De Gaulle. El fondo Bidasoa/Sancho de Beurko del Archivo Histórico de Euskadi (AHE) recoge unas excelentes imágenes de este acto que también incluyó la imposición de medallas a los más destacados en las operaciones. Pasado el tiempo, a los gudaris del Gernika que tomaron parte en la batalla de la Pointe de Grave se les otorgaría una Médaille Militaire (sargento Ricardo Nalda), diez Croix de Guerre (incluyendo una a cada uno de los cuatro fallecidos en la Cota 40), una onceava a la unidad cedida por el propio comandante Chodzko y a título general la Médaille de la Reconnaissance française.

El Lehendakari José Antonio Aguirre se apresuró a felicitar a los gudaris a través de un telegrama que les hizo llegar Heliodoro de la Torre, muy vinculado al Gernika desde la delegación del Gobierno Vasco en Baiona (7), y el 1 de mayo de 1945 les visitó en su cuartel de Macau, celebrándose un desfile en su honor. En un gesto lleno de simbolismo, el comandante Chodzko, que siempre demostró gran afecto a los vascos, se desprendió de su Croix de Guerre para dársela al Lehendakari con la promesa de recogerla bajo el Árbol de Gernika “cuando vayamos a liberar su país”. Después fueron enviados a Baiona en un viaje lleno de vicisitudes en el que llegó a averiarse el camión Dodge que los acompañaba desde que abandonasen a los comunistas de la UNE a finales de 1944. A perro flaco todo son pulgas y sin camión ni apenas medios para el transporte se instalaron bajo la promesa de un descanso en el exclusivo Country-Club de Chiberta, en los bellos parajes de la desembocadura del Adur, pero fueron desarmados y solo se les dejó lo mínimo para las guardias, aunque tuvieron ocasión de desfilar por primera y última vez en tierra vasca (San Juan de Luz). Ante las continuas ausencias de Ordoki en sus visitas a la abadía de Rothschild, en las afueras de París, tuvieron que encargarse de la administración el capitán Hermenegildo Martínez y el teniente Andrés Prieto, viejos conocidos de la zona del Alto Deba, donde ambos militaron en las JSU durante la Guerra Civil. Cada hombre había cobrado el salario que le correspondía en la zona de combate hasta el final del mes de abril, pero en Chiberta el Batallón de Voluntarios Extranjeros (BVE) al que pertenecía el Gernika había sido disuelto, siendo para las autoridades francesas, y más concretamente para el comandante Jean Marie Passicot, poco más que unos amigos a los que la intendencia militar de Pau daba de comer por intervención suya. Una situación irregular que se prolongó durante todo el mes de mayo, cuando ya había acabado la guerra en Europa.

Ya hemos tratado en anteriores trabajos la cuestión de los que llamamos en su día comandos de Rothschild y las relaciones que el Gobierno Vasco mantenía con la Office of Strategic Services (OSS), la agencia norteamericana de inteligencia que dirigía el general William “Wild Bill” Donovan en el marco de una reestructuración de todo el Servicio Vasco de Información (SVI). En el comienzo de la llamada operación Airedale participaron un total de 115 hombres bajo la supervisión de Primitivo Abad y Pablo Beldarrain que fueron concentrados en dos tandas en la espectacular abadía des Vaux de Cernay, propiedad de la familia Rothschild, a 50 km de París. Entre ellos había gudaris del Gernika veteranos de la Pointe de Grave seleccionados por Abad y otros voluntarios a los que se había hecho pasar la muga del Bidasoa desde el interior, que serían formados por uno de los mejores y más experimentados equipos de instructores que tenían los norteamericanos en aquel momento para realizar sabotajes o “golpes de mano” detrás de las líneas alemanas, si bien los intereses del Gobierno de Aguirre pasaban por crear un cuerpo de seguridad propio ante la perspectiva de una caída del general Franco, arrastrado por el final del régimen nazi, que obviamente no sucedió. Las actividades en la abadía de Rothschild se desarrollaron entre los meses de mayo y julio de 1945 y finalmente fueron canceladas ante el desinterés de ambas partes, ya que había serias reticencias a realizar misiones de contrainsurgencia en Alemania una vez acabada la guerra, cuando se constató la falta de una resistencia real en el interior del país. Ello no significaría la desaparición de Airedale como activo de futuro —principalmente en la parte que atañe a la inteligencia, ya que la paramilitar se había frustrado-, pero en este artículo lo que pretendemos es hablar de la verdadera historia del batallón Gernika hasta su disolución. El relato de Prieto recoge que, además de los 115 nombres de Rothschild que nosotros pudimos constatar en la documentación desclasificada por los norteamericanos (8), había más gente que no aparece en la misma, como el propio comandante Ordoki, que hacía frecuentes viajes hasta allí.

A mediados de junio los que se habían quedado en el batallón fueron trasladados a Lormont, en las cercanías de Burdeos, e incorporados al 14eme Groupe d´infanterie pionniers étrangers (GIPE) en medio de un estado de total necesidad e improvisación que pudo ser paliado en parte por el sargento Alejandro Ramos, electricista, que ayudó en la toma de corriente del cuartel. De allí pasaron a Luchey (Merignac), a 15 km cruzando el Gironda, donde por fin tuvieron su propia intendencia y mejoró la alimentación, aunque mantuvieron un destacamento de 29 hombres en Lormont. Como recibían de los franceses el cupo de los que estaban en Rothschild con los norteamericanos, había un exceso de legumbres, berza y zanahorias que aprovecharon para alimentar a un cerdo que sacrificaron rápidamente para mejorar la dieta. En aquellas difíciles condiciones de falta de objetivos y desmotivación aparecieron reclutadores de la Legión Extranjera que captaron a numerosos jóvenes, de los que pudo recuperarse a alguno, pues era muy difícil animarlos, a pesar de la alocución que hizo en un pase de revista una persona del carisma del sargento Nalda, mutilado en la Pointe de Grave, y tuvieron que ver partir a muchos hacia Indochina. Otros desertaron. En aquel momento quedaban unos 120 hombres, de los que solo 40 habían firmado el alistamiento con el Ejército francés. A finales de junio seguían sin cobrar y se habían gastado la totalidad de la caja del batallón. La situación empeoró aún más cuando fueron incorporándose al organigrama del Gernika los que venían de Rothschild, planteándose un nuevo problema en la unidad, y por ende al Gobierno Vasco, sobre todo con los que habían pasado del interior, pues los franceses no admitían más. Se dio el caso de que Pablo Beldarrain —a quien los norteamericanos llamaban “general” por su liderazgo en la operación Airedale, no en vano era el militar vasco de mayor carisma de toda la organización y estaba vinculado al SVI en Francia desde el final de la Guerra Civil-, tenía documentos del batallón falsos que habían sido proporcionados por la delegación de Baiona, si bien nunca estuvo físicamente en el Gernika.

Al entrar en el 14eme GIPE lo hicieron con todo el material de cocina, campamento y tracción del batallón (el camión Dodge seguía en reparación) y solo pudieron deshacerse de un par de ruedas de camión con las que recuperaron 48.000 francos para la caja; con este dinero pudieron seguir dando anticipos a los gudaris y comprar víveres, dos barricas y dos cerdos que amortiguaron la complicada situación que se vivía en Luchey. A pesar de que finalmente se consiguió cobrar los sueldos de los meses de mayo y junio, el sueño de la Unidad Militar Vasca (UMV) se iba desvaneciendo por la necesidad de atender a tantas bocas, y también por la insolidaridad de algunos, pues hubo quienes a su regreso de la abadía de Rothschild exigieron sus haberes —cuando habían recibido de los norteamericanos la nada desdeñable cantidad de 6.000 francos al mes-, mientras en Lormont y Luchey se carecía de todo. Ello enrareció aún más el ambiente en el seno del Gernika, y de poco sirvió, siguiendo con el relato de Prieto, que se les dijese que al abandonar la unidad entre finales de abril y primeros de mayo se les mantuvo irregularmente, falseando la documentación que se enviaba a los franceses para que pudiesen comer sus compañeros. Cuando se les pidió que ese dinero fuese restituido a la caja del batallón para atender a las recientes incorporaciones, fueron pocos los que respondieron solidariamente, entre ellos Juan Francisco Aostri, un nacionalista vasco nacido en 1909 en Miranda de Ebro. A pesar de todo, la caja recuperó 78.000 francos. Sin embargo, es conveniente oír también a la otra parte en un momento en que habían aflorado las tensiones con los que procedían del PNV tras haber llegado al batallón en cantidad suficiente, siéndole encomendada a Abad por parte de Tomás Mitxelena la misión de organizar una suerte de policía interna en el seno del Gernika para evitar que se siguiesen “efectuando robos dentro y fuera del cuartel [...] tomates, patatas, manzanas, melocotones”, de los que se acusaba a los gudaris por parte de los campesinos locales, con quienes ya habían mantenido violentas discusiones. En este escrito, fechado el 31 de agosto, Mitxelena hablaba del salvajismo de algunos y de reorganizar completamente la intendencia, ya que se producían irregularidades a todos los niveles: cocineros, ayudantes y almaceneros que se llevaban cosas, llegando a acusar al teniente Prieto de regalar a las señoras paquetes de chocolate americano (9). Si el desánimo cundía en el cuartel de Luchey, era obvio que los que regresaban de Rothschild no lo estaban menos tras ver frustradas sus carreras al cancelarse la operación Airedale.

La práctica totalidad de los hombres consiguió regularizar su situación con las autoridades francesas, a excepción de 10 que fueron dados de baja por inútiles, pero no por ello abandonaron el cuartel de Luchey y siguieron haciendo vida allí a cargo de la caja del batallón. Al fin y al cabo, ¿a dónde iban a ir? A mediados de agosto, cuando faltaba apenas medio mes para que capitulase Japón, los franceses se negaron a seguir admitiendo reclutas por el tiempo que durase la guerra, dejando en situación irregular a 48 hombres. El milagro de atender a tanta gente se obtuvo a base de administrar el dinero asignado para alimentar a los “legales” de forma que pudiese comer el resto. Las cuentas no tardaron en convertirse en deficitarias, pues lo suministrado por la intendencia suponía más que lo recuperado de los franceses en concepto de primas de alimentación. De hecho, el número final de hombres que llegó a reunir el Gernika en el momento de su desmovilización el 30 de septiembre de 1945 estaba en los 273 efectivos, de los cuales más de 80 estaban aún sin regularizar. Con semejante bagaje, liquidar las cuentas en positivo fue posible en última instancia gracias a la aportación de 50.000 francos de la delegación de Baiona a través de Heliodoro de la Torre —que se quedaron en 26.000 tras una serie de compras-, y de otros 14.000 recuperados por la intendencia en diversos conceptos que demuestran no solo el buen hacer de los encargados de la administración de la unidad, el teniente Prieto y el brigada Julián Mateo, sino su extraordinaria dedicación en dificilísimas condiciones contables, incluyendo una singular imaginación para hacer todas las trampas que la situación requería. Lo que queda sobradamente demostrado en su detallado informe a la delegación de Baiona en el que hacían entrega de un superávit de 7.992 francos (10).

Los heridos fueron abandonando durante el verano los hospitales, salvo los casos más graves; cuando se desmovilizó el Gernika Ricardo Nalda, Joaquín Atorrasagasti y Antonio Mayoz aún se encontraban convalecientes de sus heridas en el número 10 del Boulevard Alsace Lorraine de Baiona. A los que venían de la Pointe de Grave se fueron juntando otros que se habían lesionado o enfermado posteriormente y en algún caso, como Retolaza, Muniozguren o López, estaban recién venidos del interior, sentando plaza en los siguientes hospitales: en el Hotel Continental de Biarritz el teniente Salvador Hierro (14/4/1945) y los gudaris Antonio Arrizabalaga (14/4/1945), Luis María Retolaza (15/8/1945) y Aniceto Muniozguren (19/8/1945); en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes el cabo 1º Alberto Hernández (1/8/1945); en el hospital San Nicolás de Burdeos el gudari Juan Guinea (19/4/1945); en el hospital Robert Picqué de Burdeos el teniente Prieto y el gudari Rafael López (9/6/1945) y en el de Arcachón el gudari Casto Abarrategui (5/9/1945).

Salvo un grupo de 70 “airedales” al mando de Abad —que fue situado en los pasos fronterizos desde Ainhoa hasta la selva de Irati para elaborar rutas transpirenaicas (llamadas cadenas) bajo la cobertura de ser leñadores-, con la desmovilización cada cual tuvo que buscarse la vida como pudo, ya fuese trabajando en una conservera, en una fábrica de lejía, como ayudante de cocina, etc. Prieto señaló con amargura como tuvieron que sufrir las mofas de aquellos refugiados vascos en edad militar que no acudieron al llamamiento del Gobierno de Euzkadi cuando se formó el Gernika. De la redacción de las cartas para los desmovilizados se encargó personalmente el sargento Nalda desde su puesto en la delegación de Baiona. Kepa Ordoki se dirigió allí y expresó su desagrado al sentirse excluido por la creación de los grupos de frontera, que habían sido organizados bajo el control estricto del SVI y, aunque no carecían de cierta pluralidad política, los nacionalistas vascos eran claramente mayoritarios. La propia delegación informaría, más de tres años después, de la situación irregular en que había quedado el grupo de Abad, cerrando para la historia el periplo de la que fue conocida como Brigada Vasca, Unidad Militar Vasca o, más comúnmente, batallón Gernika:

"Como consecuencia de su disolución varios de sus componentes fueron recogidos en empresas forestales de los Bajos y Altos Pirineos, trabajando al servicio de las mismas, que en general no les interesaba que tuviesen documentación, por razones que no es necesario señalar. Así estuvieron mucho tiempo sin papeles, hasta que por fin, durante el presente año, la Delegación de Pau ha conseguido regularizarlos a todos" (11).

Deseamos que este tercer y último capítulo del vídeo blog dedicado al 75º Aniversario del batallón Gernika haya sido de vuestro agrado y os animamos a compartirlo, dejar comentarios y a seguirnos en las redes. #YoMeQuedoEnCasaLeyendo

Si quieres colaborar con “Ecos de dos guerras” envíanos un artículo original sobre cualquier aspecto de la SGM o la Guerra Civil y la participación vasca o navarra al siguiente email: sanchobeurko@gmail.com

Los artículos seleccionados para su publicación recibirán una copia firmada de “Combatientes Vascos en la Segunda Guerra Mundial”.

(1) Deia del 25/4/1978

(2) El relato de Prieto abunda en la idea de que el capitán francés Rascle, jefe del batallón de Voluntarios Españoles (BVE), ninguneaba a Ordoki, y asumía directamente el mando de las operaciones, dando las órdenes directamente a los capitanes Martínez e Inchausti. Este último en calidad de oficial de Estado Mayor. Según este relato, Ordoki asumiría personalmente el mando después del asalto a la batería de Les Arros, pero ello no significa que no tomase sus decisiones ni que no diese órdenes. De hecho, entre los documentos de Prieto aparecen instrucciones dirigidas por Rascle a Ordoki y órdenes que este transmitía a su vez, además de una carta de apoyo a su persona firmada por todos los oficiales del Gernika. Sin embargo, ello no hace sino constatar profundas desavenencias en el seno del batallón que, sin duda, se fueron acentuando con el paso de los años y el distanciamiento.

(3) Véase el noticiario Journal Les Actualités Françaises del 27/4/1945 que recoge la visita de De Gaulle y del ministro de la guerra Diethelmy a Royan y Pointe de Grave (METER LINK http://www.ina.fr/video/AFE86003073 SOBRE “JOURNAL LES ACTUALITÉS FRANÇAISES”).

(4) “Fortaleza Y 33; visita de De Gaulle” (Fondo Andrés Prieto, AME). Prieto había sido uno de los secretarios del Tribunal Militar de Euzkadi durante la Guerra Civil.

(5) Mikel Rodríguez. (2002). Memoria de los vascos en la Segunda Guerra Mundial. De la Brigada Vasca al Batallón Gernika. Pamiela: Pamplona. Trabajo imprescindible que está basado en fuentes orales de veteranos del Gernika.

(6) El 25 de abril radiaría un discurso tajante, como todos los suyos, en el que su poderosa retórica no dejaba lugar a dudas sobre su determinación: “Así terminará en gloria y orgullo nacional, de la mano de la victoria de la ley y el triunfo de la justicia, una lucha de más de treinta años, un período que presenció el poder de Francia más que su colapso y, finalmente, su recuperación” (citado en Olivier Courteaux: “General De Gaulle and the Second World War: Constructing a French Narrative” en Natalia Starostina [editor]. [2015]. Between Memory and Mythology: The Construction of Memory of Modern Wars. New Castle upon Tyne: Cambridge Scholars Publishing. P. 5).

(7) Fondo del Departamento de Presidencia, caja 252, Archivo Histórico del Gobierno Vasco (AHE).

(8) NARA. Records of the Office of Strategic Services (Record Group 226) 1940–1947. Entry 210, Box 12, WN#00401. Location: 250 64/21/1. CIA Accession: 79–00332a).

(9) Carta de Tomás Mitxelena a Primitivo Abad fechada el 31/8/1945 (Fondo Andrés Prieto, AME).

(10) “Informe sobre la caja del batallón Gernika”, firmado por el teniente Prieto y el brigada Mateo y dirigido el 19/10/1945 a la Delegación de Baiona tras la desmovilización del Gernika. En el mismo da cuenta, entre otras, de adelantos que había hecho el Gernika y estaban pendientes de cobro, por lo que la cantidad a recuperar podía ser aún mayor. Sobre Julián Mateo hay un escrito de Primi Abad en el que se le tilda de despótico con el subordinado (Fondo Andrés Prieto, AME).

(11) Informe de la delegación de Baiona fechado el 17/12/1948 y firmado por Javier de Gortazar (fondo del departamento de Presidencia, caja 404, Archivo Histórico del Gobierno Vasco [AHE]).

Sobre este blog

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Guillermo Tabernilla es investigador y fundador de la Asociación Sancho de Beurko, una organización sin ánimo de lucro que estudia la historia de los vascos y navarros de ambas vertientes de los Pirineos en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad es su secretario y community manager. Es a su vez editor de la revista digital Saibigain. Entre 2008 y 2016 dirigió el catálogo del “Cinturón de Hierro” para la Dirección de Patrimonio del Gobierno Vasco y es, junto con Pedro J. Oiarzabal, investigador principal del Fighting Basques Project , un proyecto de memoria sobre los vascos y navarros en la Segunda Guerra Mundial en colaboración con la federación de Organizaciones Vascas de Norte América.

Pedro J. Oiarzabal es Doctor en Ciencias Políticas-Estudios Vascos por la Universidad de Nevada, Reno (EEUU). Desde hace dos décadas su trabajo se ha centrado en la investigación y consultoría sobre políticas públicas (ciudadanía en el exterior y retorno), diásporas y nuevas tecnologías, y memoria social e histórica (historia oral, migración y exilio), con especial énfasis en el caso vasco. Es autor de más de una veintena de publicaciones. Ha sido autor del blog “Basque Identity 2.0” de EITB y “Diaspora Bizia” de EuskalKultura.eus. En Twitter @Oiarzabal.

Josu M. Aguirregabiria es investigador y fundador de la Asociación Sancho de Beurko. En la actualidad es su presidente. Especialista en la Guerra Civil en Álava, es autor de varias publicaciones relacionadas con esta temática entre las que destaca “La batalla de Villarreal de Álava” (2015) y “Seis días de guerra en el frente de Álava. Comienza la ofensiva de Mola” (2018).

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Publicado el
27 de abril de 2020 - 11:52 h

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