¿Parálisis ante la crisis climática y ecosocial?
Parece como que la sociedad humana tiende a mantener sus rutinas y comportamientos habituales, viviendo “como si nada”, a pesar de enfrentar crisis graves y estructurales (ambientales, económicas o geopolíticas) muy fuertes.
Sin embargo, tenemos cada vez más información científica de cómo estamos. El informe de la Revisión de la Salud Planetaria 2025 (PHC, por sus siglas en inglés) del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático alerta de que el planeta ha superado siete de los nueve límites planetarios seguros. Esta evaluación indica que la Tierra está en una situación crítica (“cuidados intensivos”), con una presión creciente en la mayoría de sus sistemas vitales, incluyendo cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación. Estos tres factores interactúan entre sí, acelerando el deterioro ambiental.
Los siete límites que han rebasado su “zona segura” muestran tendencias de aumento de presión, que incluyen el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el cambio en el uso del suelo, el ciclo del agua, el flujo de nutrientes (nitrógeno/fósforo), la contaminación química y la acidificación oceánica. Solo la carga de aerosoles y el agotamiento de la capa de ozono se mantienen dentro de los niveles operativos seguros.
El Informe sobre los puntos de inflexión globales 2025 (Global Tipping Reports 2025), elaborado por 160 científicos procedentes de 23 países, advierte que los arrecifes de coral ya han cruzado su punto de no retorno y que el Amazonas, los casquetes polares y la circulación atlántica están peligrosamente cerca de sus propios puntos críticos. Superar estos puntos de inflexión reduce la capacidad de la Tierra para hacer frente a la intervención humana.
Cuando en 2015 casi 200 países firmaron el Acuerdo de París, el objetivo de limitar el calentamiento a 1.5 °C (con un techo de 2 °C) se presentó como una línea roja para evitar impactos climáticos irreversibles. Pero desde entonces, las emisiones globales no solo no han disminuido, sino que han seguido aumentando, impulsadas por la quema de combustibles fósiles y un modelo económico adicto al crecimiento infinito. Hoy, científicos como Robert Watson, expresidente del IPCC, no dudan en declarar: “La política climática ha fracasado. El Acuerdo de París está muerto”.
El problema no es solo la falta de acción, sino la hipocresía estructural. Mientras los líderes mundiales se reúnen año tras año en cumbres climáticas (COP) para repetir discursos vacíos, los subsidios a los combustibles fósiles alcanzaron $7 billones de dólares en 2022 (FMI), y proyectos como la expansión de petróleo en la Amazonía o el carbón en Asia demuestran que el negocio de la destrucción climática sigue siendo más rentable que la transición ecológica.
La mayoría de la gente parece que no quiere cambiar nada. ¿A qué se debe?
Según el evolucionista John Tooby, que fue un antropólogo estadounidense que, junto a su esposa, la psicóloga Leda Cosmides, ayudó a impulsar el campo de la psicología evolucionista, la velocidad de los cambios culturales y tecnológicos modernos supera la capacidad de adaptación biológica. Por tanto, utilizamos mecanismos cognitivos antiguos en entornos nuevos. Nuestra mente no está diseñada para gestionar riesgos civilizatorios o tendencias climáticas a largo plazo (50 años), sino para amenazas directas y visibles (ataques, hambre inmediata…).
La Teoría de la Gestión del Terror (TMT) (Terror Management Theory), propuesta por Jeff Greenberg, Sheldon Solomon y Tom Pyszczynski en los años 80, tras años de investigación, postula que la conciencia de nuestra propia mortalidad genera un terror existencial que el ser humano gestiona mediante defensas psicológicas. Cuando la amenaza de muerte es consciente, la primera reacción es negarla, racionalizarla o suprimir el pensamiento para reducir la ansiedad.
Según la citada teoría, el miedo a la muerte es tan intenso que los individuos adoptan visiones del mundo que les permiten creer que son parte de algo duradero, reforzando sus valores y autoestima para protegerse.
En cuanto a los jóvenes, un estudio con 10.000 jóvenes de 16 a 25 años publicado en The Lancet reveló que el 84% está al menos moderadamente preocupado por el cambio climático y que el 75% considera que el futuro es aterrador. Pero esa angustia no produce siempre movimiento y activismo. Estudios recientes indican que la ansiedad climática afecta desproporcionadamente a los jóvenes, asociándose en algunos varones con visiones más autoritarias ante la sensación de falta de futuro. En el Estado español, el 40% de los hombres de 18 a 34 años vota a un partido climáticamente negacionista. Se basa en la creencia de que el futuro está fuera de control, o es catastrófico, por lo que se renuncia a cambiarlo.
En los últimos tiempos cada vez más se habla de la solastalgia, que comenzó cuando el filósofo australiano Glenn Albrecht observó cómo la región de Hunter Valley, al norte de Sidney (Australia) pasó de ser un enclave de pasto verde, animales y cielo despejado a una zona “de sacrificio”, industrial, ruidosa, contaminada, debido a la minería de carbón. “Las personas que vivían allí seguían en casa, mirando por las ventanas, pero lo que habían disfrutado de su entorno familiar se había deteriorado. Ya no les brindaba consuelo”, rememora en su libro “Las emociones de la Tierra” (MRA Ediciones, 2020).
Lo de la solastalgia es sentir añoranza del lugar en el que vivías desde el mismo lugar en el que vives. Mirar por la ventana y ver un paisaje quemado que es totalmente distinto del que veías unos días anteriores, por ejemplo. Lo que Caroline Hickman, destacada profesora de Psicología Climática en la Universidad de Bath (Reino Unido) y psicoterapeuta, autora principal de estudios sobre ansiedad climática, defendiéndola como una respuesta saludable y natural -no una enfermedad- ante la emergencia ambiental, viene a decir que no duele tanto la situación, que obviamente duele, sino que lo que duele y genera una enorme ansiedad es que no se esté haciendo nada ante ella.
En este contexto, cabe señalar la importancia de la campaña No Normal, impulsada por científicos, académicos, divulgadores y personas comprometidas, que buscan algo muy concreto, explicar lo que está pasando antes de que sea demasiado tarde, generar conciencia real y ayudar a las personas a entender y adaptarse ante la nueva realidad, con conferencias, charlas y mesas redondas en lo localidades de Euskal Herria y de distintas comunidades del Estado, donde se explica cómo hemos llegado hasta aquí, a asomarnos al abismo climático, medioambiental, energético y ecosocial, pero que también es un llamamiento a la acción de todas las personas a que se hagan conscientes y actúen frente a esta emergencia y policrisis local y global.
Sobre este blog
Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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