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Opinión

Ansias de poder

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, interviene en una sesión de control al Gobierno

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La paciencia dicen que es un don, una virtud y lo cierto es que la falta de ella nos lleva a cometer errores y es lo que le está pasando al PP. Tienen tantas ansias de poder que ya han perdido la paciencia de llegar a él a través del mandato de las urnas y han decidido que hay que atacar al Gobierno por cielo, mar y tierra y “quien pueda hacer, que haga” como ordenó el expresidente Aznar. En esta carrera por llegar al poder da igual ya todo, da igual cargarse por el camino la credibilidad de la Justicia y aplauden rabiosos la enésima del señor Peinado, que sigue con sus querellas contra la esposa del presidente en un claro ejemplo de lawfare que ya debería dar vergüenza ajena hasta al más fanático de los populares.

Han perdido tanto la paciencia que a pesar de haberse manifestado durante varios años contra la amnistía, ahora el señor Feijóo dice, sin pudor, que hay que pasar página, básicamente asumiendo que va a necesitar más pronto que tarde el apoyo de la extrema derecha catalana, es decir de Junts. Va a ser gracioso ver comerse al PP ese sapo después de la cantidad de veces que los han vestido de, como mínimo, secta satánica.

Estoy de acuerdo en que la situación actual es un lodazal irrespirable, el PSOE ha despertado de la ingenua idea de que el pacto de las élites del 78 se mantenía vigente y ellos iban a ser intocables ante el lawfare que nos ha golpeado a otros. Pero mientras la UCO nos investigaba a algunos y al no encontrar nada, se lo acababan inventando, al PSOE le han encontrado algunas cosas como joyas millonarias en una caja fuerte cuyas explicaciones son difícilmente aceptables para el electorado de izquierdas, un diario donde la fontanera a sueldo del partido explicaba cómo iba a intentar hacer lo que Villarejo hizo con el PP pero con mucho menos éxito y dando bastante más vergüenza ajena y un ministro haciéndose de oro con las mordidas de las mascarillas al más puro estilo hermano de Ayuso.

El PSOE pensaba que podría actuar igual que el PP y salir igual de inmune pero no contaba con que el estado profundo, esa red de interés empresarial, policial, judicial y mediática actúa sólo a favor de la derecha extrema y la extrema derecha. Ya no entran al Congreso al grito de “Todos al suelo”, ahora perpetran golpes de estado apoyados en el lawfare que, aunque con métodos más modernos, desprenden el mismo intenso olor a naftalina o a Barón Dandy…lo que ustedes prefieran.

Pero no se equivoquen ustedes, mientras tenemos al PSOE envuelto en causas judiciales de los más variopintas, el PP no se queda atrás aunque misteriosamente todo queda opacado y silenciado. Estamos en medio del juicio de la Kitchen, una causa judicial que lleva esperando la friolera de una década para tener sentencia (la lentitud de la justicia cuando perjudica al PP también sería para analizar) y que sienta en el banquillo al exministro del PP, el señor Fernandez Díaz y al comisario Villarejo por robar documentos sensibles al extesorero del PP el señor Bárcenas. Ya saben, por si acaso se le ocurría cantar la Traviata y desvelar los tejemanejes de un partido político que lleva en su ADN la corrupción y el tráfico de influencias.

Que el PP venga de abanderado a salvar la democracia frente a la corrupción del PSOE, cuando todo lo que tocan se corrompe, es muy curioso. Habrá elecciones antes o después y la izquierda transformadora que ha empujado los mayores avances que ha vivido nuestro país en los últimos tiempos tendrá la responsabilidad de volver a conectar con la mayoría social desencantada y asqueada no sólo ya por la corrupción evidente, sino también por la falta de valentía del PSOE para afrontar verdaderos retos que tenemos como país.

Necesitamos un gobierno valiente y sin mochilas, un gobierno que avance hacia conquistas sociales ambiciosas y no se quede en meros retoques de maquillaje. Aquí no puede haber un pacto de mínimos, debe haber una alianza para alcanzar el máximo, el máximo bienestar social, la máxima justicia social, la máxima calidad de vida, el máximo avance en derechos…Y eso pasa por negarnos a aumentar el presupuesto en armas y seguridad cuando la verdadera guerra es la climática y afecta a todo el planeta, topar los alquileres por ley y hacer que la vivienda sea un verdadero derecho, garantizar el control estatal de los sectores estratégicos como la alimentación o la energía, acabar con la progresiva privatización de nuestra sanidad… Sólo con medidas valientes y ambiciosas conseguiremos conectar con la mayoría social que nos espera.

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