Una Izquierda Unida agónica y un futuro por conquistar

Víctor Casco, excoordinador de IU Extremadura

Agonía en griego significa “sufrimiento extremo” y en nuestro diccionario figura con dos acepciones: 1. Periodo de transición entre la vida y la muerte, que se caracteriza por la subsistencia de algunas funciones vitales (respirar, por ejemplo) y por la desaparición de las funciones intelectuales y 2. Padecimiento intenso.

Me vale agonía en sus dos sentidos para describir que estamos viviendo en IU. Convengamos que lo nuestro es un padecimiento intenso; de sus dirigentes y cargos públicos, en franca retirada por voluntad propia o por sufragio universal y de su militancia, desorientaday quebrada entre querer celebrar el cambio que está naciendo y saberse ajena a ese escenario. Admitamos también que subsistimos por la inercia de algunas funciones vitales mientras se van apagando nuestras capacidades de reflexión, análisis y previsión, eso que los clásicos denominaron “entender el momento histórico”.

Cuando algunos Coordinadores Generales de Izquierda Unida enarbolaban la bandera de la refundación en la noche de autos electoral hacía acto de presencia la inercia: ¡otra refundación más!... receta ya conocida, aunque jamás cocinada, tras cada crisis electoral y política. Desde 1999 venimos refundando esta casa, siempre los mismos cocineros, porque eso tampoco cambia. Otra inercia practicada fue buscar en Podemos, en las Confluencias o en los enemigos internos a los responsables de la catástrofe: la culpa es de los demás.

Somos un cuerpo político entre la vida y la muerte donde las pulsiones entre una dirección que se resiste a dejar de serlo y una parte de la militancia, no toda (tal vez ni siquiera la mayoría), que comprende que la política consiste en intervenir para hacer la vida de la gente mejor y más digna, aumentan y se agudizan. En IU convive todavía lo muerto y lo vivo, como en todo ser social en agonía, aunque la necrosis avanza y amenaza con llevarse por delante a lo poco que aún resiste en pie.

¿Qué hacer, pues?

Supongo que por mis años de militancia prefiero aferrarme a una visión pesimista pero con voluntad antes que dejarme seducir por ciertas nostalgias y ejercicios de buena voluntad, pero estériles en términos políticos; en otras palabras, creo que es preferible admitir la crudeza de lo que hay y expresarse en consecuencia:

  1. Dejemos morir en paz al paciente. Aferrarse a un fetichismo de siglas es, simplemente, antimarxista. Además de estúpido.
  2. Convóquese una Asamblea de disolución de la dirección federal y las direcciones de federaciones, para permitir que lo más sano de nuestra casa pueda tener las manos libres para trabajar y sobre todo, para tener futuro.
  3. Apostemos de verdad, con todos sus riesgos, sí, pero con toda su potencialidad, con toda su fuerza, con toda su carga de ilusión y esperanza, por las Confluencias siguiendo el modelo, por poner un ejemplo claro de inteligencia y capacidad política, de los compañeros y compañeras de Galicia.

Hay un futuro por conquistar. Está naciendo. Está ahí. Se vio y se vivió en la toma de posesión de los nuevos diputados en el Congreso y en la cara de estupor de las bancadas de la corrupción y las puertas giratorias que veían que las gentes decentes empezaban a ser mayoría en la cámara.

Hay futuro. Pese a todo.

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Publicado el
22 de enero de 2016 - 23:31 h

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