La alerta climática oculta bajo el agua: el óxido nitroso alcanza su máximo en un Mar Balear al límite de su calentamiento
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Hay un Mediterráneo que no se ve desde la orilla. Bajo la superficie, entre las praderas de posidonia y los sedimentos del fondo, bacterias y otros organismos intervienen en procesos que determinan qué gases quedan atrapados en el agua y cuáles terminan en la atmósfera. Un equipo científico lleva años siguiendo ese intercambio en distintos puntos de la cuenca. Y uno de los registros más llamativos apareció en aguas de Mallorca: la bahía de Palma alcanzó en enero de 2024 el valor más alto de óxido nitroso de toda la campaña.
El dato, sin embargo, todavía no permite afirmar que el mar balear sea el que más óxido nitroso emite de todo el Mediterráneo, según explica Iris E. Hendriks, investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea) y una de las científicas que ha participado en esta campaña junto a la Universitat de les Illes Balears (UIB) y el CSIC.
“No podemos afirmar que el mar balear sea el que más óxido nitroso emite de todo el Mediterráneo porque no hemos medido todos los puntos”, puntualiza. El estudio ha permitido comparar las concentraciones de óxido nitroso y metano en ocho estaciones situadas en diferentes zonas del Mediterráneo, con puntos en Marruecos, Balears, Turquía y Líbano. Durante 12 meses se realizaron mediciones para cubrir las distintas estaciones del año y se sumó un mes adicional que permitiera comprobar la variabilidad interanual.
No podemos afirmar que el mar balear sea el que más óxido nitroso emite de todo el Mediterráneo porque no hemos medido todos los puntos
La campaña ha vuelto a poner de relieve la importancia de la Posidonia oceanica, una planta marina que realiza funciones esenciales para el Mediterráneo: oxigena el mar, captura grandes cantidades de dióxido de carbono, protege las playas frente a la erosión y alberga cientos de especies. Su conservación resulta esencial para la biodiversidad y para la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, la planta está siendo dañada por diferentes impactos, como las aguas mal depuradas y que se vierten al mar o los fondeos ilegales sobre ella.
En este sentido, el trabajo analiza el papel del Mediterráneo como fuente natural de gases de efecto invernadero hacia la atmósfera. Sin embargo, Hendriks aclara que medir las emisiones del mar no equivale a medir las emisiones provocadas directamente por la actividad humana. La investigadora explica que los gases presentes en la atmósfera pueden disolverse en el agua, ser reabsorbidos o volver posteriormente a la atmósfera. En el caso del metano, además, existe producción en el fondo marino que puede desplazarse a través de la columna de agua.
Una pradera bajo presión
El óxido nitroso tiene un comportamiento más complejo porque está relacionado con el ciclo del nitrógeno y con los procesos que tienen lugar en los sedimentos y en los ecosistemas marinos. En las praderas de posidonia, por ejemplo, los organismos asociados a las plantas participan en el reciclaje del nitrógeno.
La temperatura es uno de los factores que pueden alterar estos procesos. La posidonia empieza a morir cuando el mar está por encima de los 28 grados. Este verano, de hecho, la temperatura del mar Mediterráneo también ha alcanzado un récord histórico absoluto al registrar 33,02 °C en la boya de la isla Dragonera (Mallorca). Esta medición supone el récord nacional absoluto de temperatura del mar en España desde que se tienen registros. La cuenca mediterránea es considerada por muchos científicos como uno de los denominados “puntos calientes” climáticos del planeta, es decir, una zona donde los efectos del cambio climático se manifiestan con mayor intensidad.
El peligro de las aguas mal depuradas
Por tanto, un aumento de la temperatura puede estimular la actividad bacteriana en los sedimentos asociados a las praderas y favorecer la producción de metano, afirma Hendriks. También los aportes de materia orgánica procedentes de los emisarios pueden influir. Los investigadores del Imedea están estudiando esa relación en otro proyecto, todavía en fase de análisis: cómo los aportes de materia orgánica procedentes de los emisarios afectan a la actividad bacteriana y a las emisiones de metano hacia la atmósfera. Es otra de las asignaturas pendientes en Balears: dejar de tirar agua, en ocasiones mal depurada, al mar y cerrar el ciclo del agua.
Los investigadores del Imedea analizan cómo los aportes de materia orgánica procedentes de los emisarios afectan a la actividad bacteriana y a las emisiones de metano hacia la atmósfera. Es otra de las asignaturas pendientes en Balears: dejar de tirar agua, en ocasiones mal depurada, al mar y cerrar el ciclo del agua
Por otro lado, los investigadores mantienen que hay que ser prudentes respecto a los resultados, ya que habría que mantener las mediciones durante el tiempo suficiente como para detectar y establecer tendencias. Hendriks, así como el equipo de investigadores en el que trabaja, dispone de financiación para continuar recogiendo datos hasta abril de 2027. Para entonces se cumplirán nueve años de investigación. “Estas series temporales, para que tengan más valor, necesitan mantenerse durante más de diez años”, explica.
La investigadora apunta a un problema habitual en la ciencia. Considera que existe una contradicción entre la necesidad de investigar durante más de una década un tema para establecer resultados consistentes –que vayan más allá de las hipótesis iniciales–, mientras que en ocasiones los proyectos de financiación científica son de entre dos y cuatro años. “Hay una discrepancia entre la visión a largo plazo y la financiación”, lamenta.
Para Hendriks es fundamental realizar más estudios, en más lugares y durante más años, para comprobar si los resultados obtenidos hasta ahora responden a una tendencia en el tiempo.
Mejorar la salud del mar
Mientras los científicos reclaman más financiación para realizar más estudios y recopilar más datos, hay medidas que sí pueden adoptarse en el ámbito local, estatal y global. Hendriks distingue entre las acciones necesarias para monitorizar el estado del mar y las que permitirían mejorarlo. Para la monitorización considera fundamentales el estado de las praderas de posidonia, el oxígeno y la temperatura.
La mejora, en cambio, depende en buena medida de decisiones políticas. El cambio climático y el incremento de las temperaturas del mar son amenazas para las praderas de posidonia sobre las que resulta difícil actuar solamente a escala local, ya que la crisis climática debe abordarse en el ámbito global, y eso va más allá de las políticas que puedan llevarse a cabo en Madrid. O incluso en Bruselas.
No obstante, Hendriks cree que en el ámbito de las competencias de las administraciones locales, autonómicas y estatales, hay que diseñar mejores políticas de protección para las praderas de posidonia –a lo que habría que sumar más vigilancia–, así como mejoras en los sistemas de depuración de las aguas residuales y de los emisarios.
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