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La especulación amenaza el edificio que protegió a Teresa y a Joana de los bombardeos en Palma: “Nos borran la memoria”

A la izquierda, entrevista realizada en 2014 a Teresa Valls, de 92 años, en la revista de la Associació de Veïns de Ses Veles. A la derecha, Joana Maria Llull, de 97, en la actualidad

Esther Ballesteros / Francisco Ubilla

Mallorca —
6 de noviembre de 2026 22:22 h

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“En Can Sabater, el edificio abandonado de la calle Miquel Santandreu donde estaba Xiripes, había unos refugios. Cuando bombardeaban, corríamos hacia la entrada. La boca del refugio estaba debajo de unas maderas”. En mayo de 2014, Teresa Valls, quien tenía entonces 92 años, desveló la existencia de un vestigio olvidado: un refugio antiaéreo al que los residentes de la barriada palmesana de Foners acudían a guarecerse de los bombardeos de la guerra civil. Doce años después, Joana Maria Llull, de 97, recuerda las carreras hacia ese mismo refugio cuando sonaban las sirenas, el miedo de las noches de ataques aéreos y la urgencia de bajar a protegerse, a veces sin tiempo siquiera para vestirse.

Ambos relatos confluyen en un mismo lugar: un edificio de los años treinta ubicado en la esquina de las calles Miquel Santandreu, 18 y Joan Alcover, 47 que se enfrenta a una amenaza de demolición. Los vecinos de Ses Veles y las entidades patrimonialistas reclaman que se inspeccione y documente el inmueble antes de que las máquinas puedan borrar no solo una construcción representativa del primer ensanche de Palma, sino también la posible huella material de los bombardeos que sufrió la capital balear.

Doña Teresita, como conocían en el barrio a la mujer, recordaba bien los primeros años de vida del inmueble. Antes de que las ofensivas aéreas se abatieran sobre la ciudad, el edificio albergó un horno, el que abrieron sus padres cuando ella tenía unos 16 años: “Fueron los primeros propietarios y ha ido pasando de unos a otros hasta ahora, que está cerrado”, relataba la vecina, ya fallecida. El testimonio de Teresa ha sido recuperado por los vecinos de la zona de entre las páginas de la revista de la Associació de Veïns Ses Veles.

Doña Teresita, como conocían en el barrio a la mujer, recordaba bien los primeros años de vida del inmueble. Antes de que las ofensivas aéreas se abatieran sobre la ciudad, el edificio albergó un horno, el que abrieron sus padres cuando ella tenía unos 16 años: "Fueron los primeros propietarios y ha ido pasando de unos a otros hasta ahora, que está cerrado"

La entidad vecinal lleva una década intentando que el Ayuntamiento reconozca el valor de los edificios que han sobrevivido a las sucesivas transformaciones de Foners, entre ellos el que el Consistorio, gobernado por el PP con el apoyo de Vox, pretende demoler. La petición volvió a presentarse en febrero de 2022, durante la tramitación del nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), acompañada de una memoria histórica y arquitectónica. “Desde la asociación de vecinos siempre hemos estado preocupados por la memoria histórica del barrio porque nos la borran”, explica Lourdes, presidenta de la asociación de Ses Veles, quien, a los pies del histórico inmueble, atiende a elDiario.es junto a otros vecinos que también reclaman la protección del edificio.

De izquierda a derecha: Corina, Jacqueline, Sergi, Lourdes, Joan y Marga, varios de los vecinos de Foners que reivindican la protección del edificio de Can Sabater

Foners, un barrio entre la memoria y la especulación

“Si el problema es que falta vivienda, y efectivamente es un problema, hay mucho terreno para construir”, asevera por su parte Joan, hijo de Sergi, quien vive en el edificio contiguo. Joan mira el inmueble también desde la experiencia cotidiana de quien ha crecido junto a él. “Siempre me ha gustado mucho esta esquina porque es de las pocas que dan un poco de luz al barrio y a Palma”, explica. Le inquieta que las nuevas edificaciones terminen imponiendo una misma estética en calles que todavía conservan rincones con personalidad.

Siempre me ha gustado mucho esta esquina porque es de las pocas que dan un poco de luz al barrio y a Palma

Joan — Vecino de Foners

La cercanía al litoral y al centro histórico, junto con el desarrollo de Nou Llevant y la transformación de la Fachada Marítima, están modificando el mercado residencial y el perfil de las promociones que llegan a la zona. Lo que durante décadas fue un barrio residencial de trabajadores, con talleres, pequeños comercios y viviendas de distintas épocas, empieza a venderse también como una oportunidad para vivir cerca del centro y del mar. “Todos los edificios son iguales. Están haciendo todo muy hostil también y nos da la sensación de que hay que proteger lo bello de la ciudad”, afirma. No habla solo de ornamentos o de una determinada época arquitectónica. Para él, la esquina tiene un valor urbano propio: abre la perspectiva de la calle y conserva una escala y una composición que no se repiten en las promociones más recientes.

Joan, junto a uo de los dibujos que decoran la fachada del edificio

“La ciudad tiene que ser acogedora, tiene que ser bienvenida para todo el mundo”, añade Joan, quien cuestiona que las nuevas promociones que están transformando Foners contribuyan a aliviar las dificultades de acceso a un hogar. “Los salarios no dan para esto”, lamenta por su parte Lourdes.

No en vano, a apenas unas decenas de metros -en el número 38 de la calle Joan Alcover-, Coolhomes Mallorca promociona Alcover Urban Beach Residences, un proyecto de seis viviendas cuyos precios oscilan entre los 685.000 y los 715.000 euros. “El barrio de Foners se posiciona como una de las zonas con mayor proyección de Palma gracias a su ubicación privilegiada y a la transformación que está experimentando su entorno”, señala la empresa en su web, en la que presenta la zona como “una oportunidad real tanto para quienes buscan vivienda habitual como para quienes buscan una segunda residencia”.

Una promesa inmobiliaria que contrasta con la realidad de los vecinos que, sin capacidad para asumir el encarecimiento del barrio, se ven empujados a abandonarlo: mientras el mercado descubre en Foners un nuevo enclave residencial de alto valor, quienes han construido allí su vida temen perder no solo sus casas, sino también la memoria y la identidad de la barriada. Como la de Alcover Urban Beach, otras empresas internacionales como Kensington Central SW están comercializando en la barriada promociones cuyos precios se mueven en cifras similares. “Otra vez la especulación a costa de nuestra memoria y de nuestro patrimonio”, lamenta Joan.

Mientras el mercado descubre en Foners un nuevo enclave residencial de alto valor, quienes han construido allí su vida temen perder no solo sus casas, sino también la memoria y la identidad de la barriada

Palma se expande más allá de sus murallas

Para entender el valor del inmueble que los vecinos buscan proteger, en cuya fachada aparece inscrita la fecha de 1933, hay que retroceder casi siglo y medio, cuando Palma todavía vivía encorsetada por sus murallas. El aumento de la población y las nuevas ideas higienistas alimentaron la reivindicación de derribar aquellas defensas para permitir que la ciudad se extendiera. Sobre los terrenos liberados y las zonas que hasta entonces habían quedado al margen del núcleo urbano empezó a desplegarse el Eixample, siguiendo el proyecto de ensanche diseñado por Bernat Calvet en 1901. La ciudad comenzó a crecer hacia los antiguos arrabales, entre ellos Foners, que pasó de ser un espacio periférico a integrarse progresivamente en la expansión urbana.

Plano de Palma con su muralla renacentista, elaborado en 1644 por el canónigo Pere Garau

En 1920 buena parte de las calles ya estaban trazadas, aunque la transformación se aceleró durante los años treinta, cuando comenzaron a levantarse viviendas unifamiliares con patios y corrales, junto a edificios plurifamiliares de dos y tres plantas. El inmueble de la esquina entre Joan Alcover y Miquel Santandreu pertenece a ese momento de transformación: una muestra de la arquitectura residencial que acompañó la expansión de Palma durante la Segunda República y uno de esos estratos que cada vez cuesta más encontrar.

El expediente original, al que ha tenido acceso este diario, se remonta al 17 de febrero de 1932, cuando el comerciante textil Francisco Salvat, propietario de los entonces conocidos Almacenes Salvat, solicitó al Ayuntamiento licencia para construir una vivienda en el solar situado en la confluencia de ambas calles. La instancia, registrada al día siguiente, iba acompañada de un proyecto para levantar un edificio de planta baja y dos pisos sobre una parcela de 332 metros cuadrados. Los planos conservados permiten reconocer la distribución de las viviendas y una construcción con fachadas a ambas calles, balcones y una composición ordenada de huecos.

Instancia presentada por el comerciante Francisco Salvat el 17 de febrero de 1932 para solicitar licencia de construcción de la edificación

El arquitecto que firmó un tercio del ensanche palmesano

El diseño, como acreditan tanto la memoria del proyecto como el dictamen de la Comisión de Ensanche, corrió a cargo del arquitecto Jaume Alenyà, quien desarrolló una extensa actividad profesional en la ciudad y dejó su huella en edificios como Can Pomar, Can Osones y el Hotel Ciutat Jardí, además del desaparecido Teatre Líric. Su influencia quedó reflejada en el libro El ensanche de Palma, de María Dolores Ladaria, quien le atribuye 215 de los 637 proyectos presentados al Ayuntamiento entre 1903 y 1927, alrededor de un tercio del total.

La trayectoria de Alenyà atravesó distintas corrientes arquitectónicas, desde el eclecticismo y el modernismo hasta soluciones más sobrias y funcionales. En mayo de 1932, el Ayuntamiento practicó la liquidación de las obras del edificio de Can Sabater, que ascendía a 442,80 pesetas. Un año después, en 1933, la fecha quedaría grabada en la propia fachada del inmueble.

El diseño, como acreditan tanto la memoria del proyecto como el dictamen de la Comisión de Ensanche, corrió a cargo del arquitecto Jaume Alenyà, quien desarrolló una extensa actividad profesional en la ciudad. Su trayectoria atravesó distintas corrientes arquitectónicas, desde el eclecticismo y el modernismo hasta soluciones más sobrias y funcionales

Detalle de la fachada con la inscripción 'AÑO 1933', que fecha la construcción del edificio

Desde entonces, la planta baja de Can Sabater ha tenido distintos usos comerciales a lo largo de su historia. En la memoria de los vecinos permanece especialmente Xiripes, el establecimiento cuyo nombre todavía se conserva pintado en la fachada y que Teresa Valls mencionaba en la entrevista publicada en 2014. También quedan en los muros restos del rótulo de una antigua boutique.

Para Lourdes, la desaparición del inmueble no sería una pérdida aislada, sino otro paso en la sustitución de una arquitectura que permite leer cómo creció Foners. La presidenta vecinal recuerda que, en 2016, la Associació de Veïns de Ses Veles presentó al Ayuntamiento una relación de diez edificios y el histórico arco del parque vecinal para que fueran incorporados al catálogo de patrimonio de Palma. En 2022 volvió a registrar la misma propuesta, acompañada de explicaciones sobre el valor de cada inmueble.

La protección que nunca llegó

La entidad destacó los elementos ornamentales de la fachada, especialmente los balcones de hierro forjado, así como la terraza que corona el conjunto y la inscripción del año de construcción. Sin embargo, la protección nunca llegó a materializarse, lo que dejó el edificio expuesto a su desaparición. Para los vecinos, la operación supone el riesgo de perder una de las construcciones que testimonian el nacimiento del barrio, levantada en los años en que el antiguo ensanche comenzaba a adquirir su fisonomía residencial.

Ante la posibilidad de que la construcción sea derribada, la asociación reclama al menos que se conserve su fachada, como ha ocurrido en el caso del histórico edificio situado en el número 27 de la calle 31 de desembre, gestado en 1926 por Gaspar Bennàzar.

Ante la posibilidad de que la construcción sea derribada, la asociación reclama al menos que se conserve su fachada, como ha ocurrido en el caso del histórico edificio situado en el número 27 de la calle 31 de desembre, gestado en 1926 por Gaspar Bennàzar

Una de las contraventanas de madera del edificio, asegurada con una cadena y un candado y parcialmente tapiada con tablones
Uno de los balcones de hierro forjado que asoman en la fachada

Palma da luz verde al derribo

Fue el pasado 29 de septiembre cuando la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Palma dio luz verde al derribo del inmueble de Foners pese a que figuraba entre las construcciones que el anterior Plan de Ordenación Detallada (POD) pretendía incorporar al catálogo municipal de patrimonio con una protección que obligaba, como mínimo, a conservar su fachada. Aquel instrumento, impulsado durante la pasada legislatura de izquierdas y aprobado inicialmente en octubre de 2021, contemplaba ampliar la protección a 250 edificios urbanos y 330 elementos etnológicos en suelo rústico.

El pasado 29 de septiembre, el Ayuntamiento dio luz verde al derribo del inmueble de Foners pese a figurar entre las construcciones que el Plan de Ordenación Detallada (POD) pretendía incorporar al catálogo municipal de patrimonio con una protección que obligaba, como mínimo, a conservar su fachada. El POD no llegó a aprobarse de forma definitiva

El informe jurídico publicado entonces por el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Balears, consultado por este periódico, explica que esa aprobación producía efectos provisionales sobre determinadas licencias mediante el mecanismo conocido como doble legalidad: en las zonas donde el nuevo plan modificaba la ordenación anterior se suspendía la tramitación de determinadas autorizaciones, si bien la ley permitía seguir adelante con aquellas licencias que fueran compatibles tanto con el planeamiento vigente -el PGOU de 1998- como con las nuevas previsiones aprobadas inicialmente.

Con todo, el POD nunca llegó a aprobarse de forma definitiva y, en noviembre de 2023, expiraron las medidas provisionales asociadas a su tramitación. El edificio quedó así sin la cobertura patrimonial que se había previsto para él.

Parte de una de las fachadas, con el rótulo de 'Boutique' aún conservado

Desde entonces, la falta de aprobación de un nuevo POD ha mantenido en una situación de incertidumbre numerosos inmuebles singulares de Palma. El gobierno municipal del PP defendió que las construcciones pendientes de catalogación pasarían por la Comisión de Centro Histórico (CCH), encargada de valorar sus características antes de autorizar posibles intervenciones. En el caso de Can Sabater, sin embargo, la Gerencia de Urbanismo acabó dando el visto bueno a su demolición.

“Para evitar desprotecciones, todos los inmuebles que catalogaba el POD van a consulta a la CCH”, inciden desde el Ayuntamiento en declaraciones a elDiario.es. Mientras vecinos y oposición critican que el nuevo gobierno no aprobara el documento de forma definitiva, el Consistorio responsabiliza al anterior equipo municipal de los problemas derivados del “nefasto trabajo en la consecución del POD”, cuya consecuencia legal “fue su decaimiento en noviembre de 2023”. En el caso del edificio de Foners, alegan que este contaba con una catalogación ambiental, “la más baja que asigna el Planeamiento Urbanístico”: “Ni ARCA ni nadie del anterior equipo de gobierno decidió otorgarle más protección entonces. Esa protección no siempre permite evitar demoliciones”, aseveran las fuentes municipales consultadas por este periódico.

Ni ARCA ni nadie del anterior equipo de gobierno decidió otorgarle más protección entonces. Esa protección no siempre permite evitar demoliciones

Ayuntamiento de Palma
El antiguo rótulo de Xiripes aún visible en la fachada

Desde el Consistorio defienden que el equipo de gobierno “siempre ha tratado de cumplir escrupulosamente la Ley para todos y tratar de mediar con la propiedad cuando la sensibilidad sobre el patrimonio particular da lugar a mantener elementos que se consideran dignos de protección”.

Los testimonios de la guerra

A la reivindicación arquitectónica se ha sumado la posible existencia de un refugio antiaéreo, un elemento que refuerza, a juicio de los vecinos, los motivos para preservar el inmueble. Lourdes explica que los vecinos conocían la historia del refugio, pero no habían recuperado el testimonio publicado en 2014 por Teresa Valls hasta que Joan encontró la entrevista: fue, recuerda, durante una de esas noches en las que no conseguía dormir y seguía dándole vueltas a la posibilidad de perder el edificio. Hasta entonces, la historia del refugio se sostenía fundamentalmente en recuerdos de antiguos residentes.

El padre de Joan, Sergi, asegura que una antigua propietaria llegó a señalarles a varios vecinos la entrada al subsuelo durante una intervención policial en el edificio, cuando se necesitaban testigos para acceder al inmueble. Asegura que llegó a ver una escalera con barandilla que descendía hacia el subsuelo, aunque estaba cubierta de basura y escombros.

Por su parte, Jacqueline, quien vive en la zona desde hace 56 años, comparte esa preocupación desde una relación mucho más prolongada con el paisaje cotidiano de la barriada. No tiene una anécdota concreta que contar sobre el inmueble, pero sí una convicción que, según explica, mantiene desde hace tiempo: “Siempre he visto esto del año 1933 y siempre he pensado que había que proteger este edificio”.

Siempre he visto esto del año 1933 y siempre he pensado que había que proteger este edificio

Jacqueline — Vecina de Foners
Vista general del edificio que el Ayuntamiento ha aprobado demoler

La batalla por Can Sabater ha encontrado también respaldo en la asociación conservacionista ARCA, que el pasado 26 de octubre trasladó su reclamación para intentar frenar la desaparición del inmueble antes de que se esclarezca qué conserva bajo sus cimientos. La entidad ha pedido al Ayuntamiento que suspenda la tramitación de la licencia de demolición y someta el proyecto a una revisión técnica que permita determinar si existe el refugio antiaéreo, inspeccionarlo y documentarlo. ARCA recuerda que el edificio aparece recogido en el catálogo vinculado al Plan de Ordenación Detallada, pendiente de aprobación definitiva, y reivindica su valor arquitectónico como ejemplo de vivienda plurifamiliar de una etapa decisiva en la expansión urbana de Palma.

Sin embargo, su reivindicación no se sostiene únicamente sobre planos y expedientes. ARCA ha difundido un vídeo con el testimonio de Joana Maria Llull, de 97 años, que tenía ocho cuando los bombardeos obligaban a su familia y a otros vecinos a buscar refugio bajo el edificio. En su relato reaparecen las sirenas, las carreras y el miedo de aquellas noches, cuando, a veces, ni siquiera había tiempo de vestirse antes de bajar a protegerse.

Joana Maria Llull, de 97 años, tenía ocho cuando los bombardeos obligaban a su familia y a otros vecinos a buscar refugio bajo el edificio. En su relato reaparecen las sirenas, las carreras y el miedo de aquellas noches, cuando, a veces, ni siquiera había tiempo de vestirse antes de bajar a protegerse

Según la reconstrucción difundida por la asociación, el refugio fue erigido en 1937, tenía dos accesos y una salida de emergencia que comunicaba con el patio de la vivienda familiar. Llull vivía entonces en el inmueble: su padre trabajaba como chófer para el propietario de Almacenes Salvat. Ochenta y nueve años después, su memoria devuelve al edificio una historia que todavía no ha podido comprobarse físicamente y que los vecinos temen que desaparezca bajo los escombros.

ARCA quiere que Can Sabater sea reconocido también como un vestigio de la guerra, por lo que ha reclamado al Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática que lo declare Lugar de Memoria Democrática. Su argumento es que, si se confirma la existencia del refugio, el inmueble no sería solo una construcción de los años treinta, sino la huella física de los bombardeos y del miedo con el que la población civil de Palma tuvo que convivir.

“Todos los refugios antiaéreos son testimonios físicos, geográficos y visibles de los horrores de las guerras y su propia configuración permite, al visitarse, sensibilizar al visitante frente a la situación terrible de la más absoluta indefensión de la población civil”, señala la entidad en la misiva remitida al Ministerio. Al Consell de Mallorca, mientras tanto, le ha pedido que intervenga al amparo de los artículos 23 y 24 de la Ley 12/1998 de Patrimonio Histórico de Balears y que estudie la adopción de medidas cautelares.

El objetivo es ganar tiempo antes de que sea demasiado tarde. ARCA reclama que no se conceda la licencia de demolición sin haber evaluado previamente los valores históricos, arquitectónicos y patrimoniales del inmueble y, sobre todo, sin haber despejado la incógnita de qué hay bajo sus cimientos. Es también el punto en el que converge la reivindicación de la asociación patrimonial con la de los vecinos de Ses Veles: no quieren que la piqueta llegue antes que la investigación.

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