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Repetición electoral en Israel: 'magia exprés' para facilitar el desempate

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Ana Garralda

Jerusalén —

Israel celebró elecciones legislativas el 9 de abril pero desde entonces el primer ministro en funciones Benjamín Netanyahu no ha conseguido encontrar el pacto necesario para gobernar. Este martes, Israel vota de nuevo en unos comicios adelantados o una repetición electoral, según se mire, que supone un episodio inédito en la política del país.

Consciente de la potencial fuga de votos por la derecha y transmitiendo mensajes de impacto orientados especialmente al más de medio millón de colonos que residen en los asentamientos de Cisjordania y Jerusalén Oriental –que a pesar de no representar un gran porcentaje de la población, presentan un índice de movilización superior al de la media–, Netanyahu sacó dos conejos de su inagotable chistera política. En primer lugar, convocando una conferencia de prensa para realizar un anuncio de “dramática importancia”. En ella denunció la existencia de una nueva instalación nuclear clandestina iraní, colocando así la seguridad nacional en la cúspide de la pirámide de prioridades del conjunto de la ciudadanía. Si hay algo que une transversalmente a la inmensa mayoría de israelíes es el temor a que Irán se haga con el arma nuclear.

Posteriormente, Netanyahu celebró otra conferencia de prensa en la que se comprometió a anexionar el Valle del Jordán y el tercio norte del Mar Muerto por la vía unilateral, para así captar el voto de los colonos en detrimento de los partidos ultranacionalistas. Estos enclaves no solo comprenden más del 30% del territorio de Cisjordania, sino que además tienen el mayor potencial económico, el primero en el sector agropecuario y el segundo en el sector turístico. Además, la anexión supondría un inaceptable precedente para el derecho internacional público, dado que institucionalizaría la adquisición de territorio por la fuerza por parte del poder ocupante sobre el territorio ocupado.

Amenaza de guerra con Gaza

Los dos anuncios del primer ministro se vieron neutralizados por los avatares del destino. La inesperada renuncia del asesor de seguridad nacional John Bolton, que fue cesado fulminantemente por un nuevo golpe de tuit de Donald Trump, y la predisposición del presidente a reunirse con su homólogo iraní Hasan Rohaní durante la Asamblea General de la ONU, eclipsaron las últimas denuncias de Netanyahu contra Irán. De repente, se desvanecía uno de los principales ejes de su campaña: cómo su alianza inquebrantable e incondicional con Estados Unidos neutralizaría la amenaza existencial que constituye el programa nuclear iraní, en vez del marco de sanciones e incentivos del JCPOA alcanzado con el G5+1.

Pero el revés mediático más importante fue la evacuación preventiva a la que se vio sometido por sus guardaespaldas durante un acto de campaña celebrado en la ciudad costera de Ashdod. El lanzamiento desde la Franja de Gaza de un cohete modelo 'katiusha' mientras el 'premier' se dirigía a una sala llena de militantes y simpatizantes del Likud desencadenó el ulular de las sirenas antiaéreas, e hizo que los escoltas aplicaran su protocolo de protección de personalidades, llevándoselo a un refugio. Aunque luego pudo retomar el acto, la difusión de las imágenes por las redes sociales le hizo parecer débil ante una opinión pública frente a la que siempre se ha autodefinido como 'Mr. Seguridad'.

Según las informaciones publicadas por el diario liberal Haaretz, en ese momento Netanyahu convocó a los mandos militares para lanzar una dura operación de castigo contra Gaza –que con toda certeza le habría dado votos, aunque también le habría obligado a postergar las elecciones– pero no pudo hacerlo debido a la intervención del fiscal general del Estado, Avijai Mandelblit. Este impidió al primer ministro emprender una nueva iniciativa bélica sin convocar a todo el gabinete de seguridad (en el que hay ministros de otros partidos que se habrían negado).

Dado que el sistema de controles y equilibrios del Estado de derecho le imposibilitó llevar a cabo su plan de ataque contra Gaza, Netanyahu emprendió el viaje oficial que tenía previsto a Rusia para dejarse ver en la localidad de Sochi junto al presidente Vladimir Putin –tal y como ya hiciera en vísperas de la convocatoria del pasado 9 de abril– para recuperar así su imagen de fortaleza en las relaciones internacionales. ¿Qué otro dirigente mundial se codea indistintamente y se reúne con tanta frecuencia con los presidentes de EEUU y de Rusia?

Panorama del resto de partidos

Según el último sondeo de la corporación pública de medios de comunicación KAN, la plataforma Kahol-Lavan adelanta al Likud por 2 escaños en intención de voto en las elecciones legislativas que se repiten este martes. Esta misma encuesta de opinión sitúa a la coalición formada por los partidos Hoshen le Israel (dirigido por los ex-generales Benny Gantz, Moshe Yaalon y Gabi Askenazi) y Yesh Atid (fundado por el periodista Yair Lapid) en 33 escaños, mientras que el Likud se quedaría en 31. De confirmarse esta tendencia, si Kahol-Lavan recibiera el mandato del presidente del Estado para formar gobierno y el tándem Gantz-Lapid lo consiguiera, Netanyahu se vería obligado a comparecer ante los tribunales los días 2 y 3 de octubre como un ciudadano más, en un ejercicio de justicia poética.

En tercera posición en los sondeos emergen los cuatro partidos árabes, que obtendrían entre 11 y 12 escaños a través de una lista conjunta que agrupa a las plataformas Hadash-Taal (que obtuvo seis diputados en abril) y Balad-Raam (que obtuvo cuatro). Ambas concurren ahora unidas para incrementar la representación parlamentaria de una minoría que constituye más del 20% de la población y siempre ha estado infrarepresentada. Además, el hecho de que la fiscalía general impidiera al gobierno instalar cámaras en los colegios electorales de las poblaciones árabes –para prevenir un presunto fraude electoral– hará que el índice de participación en estas aumente respecto a la convocatoria anterior.

Con una estimación de 9 diputados se situaría la coalición Yamina, nacida de la reordenación de los partidos ultranacionalistas y en la que el liderazgo de los dirigentes laicos Naftali Bennet y Ayelet Shaked concurrirá con el de los religiosos Bezalel Shmotrich y Rafi Peretz. Al igual que en el caso del Likud, las expectativas electorales de Yamina disminuyen si la facción más extrema Otzma Yehudit consigue superar el listón y entrar en la Knéset, y se incrementan si no lo hace.

Si la plataforma Otzmá Yehudit lograra superar el umbral electoral del 3,25% del voto, le restaría algún diputado adicional al Likud, colocando a Netanyahu contra las cuerdas. Aunque la mayoría de los sondeos apuntan a que esta formación neo-kahanista conseguirá entrar en el Parlamento, esta tendencia podría ser engañosa, dado que se han registrado varios casos de votantes de izquierda compinchados en las redes sociales para decir que votarán por Otzmá en encuestas telefónicas –cuando en realidad piensan hacerlo por el pacifista Meretz, por ejemplo– con el objetivo de menoscabar las opciones de que Bibi vuelva a poder liderar la nueva coalición de gobierno.

Los dos partidos ultraortodoxos, el askenazí Yahadut HaTorá y el sefardí Shas, obtendrían siete escaños cada uno. Estimaciones similares a las que presentan los dos partidos laicos de centro-izquierda. Tanto el Avodá (laborista) que se presenta en tándem con el Gesher de la activista social Orly Levy, como el Mahaneh Demokrati formada por el partido pacifista Meretz y el ex-primer ministro Ehud Barak, se quedarán en un pésimo resultado de 5 diputados cada uno. Los nostálgicos recuerdan cómo fue precisamente Barak el único que hasta ahora ha logrado mandar a Bibi a la oposición, terminando con la primera legislatura de este en 1999. Sin embargo, al ocupar ahora el número 10 de la lista conjunta con Meretz, es posible que Barak hasta se quede sin escaño.

'King-maker' Lieberman

Con una proyección de 9 escaños se sitúa el partido ruso Israel Beitenu, liderado por el exministro de Defensa Avigdor Lieberman, que podría volver a convertirse en la bisagra de estas elecciones, tal como ocurrió en abril. Si bien Lieberman ya ha dicho que en vez de una coalición de centroderecha prefiere un ejecutivo de unidad nacional junto al Likud y Kahol-Lavan sin ultraordoxos ni árabes, las probabilidades de que este escenario se produzca son escasas.

Y es así porque Gantz y Lapid han asegurado que no participarán en un nuevo gobierno liderado por un Netanyahu que volvería a intentar manipular el sistema judicial para quedar exonerado de los tres casos de presunta corrupción que penden sobre su cabeza política. Con el rechazo de los integrantes de 'Kahol-Lavan', Bibi se vería obligado a entregar el testigo a otro dirigente del Likud, fuera el ministro interino de Exteriores Israel Katz o el exministro de Educación Gideon Saar.

Dado que las proyecciones demoscópicas no otorgan la mayoría absoluta ni al bloque de partidos de centroderecha (incluyendo los ultraortodoxos) ni al de centroizquierda (incluyendo a los árabes, que en este caso darían apoyo parlamentario a la coalición sin formar parte de ella, tal como en España pretende hacer Pedro Sánchez con Podemos), la llave del gobierno quedaría en manos de Lieberman, que se volvería a convertir en el 'king-maker' de los comicios.

No obstante, la experiencia demuestra que Netanyahu podría llevar a cabo alguna nueva acción de efecto durante la jornada electoral, dado que la legislación israelí no contempla una jornada final de reflexión, sino que permite hacer campaña hasta el último momento del voto. 'Mr. Seguridad' aún tiene un 50% de opciones de lograr una mayoría si consigue, como ha hecho en el pasado usando todo tipo de estratagemas, movilizar el voto más a la derecha.

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