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La pista de Novichok, las armas químicas más peligrosas, aparece en el caso del exespía ruso Skripal

Personal militar británico con trajes protectores en la investigación del ataque al exespía Skripal en Salisbury, Reino Unido.

Iñigo Sáenz de Ugarte

En 1985, el Congreso de EEUU aprobó la destrucción del arsenal de armas químicas que habían dejado de fabricarse en 1969. Al mismo tiempo, autorizó la fabricación de un nuevo tipo de arma llamada binaria, que consiste en dos productos químicos –inocuos por separado– que forman una mezcla tóxica si se se juntan bajo determinadas condiciones. 

Los soviéticos llevaban ventaja. Ya en los años 70 habían empezado a experimentar sin éxito en esa dirección. Fue en los 80 cuando consiguieron su objetivo. Un químico militar llamado Andrei Zheleznyakov comprobó muy pronto el poder de este grupo de armas a las que se dio el nombre de Novichok (traducible como “el nuevo tipo” o “el recién llegado”). 

En su comparecencia ante el Parlamento británico, la primera ministra, Theresa May, afirmó que los investigadores creen que el producto utilizado en el ataque al exespía Sergei Skripal forma parte del grupo de agentes químicos “conocido como Novichok”. 

El Gobierno ruso ha negado cualquier intervención en el ataque a Skripal, hospitalizado en estado muy grave junto a su hija, y ha calificado las acusaciones de Londres de “espectáculo circense”.

En mayo de 1987, se produjo un accidente en el centro de investigación de armas químicas en Moscú con esta nueva generación de armas. El trabajo de Zheleznyakov consistía en comprobar que los productos finalizados cumplían su función. En el proceso, se rompió una tubería que contenía el gas letal ya mezclado para su traslado a un espectrómetro y la mezcla química se filtró por el punto de ruptura. 

Zheleznyakov la selló rápidamente pero de inmediato supo que había sido contaminado. “Veía unos aros ante mis ojos (estaba sufriendo una miosis, la contracción de las pupilas), rojos y naranjas”, explicó más tarde. “Sonaban campanas en mi cabeza. No podía respirar. Y luego estaba el sentimiento de miedo, como si algo fuera a ocurrir en cualquier momento”. 

Le inyectaron un antídoto y le enviaron a casa. Cuando iba andando por la calle, “de repente vi que una iglesia se iluminaba y se hacía pedazos, no recuerdo nada más”. 

Pasó 18 días en la UCI, pero los médicos pudieron salvar su vida. Ya no estaba en condiciones de trabajar y lo enviaron a casa con una pensión. Sufrió durante años efectos secundarios: depresión, epilepsia, debilidad en extremidades y hepatitis. Murió cinco años después. Novichok funcionaba.

Armas binarias 

Su gran ventaja es que al realizarse a partir de productos legales empleados en agricultura e industria escaparía de los sistemas de verificación de futuros tratados para el control o eliminación de los arsenales de armas químicas. Los compuestos que luego se podrían mezclar se fabricarían en plantas industriales normales dedicadas a fertilizantes o pesticidas. Antes de la combinación, era más fácil almacenarlos sin que se degradaran, como ocurre con las armas químicas “unitarias”. 

En tiempos de la perestroika, los gobiernos de EEUU y la URSS acordaron compartir los datos principales sobre sus respectivos arsenales de armas químicas. Moscú no entregó entonces la información sobre la generación Novichok de estas armas.

Gorbachov en 1987 y Yeltsin en 1992 habían prometido que la URSS y luego Rusia habían dejado de fabricar armas químicas. Eso provocó la indignación de un químico, amigo y compañero de trabajo del accidentado Zheleznyakov, que sabía que los políticos no estaban diciendo la verdad o no estaban enterados  de los planes de los militares: se llamaba Vil Mirzayanov y tomó la decisión de contarlo al mundo. 

Mirzayanov había sido desde 1985 en el responsable de la seguridad de todos los centros dedicados a estas funciones, tanto para impedir filtraciones peligrosas desde las instalaciones como fundamentalmente para protegerlas de espías extranjeros que las detectaran, cuenta David Hoffman en su libro The Dead Hand. Reagan, Gorbachev and the Untold Story of the Cold War Arms Race

Sabía que los militares continuaban promoviendo la investigación de las nuevas armas químicas. En septiembre de 1991, publicó un artículo en la revista Kuranty para contar que se estaba fabricando una nueva generación de armas químicas en condiciones que suponían un peligro para el medio ambiente. No hubo una gran reacción pública. Aunque no empleó la palabra Novichok, sus jefes estaban furiosos y le despidieron en enero de 1992. 

Le salvó de la cárcel entonces el hecho de que el Soviet Supremo había declarado ilegales en 1990 todas aquellas normas que no estuvieran publicadas, lo que dejaba fuera la lista de secretos de Estado que no eran conocidos por la opinión pública. 

Más letal que el VX

Meses después –para entonces se ganaba la vida vendiendo pantalones y zapatillas en un mercado callejero–, escribió otro artículo en la revista Moscow News con fotografías del lugar secreto en que se estaba trabajando en las nuevas armas. Reveló que se trataba de “un nuevo agente tóxico” que era más letal que el VX norteamericano, el compuesto químico más peligroso existente hasta entonces. Se continuaba trabajando en las pruebas en los tres primeros meses de 1992, es decir, después de las promesas no cumplidas de Yeltsin. 

Fue detenido meses después por desvelar tres secretos de Estado: el desarrollo de una arma binaria, la realización de las pruebas en Uzbekistán y que el nuevo agente tóxico era más peligroso que el VX. La presión internacional hizo que su caso fuera sobreseído dos años más tarde. 

El grupo de armas químicas llamados Novichok, de los que salieron productos diferentes, son las más letales. Mirzayanov afirma que son entre cinco y ocho veces más potentes que el VX, aunque eso no está del todo probado, ya que no se ha empleado en muchas ocasiones. Sus efectos son irreversibles, incluso aunque no provoquen la muerte inmediata. Su mayor ventaja es que es más difícil de detectar que otras armas químicas como el sarín y es más persistente y se diluye menos en contacto con el aire.

En forma de polvo, puede ser inhalado, ingerido o absorbido a través de la piel, lo que le convierte en un arma secreta con la que se puede eliminar a un sujeto que toque con sus manos la superficie contaminada. Esa es una de las hipótesis que los investigadores británicos sopesan en el ataque contra Sergei Skripal ante la posibilidad de que la sustancia tóxica fuera colocada en su casa de Salisbury.

La Convención de Armas Químicas, que entró en vigor en 1997 y que prohíbe su producción, almacenamiento y uso no hace ninguna referencia a Novichok y las armas químicas binarias. Según Mirzayanov, “no prohíbe la investigación científica y desarrollo de nuevos agentes químicos”. Por eso, Novichok podría utilizarse “como base para sintetizar agentes más potentes, que podrían probarse y convertirse en armas sin realizar pruebas en exteriores”. Dentro de un laboratorio y fuera de la vista de los organismos internacionales. 

Mirzayanov ha escrito que estas armas químicas binarias serían muy peligrosas para su manipulación por personas sin preparación técnica o científica. Sólo personal militar adiestrado podría ocuparse de ellas sin correr peligro. Entre los sospechosos, se podría incluir también a los agentes de un servicio de inteligencia.

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