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Confusión en la desescalada en Tánger, una de las ciudades más afectadas por el virus en Marruecos

La entrada del Zoco Chico, que separa el casco antiguo del Tánger moderno.

Tánger bulle como en los mejores momentos, a pesar de ser una de las ciudades más afectadas por el coronavirus en Marruecos. En restaurantes y cafés, los clientes charlan animadamente sin guardar la distancia de seguridad y sin mascarillas, a pesar de que el protocolo sanitario lo dicta. En las calles circulan taxis y coches particulares, y de la estación y el aeropuerto ya parten y llegan trenes y aviones. 

La ciudad del Estrecho, con cerca de un millón de habitantes, ha sido una de la más golpeadas por el virus. En las últimas 24 horas se han detectado 181 casos positivos en Marruecos, cuya curva de nuevas infecciones diarias mantiene una trayectoria ascendente desde mediados de junio.

De ellos, el 20% se han confirmado en la región de Tánger –la segunda con más positivos nuevos del país– donde los contagios han aumentado debido a los focos detectados en las empresas automovilísticas, textiles y de pescado, además de medio centenar que se han descubierto en el puerto pesquero. Las autoridades dan por controladas estas infecciones, pero el Ministerio del Interior ha cerrado en todo el país 514 fábricas –un sector que ha concentrado casi la mitad de los casos– y comercios por no respetar las medidas sanitarias.

Este cierre no pilló por sorpresa al empresario español Ángel Latorre, con dos compañías de importación, procesamiento y exportación de pescado en Tánger. “Con nosotros lo han llevado a rajatabla. Recibimos cinco visitas en la fábrica durante el confinamiento para controlar la separación de los empleados y reduciendo los puestos de trabajo; una serie de medidas que desde el principio nos impuso el ministerio de Sanidad”, confiesa el propietario a elDiario.es.

Los ciudadanos se mueven entre el miedo y la confusión desde principios de esta semana en la ciudad norteña. En menos de 24 horas recibieron dos órdenes contradictorias. El pasado domingo, el Gobierno anunciaba desde Rabat el cierre de la ciudad y la vuelta al confinamiento. Pero, tal y como informó el medio Le360, las autoridades locales, tras mantener una reunión, decidieron aislar solamente el barrio popular y superpoblado de Beni Mekada, una de las zonas con más contagios, en la que son comunes las viviendas precarias y cuyos habitantes dependen en su mayoría de la economía informal para subsistir. No obstante, las nuevas restricciones no se llegaron a aplicar tras las protestas de los comerciantes del vecindario.

Los establecimientos siguen abiertos de momento y la ciudad recupera la normalidad día a día. La marcha atrás de las autoridades locales atiende a la economía pero también recoge el sentir popular, disconforme con una vuelta al confinamiento solo diez días después de comenzar la desescalada. “El día que nos dijeron que nos iban a reconfinar, la verdad es que me dieron taquicardias. Una vez ha estado bien, pero ya no es agradable. No estamos hechos para vivir encerrados”, dice Ouissal El Hajoui, profesora y periodista tangerina.

La incertidumbre, la falta de información y no conocer con antelación cómo se iba a proceder son las principales quejas de los ciudadanos consultados por este medio. “No se puede informar peor en un momento de estrés, de cansancio y de agotamiento. No apetece escuchar ahora negro; no, gris; y volvemos al blanco”, se queja El Hajoui.

Las críticas contrastan con los elogios que recibió el Gobierno por las medidas de aislamiento rápidas y drásticas que tomó durante los primeros momentos de la epidemia, con el cierre de las fronteras el 13 de marzo y el confinamiento obligatorio el día 20 del mismo mes para toda la población. 

Entonces, el caid, como se conoce a la autoridad del barrio, entregó un salvoconducto por familia que permitía salir solo a un miembro del hogar para las gestiones de primera necesidad hasta el toque de queda, en vigor desde las 18:00 horas. Además, el Ejecutivo impuso el uso obligatorio de mascarillas a principios del mes de abril, con penas de entre uno y cuatro meses de cárcel si se incumplía la orden. Policía, fuerzas auxiliares, e incluso ejército se desplegaron en las calles de todas las ciudades para hacer cumplir las instrucciones de las autoridades: quedarse en casa y limitar los desplazamientos.

En las grandes y populosas urbes de Marruecos, Tánger, Nador, Rabat, Salé, Fez y Casablanca, las entradas de los barrios poblados de sus extrarradios se cerraron. Las autoridades acordonaron por completo los barrios residenciales y los más populares con barricadas de hormigón. Solo los residentes circulaban previo paso por un control policial. Los agentes, en los controles judiciales y administrativos, conocían la ruta exacta y la cronología de los movimientos de los arrestados por incumplir las restricciones a través de una aplicación móvil que se creó durante el confinamiento.

Menos de 17.000 casos confirmados

Según los datos del ministerio de Sanidad marroquí, desde el inicio de la epidemia se han detectado alrededor de 16.726 casos de COVID-19 en todo el país, un nivel relativamente bajo de infecciones si se compara con otros países, entre ellos muchos europeos. De acuerdo con el balance estatal, 264 personas han fallecido con el virus hasta ahora en el país vecino. Aunque en el debate público las cifras oficiales no son cuestionadas, en la calle es frecuente escuchar dudas sobre el alcance real de la enfermedad en un país en el que parte de la población vive en pequeñas localidades alejadas de las urbes sin acceso a la sanidad y prácticamente aisladas durante el confinamiento, sin transporte disponible.

A unos días del fin del estado de emergencia sanitaria, el 10 de julio, la gráfica plana de nuevos contagios diarios se disparó. Los positivos pasaron de menos de 100 al día a sobrepasar los 500, coincidiendo con los brotes detectados en dos empresas españolas de envasado de fresas en Kenitra y Larache. Además se encontró un foco de casi 500 personas infectadas en el puerto de Safi, al sur de Casablanca, en las empresas de conserva de sardinas, por lo que las autoridades tuvieron que confinar durante días una parte de esa localidad en la costa atlántica y posteriormente a toda la población.

Todo ello en plena desescalada, decretada a partir del 25 de junio, que dejó el país dividido en dos zonas según el número de casos y el peligro de propagación. En la segunda fase de desconfinamiento, a finales de junio, el territorio seguía partido en dos zonas. Las urbes más afectadas –Tánger, Larache, Kenitra y Marrakech–,se quedaron en la zona 2, la de mayor riesgo. Sin embargo, las autoridades municipales de Tánger han indicado a elDiario.es que está previsto que la ciudad pase oficialmente a la fase 1 a partir del próximo lunes.

Se considera que ciertas costumbres y tradiciones han jugando en contra de Marruecos, como la forma de enterrar y los velatorios. Lo mismo ha ocurrido con la falta de recursos: no todo el mundo tiene agua corriente en casa, lo que dificulta el seguimiento de las medidas básicas de higiene, y no siempre hay acceso a una atención sanitaria mínima en todas las localidades. 

Con el cierre total de las fronteras y el confinamiento estricto –clausura de cafés, restaurantes y lugares públicos, prohibición de eventos, suspensión del transporte y aislamiento de barrios– se intentó suplir un sistema sanitario deficitario. Tal fragilidad llevó al ministro de Exteriores a recurrir en un primer momento al envío de ayuda médica desde China. También concentró la medicina militar y las clínicas privadas a disposición de los ciudadanos. Según las cifras oficiales, Marruecos reservó 44 hospitales para la atención de casos de coronavirus, 32 centros de consulta especializados, 1.600 camas de reanimación, entre el sector público y privado; 70 camas en estructuras médicas militares y creó 250 nuevas camas de reanimación.

Muchos casos detectados han sido asintomáticos y no han requerido hospitalización. No obstante, también hay quienes desconfían de las cifras oficiales por su baja capacidad para hacer test. En las últimas semanas se ha incrementado el número de pruebas efectuadas en las empresas, lo que ha aumentado el número de contagios detectados. Según los datos recopilados por el portal Our World In data, a 15 de julio, Marruecos hace una media semanal de 0,44 test diarios por cada 1.000 personas –en Sudáfrica, el país africano más afectado, la cifra es el doble–. Hace dos meses, esta cifra era del 0,1.

A finales de junio, la oficina regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó del aumento en el número de casos en varios países, entre ellos Marruecos. La agencia de Naciones Unidas consideró entonces que todavía "existía una clara necesidad de expandir las pruebas y la notificación más precisa de infecciones y muertes" en la región a la que pertenece Marruecos. "A medida que las tiendas, restaurantes, mezquitas, negocios, aeropuertos y otros lugares públicos comienzan a abrirse, debemos estar más atentos y cautelosos que nunca. No podemos relajar nuestros esfuerzos. De hecho, muchos países que levantan las restricciones están viendo marcados aumentos en los casos, lo que significa la necesidad de acelerar las medidas de respuesta de salud pública", dijo Ahmed Al-Mandhari, director regional de la OMS para el Mediterráneo Oriental.

Medidas contra el parón económico

El rey Mohamed VI dio instrucciones al Gobierno para crear un fondo especial de mil millones de euros destinado a gestionar y responder a la pandemia del coronavirus, con los que se trató de modernizar urgentemente el dispositivo médico, en términos de infraestructuras adaptadas y más medios. El montante también estaba destinado a apoyar la economía nacional, a través de una batería de medidas de acompañamiento de los sectores más afectados, como el turismo, empleo y de atenuación de las repercusiones sociales. Según datos del ministerio de Economía y Finanzas, 4,3 millones de hogares que viven del trabajo informal se han beneficiado de estos fondos. Es la primera vez que se mide, con estadísticas reales, el peso de la economía informal en Marruecos. 

Al mismo tiempo, el ministerio de Economía anunció la apertura de una cuenta bancaria especial para recibir contribuciones de los ciudadanos. Los marroquíes, también desde el extranjero, hicieron donaciones en beneficio del fondo para la gestión de la pandemia a través de las misiones diplomáticas y consulares de Marruecos en el exterior, quienes se encargarán de transferir las cantidades al Ministerio de Economía. A la ayuda económica contribuyó la Unión Europea con 450 millones, 150 de ayuda directa inmediata "en apoyo a los esfuerzos de Marruecos para gestionar” la crisis de la COVID-19, particularmente en términos de acceso a la educación a distancia para las poblaciones en edad escolar.

Para combatir la falta de empleo, un comité de vigilancia económica, creado por el gobierno para detener los efectos negativos del coronavirus, distribuyó a todos los trabajadores despedidos un total de 200 euros mensuales.

Reapertura parcial de fronteras

A pesar de que Marruecos ha prorrogado por cuarta vez el estado de emergencia hasta el 10 de agosto, desde el día 15 de julio ha abierto parcialmente sus fronteras aéreas y marítimas, pero solo para los residentes y los ciudadanos que se quedaron bloqueados fuera del país, por lo que este verano no habrá turistas. Las dos compañías nacionales, Royal Air Maroc y Air Arabia, operan vuelos programados desde algunos aeropuertos. Aunque antes de emprender rumbo los pasajeros tienen que entregar un certificado negativo de la prueba de COVID-19 con validez en las 48 horas antes del viaje.

Las rutas también están limitadas. Por vía marítima, Marruecos tiene conexión con los puertos de Sète en Francia y Génova en Italia. Continuarán así cerrados los cruces de Tánger Ville con Tarifa y la regular de Tánger Med con Algeciras. De esta manera por primera vez en 33 años, no se lleva a cabo la Operación Paso del Estrecho (OPE), dispositivo que organizan España y Marruecos para facilitar el tránsito de miles de marroquíes residentes en el extranjero que regresan al país a disfrutar de las vacaciones del verano.

En todo caso, el ministerio de Asuntos Exteriores español seguirá fletando dos barcos especiales por semana desde el puerto de Tánger Med a Algeciras para españoles y residentes en España que quedaron bloqueados en el país con el cierre repentino de fronteras en el mes de marzo. Se trata de la gestión más criticada del Ejecutivo marroquí. Miles de nacionales siguen atrapados en el extranjero sin poder entrar al país. Menos de una cuarta parte ha sido repatriado durante estos cuatros meses desde ciudades de todo el mundo. 

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