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ENTREVISTA

Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo de Argentina: “A pesar de bastones y sillas de ruedas, 'las locas' seguimos de pie”

La activista e integrante de la ONG Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty Almeida, durante un acto en Madrid en 2023.

Mercedes López San Miguel

Buenos Aires —
20 de marzo de 2026 22:21 h

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Taty Almeida es una mujer amorosa y de voz potente, pero sobre todo es un emblema de luchadora en Argentina por los desaparecidos de la dictadura. La Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, de 95 años, recibe a elDiario.es en su departamento del barrio de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires, en la antesala de la conmemoración del 50 aniversario del golpe de Estado cívico-militar. “Y eclesiástico”, agrega.

“A pesar de los bastones y las sillas de ruedas, ‘las locas’ seguimos de pie”, afirma sentada en el sillón del salón y apuntando con un dedo la silla de ruedas que usa desde hace dos años. Ya no viaja a España, donde vive Jorge, uno de sus tres hijos. Taty señala la última foto que tiene con los tres: Fabiana, Jorge y Alejandro: “Yo había vuelto de un viaje y nos juntamos el 8 de junio de 1975. Es la última foto con Alejandro, porque lo desaparecieron el día 17”.

Alejandro Almeida tenía 20 años cuando fue detenido y desaparecido. Era militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una guerrilla que operó durante la década de los 70, pero su madre no lo supo hasta después de aquel 17 de junio.

Devota del Sagrado Corazón, Taty reza y no pierde las esperanzas de poder encontrar los restos de su hijo y poder abrazarlo. La canción de Silvio Rodríguez El unicornio azul hace vibrar lo que ella siente. Y el cantautor cubano se la dedicó en el último recital que dio en Buenos Aires.

Taty Almeida se indigna ante el negacionismo del Gobierno de Javier Milei y se imagina un “mano a mano” con la vicepresidenta Victoria Villarruel. “Le preguntaría: ‘¿Vos estás de acuerdo con que tus amiguitos hayan tirado vivas a nuestras tres madres, a las monjas francesas y a tantos de nuestros hijos?’”.[Las monjas Azuzena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce fueron arrojadas vivas al mar en los llamados vuelos de la muerte].

En el salón se ven fotos de ella con el Papa Francisco, con Maradona, varios retratos y un poema de su hijo Alejandro que descubrió tras su desaparición y una sobrina enmarcó. Taty dice que tiene una familia maravillosa compuesta por seis nietos varones (cuatro de Fabiana y mellizos de Jorge) y cuatro bisnietos. Se le ilumina la cara cuando cuenta que su bisnieto Mateo, que está en primer año, le dijo: “Taty, sería para mí un orgullo que vengas a dar una charla sobre el 24 de marzo [fecha del golpe de Estado]”.

Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo

Usted ha dicho que Alejandro parió a Taty Almeida. ¿Puede contar por qué?

Yo era una gorila [antiperonista] tremenda. Toda mi familia [era] militar. Mi hermano, coronel; mi padre también era teniente coronel de caballería y murió joven. Él votó a Perón en el primer Gobierno. Un hogar muy especial, porque eran antiperonistas, pero nunca escuchamos “¡Viva el cáncer!” [lema de odio con el que sectores antiperonistas celebraban la enfermedad y muerte de Eva Perón]. Mis dos hermanas, hoy fallecidas, estuvieron casadas con dos oficiales de aeronáutica; los hermanos de mi exmarido, milicos, o sea, milicos por todas partes.

Cuando desaparecen a Alejandro, recurrí como loca a todos. A mi hermano Carlos, con el que era compinche, lo llamé a Goya (en la provincia de Corrientes), él era el jefe de ahí y no vino. Lamentablemente, nos distanciamos. Como le dije tiempo después: “Si vos te quedaste en el Ejército, por algo será”. Nunca más nos hablamos hasta que se enfermó de leucemia y lo fui a despedir antes de morir. Fue muy fuerte el encuentro con él.

De su hijo, ¿tuvo algún indicio de dónde estuvo secuestrado?

No, no, nada. Es por eso nuestra lucha. No sabemos dónde están enterrados, no tenemos dónde llevarles una flor. La verdad, que nos digan dónde están. Y después justicia legal, nunca justicia por mano propia. Alejandro vivía acá conmigo. Tenía 20 años. Estudiaba Medicina y trabajaba en el Instituto Geográfico Militar. El día que ya no volvió él no me dejó ningún mensaje, como hacía siempre. Y ahí en ese mueble encuentro una agenda de teléfono en donde en las últimas 24 hojas, había 24 poesías. No sabía que militaba y tampoco sabía que escribía poesía. Ahí empecé a conocer la otra faceta de Alejandro. Un canto a la amistad, al amor, a la injusticia, al repudio, y una poesía dedicada a mí, por si algo le pasaba; vaya si le pasó.

Este payaso que tenemos de presidente, con perdón de los payasos, niega que hubo 30.000 desaparecidos. Además, los insultos, las cosas que dice. Es un chupamedias de Donald Trump

Bueno, es una despedida. Él sabía que iba a morir. Los que terminaron de contarme cómo era Alejandro fueron dos muchachos. Con otra madre habíamos ido a invitar a una marcha contra la Ley de Punto Final a Ciudad Universitaria [de Buenos Aires]. Y me presenté y se acercaron dos muchachos, muy pálidos. Me abrazaron y lloraron, me decían: “Sos la madre de Alejandro. Alejandro sabía dónde vivíamos, y él no habló, Taty. Nos salvamos por él, pudimos exiliarnos”.

¿Cómo recuerda su acercamiento a Madres de Plaza de Mayo?

A mí me costó acercarme a Madres, porque yo decía: “Con el currículum militar que tengo, van a pensar que soy una espía. Fuimos con mi hija Fabiana y al entrar vimos en una pared muchas fotos y me di cuenta de que no era la única. Me atendió la madre con mayúscula, María Adela Gard de Antokoletz. María Adela buscaba a su hijo abogado, Daniel, que sigue desaparecido. Y me acuerdo que me preguntó: ”¿A quién te falta a vos? No importaba política, religión, y ahí yo hice mi catarsis. Hablé, lloré. Y en un momento le dije: “Ay, María Adela, qué estúpida he sido”. Y me dijo: “No, mi hijita, no digas eso”. Cada madre se acercó cuando fue su momento. Este es el tuyo, Taty“.

¿Cómo imagina que continuará el legado de las Madres?

Quedamos pocas Madres y Abuelas, pero la posta ya la hemos pasado. Y estamos tranquilas porque hay gente que realmente va a continuar con la memoria cuando ya no estemos nosotras. Esa posta de a poquito la pasamos, porque a pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie, querida.

Cuando mira hacia atrás a la mujer de 45 años que empezó a buscar a Alejandro, ya divorciada, la Taty de hoy, ¿qué piensa de aquélla?

Yo a esta altura, te imaginas, la cantidad de honoris causa que me han dado y en cada reconocimiento lo veo a Alejandro, que me dice: “Vieja, miren a esta gorilita de mierda, ¿en qué se transformó?”. Porque él me decía: “Está gorilita y, sin embargo, la quiero”. Ese es el cambio que hicimos todas las madres, ¿no? Dicen que somos heroicas, pero no, hicimos lo que cualquier madre hace por un hijo, en circunstancias muy especiales.

Si a una madre se le muere un hijo por una enfermedad, por lo menos lo está atendiendo hasta el último momento; lo puede despedir. En nuestro caso se los llevaron y ahí quedó

Sabemos lo que es llevar nueve meses en la panza a un hijo para que te lo arranquen de esa manera. La pérdida de un hijo no tiene cura, es una herida que no se cierra. Si a una madre se le muere un hijo por una enfermedad, por lo menos lo está atendiendo hasta el último momento; lo puede despedir. En nuestro caso se los llevaron y ahí quedó. Una de las cosas que yo le pido a Dios es que no me lleve sin antes por lo menos tocar los huesos de Alejandro. Y no pierdo la esperanza por el trabajo de los antropólogos forenses. ¿Viste ahora que identificaron a 12 desaparecidos en La Perla [centro de detención y exterminio en la provincia de Córdoba]? Imagínate, los antropólogos que identificaron al Che Guevara, así que más vale que sepan los muchachos.

¿Cuánto le afecta el negacionismo del Gobierno de Milei?

Este payaso que tenemos de presidente, con perdón de los payasos, niega que hubo 30.000 desaparecidos. Además, los insultos, las cosas que dice. Es un chupamedias de Donald Trump. Compadezco al que venga después de este, que sea un gobierno nacional y popular para sacar a flote la Argentina, porque la está destruyendo. La cantidad de fábricas cerradas, la cantidad de gente sin empleos.

En estos dos años de gobierno ha habido un desmantelamiento de las políticas de memoria. ¿Cómo pueden contrarrestarlo desde los organismos de derechos humanos?

Ahí está el tema, si ganó y de qué manera, algo se hizo mal. Por eso es tan importante la unidad, pero la unidad de palabra, no; con hechos. Realmente, con hechos, estar unidos; ya se sabe que un pueblo unido jamás será vencido. Para eso se necesita hablar con la gente, explicarle, no enojarse con los que lo votaron, hacerles razonar; hay mucho por hacer políticamente.. Es lo que, modestia aparte, hace una cuando va a los colegios, a todos lados.

La Madre de Plaza Taty Almeida, al llegar a la manifestación en el centro de Buenos Aires, el 24 de enero de 2024.

La vicepresidenta Victoria Villarruel, bajo el eufemismo de “memoria completa·, busca equiparar las acciones del terrorismo de Estado con las de las organizaciones armadas. ¿Qué responde?

Ella es brava e inteligente, apoya a los milicos y la teoría de los dos demonios [que equipara la represión de la dictadura a las acciones de los guerrilleros]. Es inaceptable. Me gustaría tener un mano a mano con ella y preguntarle: “¿Vos estás de acuerdo con que tus amiguitos, o lo vas a negar, hayan tirado vivas a nuestras tres madres, a las monjas francesas y a tantos de nuestros hijos?”. Y negámelo, que tus amiguitos se apropiaron de los bebés, de las chicas que estaban presas políticas, las mantuvieron vivas, tuvieron familia, y a ellas las asesinaron. ¿Estás de acuerdo? ¿Vas a negarlo? ¿No viste el avión que está ahí en la exESMA [Escuela de Mecánica de la Armada, centro de detención y tortura] de uno de los vuelos de la muerte? Allá tienes a la prueba, ¿viste? A ver, ¿qué me diría?

A 50 años del golpe de Estado cívico-militar, ¿cómo vive esta fecha?

Golpe cívico-militar y eclesiástico. La complicidad eclesiástica fue espantosa, con excepciones, como monseñor Angelelli, el padre Mugica. Defender y apuntalar esta democracia nos costó mucho. Fuimos pioneros en los juicios a la Junta Militar. Esperemos que el 24 seamos muchos.

¿En algún momento dejó de creer en Dios?

No, siempre tuve fe. Cuando yo estuve con el Papa Francisco, yo le dije: yo no voy a misa, ni me confieso, ni nada. Pero la fe no la he perdido. Yo soy devota del Sagrado Corazón. Y en el umbral de la puerta tengo un cuadrito con él: lo reto, le rezo y le agradezco. Y Francisco me dijo que esa es la mejor manera para rezar.

Antes de terminar la entrevista, Taty Almeida dice que quiere contar el origen del pañuelo blanco de las Madres de Plaza de Mayo.

Todos los años hay una gran peregrinación a Luján, porque la Virgen de Luján es la patrona de Argentina, a la que van miles de personas, y va la jerarquía eclesiástica, que no nos contestaba. Entonces las madres dijimos: “Vamos para allá y ahí los abordamos, y a ver ahí si nos pueden decir algo”. Pero claro, ¿cómo nos encontramos? Una madre dijo que nos pusiéramos los pañales en la cabeza. Porque, para los jóvenes que sepan, antes no había pañales descartables, eran de tela y se lavaban. Así como esos pañales sirvieron para cuidarlos cuando eran bebés, después sirvieron para pedir por la vida de ellos. Y de ahí el origen del pañalo blanco.

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