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OPINIÓN

China y Occidente tienen que cooperar para lograr la vacunación mundial

Un hombre es vacunado contra la covid-19 en Nueva Delhi, India.

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La frase "diplomacia de las vacunas" ha pasado a ser una expresión con connotaciones negativas, al menos en relación a China y la noción de que su Gobierno podría estar entregando vacunas poco eficaces a cambio de capital geopolítico. El G7 ha prometido tan solo 1.000 millones de vacunas de las 11.000 millones necesarias para inmunizar a los países de bajos y medianos ingresos, dando a entender que Occidente no puede vacunar al mundo entero por su cuenta.

Pero, a lo largo del último mes, autoridades científicas y sanitarias internacionales han confirmado un hallazgo importante: a pesar de las dudas de algunos de sus críticos, las vacunas desarrollas por compañías chinas funcionan. Aunque continúen siendo adversarios ideológicos, China y las potencias occidentales no tienen otra opción que colaborar para vacunar al mundo.

El 2 de junio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) finalmente aprobó el uso de emergencia de la vacuna Sinovac. Apenas unos días antes, la farmacéutica estatal más grande de China, Sinopharm, había publicado un estudio revisado por pares con resultados de los ensayos clínicos en fase III en los que quedó comprobada la eficacia de su vacuna ante los escépticos occidentales. El artículo fue publicado nada menos que en la revista médica Journal of the American Medical Association.

El "sello de oro" de la fase III significa que cada vacuna es lo suficientemente efectiva como para ser administrada de forma masiva, aunque persiste la falta de información sobre la seguridad de la aplicación de las vacunas Sinovac y Sinopharm en mayores de 60 años. Si bien es significativa, esta falta de información no impidió la aprobación por parte de la más importante autoridad mundial en cuestiones de salud. Con solo el 6% de la población mundial completamente vacunada, la necesidad de vacunas supera con creces los posibles riesgos que estas puedan suponer.

La eficacia de ambas vacunas se ha puesto en duda públicamente. La última ocasión en que esto sucedió fue cuando Emiratos Árabes Unidos comenzó a ofrecer una tercera dosis de Sinopharm "como refuerzo". Las vacunas producidas en China –al igual que la compañía CanSinoBio, asociada a la Academia Ciencias Médicas Militares– han sido prácticamente ignoradas por la iniciativa COVAX de la OMS, el mecanismo multilateral para vacunar al mundo en desarrollo.

Según algunas informaciones, Sinopharm y Sinovac podrían haber sido más claras respecto a la disponibilidad de dosis y su capacidad de producción si hubiesen querido realmente un mayor papel en el programa COVAX. Pero desde abril, la trágica situación vivida en India a causa de la COVID-19 ha hecho que las vacunas de Oxford/AstraZeneca, principal proveedor de COVAX, sean imposibles de obtener. Ante la cantidad insuficiente de vacunas prometidas por los líderes del G7, la OMS no tiene más opción que pedir ayuda a Sinopharm —y, a partir de ahora, a Sinovac—, mientras avanza en su iniciativa de vacunar al mundo entero.

La diplomacia de vacunas china

Si las vacunas chinas pueden suplir las carencias del mecanismo COVAX, ¿qué queda de la diplomacia de las vacunas en China? Pekín está tratando de acabar con los discursos que afirman que usa las vacunas para obtener poder político. La frase "diplomacia de las vacunas" aparece en los medios chinos cuando es usada para condenar las opiniones occidentales alrededor del asunto, a las que la agencia estatal de noticias más grande de China, Xinhua, califica de "siniestras".

Parte de la población china está cada vez más preocupada por que la diplomacia de las vacunas se esté transformando en otro "lobo guerrero", una expresión que para muchos es utilizada para demonizar la influencia de China en el extranjero. Los usuarios de las redes sociales chinas WeChat, Weibo y DouYin se inclinan por las frases "asistencia en la vacunación" y "donación de vacunas".

Hasta ahora, las donaciones de vacunas chinas han sido gestionadas bilateralmente y no a través de COVAX. De cualquier modo, adjudicar a estos intercambios beneficiosos para ambas partes la capacidad de aumentar la reserva moral del Gobierno es una decisión premeditada y vinculada directamente con los objetivos establecidos por China en materia de política exterior.

El lenguaje utilizado en el libro blanco "La cooperación internacional de China para el desarrollo en la nueva era", lanzado en enero, presenta a China como un país en desarrollo que considera que las vacunas producidas en su territorio son un "bien público mundial". En el anuncio de su decimocuarto plan quinquenal, publicado en marzo, se alude a las motivaciones económicas detrás de la diplomacia de las vacunas, citando las esperanzas que el país tiene de convertirse en un líder mundial de la producción farmacéutica.

El uso de vacunas fabricadas en China ha suscitado opiniones diversas en los medios fuera de occidente. Algunos de ellos fueron abiertamente políticos, al reportar la presión por parte de China a Paraguay, Honduras y otros países para que dieran fin a sus vínculos con Taiwán a cambio de recibir dosis, y al informar retrasos en la distribución de vacunas en países del sudeste asiático.

Los titulares en Oriente Medio reflejan un enfoque más moderado. Agradecen a China su generosidad y, a su vez, expresan escepticismo sobre la eficacia de las vacunas. La inquietud por la posible relación entre la formación de coágulos y la vacuna AstraZeneca ha llevado a muchos en la región a considerar la vacuna de Sinopharm como una "opción más segura".

Priorizar la salud pública ante la rivalidad geopolítica

Puede que las vacunas producidas en China hayan aumentado el ‘poder blando’ del país en el extranjero. Sin embargo, limitarse a hablar en los titulares de motivaciones estrictamente políticas es ignorar verdades duras. El acaparamiento de las vacunas por parte de países occidentales durante los primeros meses de la pandemia alejó a COVAX de su objetivo de vacunar a 2.300 millones de personas para finales de este año. Las fábricas de vacunas chinas pueden producir 3.000 millones de vacunas al año y ya han exportado 250 millones, mientras que en Estados Unidos ese proceso comienza ahora.

Además, el objetivo total de COVAX solo abarca al 20% de las poblaciones de los países de ingresos medios y bajos, dejando al 80% de sus mercados a merced de los intereses corporativos. Asimismo, esto podría representar una oportunidad excepcional para mejorar la distribución de la riqueza en el mundo. La producción de las vacunas chinas en otros territorios podría beneficiar a diversos sectores económicos en Indonesia, Egipto y, más notablemente, Emiratos Árabes Unidos, donde la vacuna de Sinopharm ya fue renombrada como Hayat-Vax.

En lo que a vacunas se refiere, el enfrentamiento de los países del G7 y China debe tomar una pausa moral. COVAX y los gobiernos internacionales que pretendan obtener dosis deben incrementar la cooperación, antes que la competición, con las compañías productoras de vacunas alrededor del mundo, incluyendo las chinas.

En el peor de los escenarios, continuar poniendo en duda la efectividad de Sinopharm y Sinovac puede generar más resistencia a la vacunación entre la población. La aprobación tardía de las vacunas de Sinopharm y Sinovac, aunque justificada ante la falta de datos, sin dudas les costó la vida a muchas personas en todo el planeta.

Tras un año y medio de locura pandémica, el mundo está cansado de la falta de distinción entre pruebas y política. Si bien puede que Occidente y China permanezcan enfrentados, las iniciativas globales alrededor de la salud pública deben tener el cuidado de priorizar la evidencia y la necesidad sobre la rivalidad geopolítica.

  • Sophie Zinser es miembro de la Schwarzman Academy en Chatham House, organizada en conjunto por el Asia Pacific Programme y el Middle East and North Africa Program (Menap).

Traducido por Julián Cnochaert

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Publicado el
25 de junio de 2021 - 22:27 h

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