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ANÁLISIS

La pérdida de Jersón indica un cambio en la estrategia de Putin

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, posa para una foto con los soldados que lideraron la batalla contra la ocupación rusa y ayudaron a liberar Jersón.

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La decisión de Rusia de retirarse de la ciudad ucraniana de Jersón a posiciones defensivas en la orilla oriental del río Dniéper obedeció a una lógica militar sólida. El control ruso de la ciudad solo podía sostenerse a costa de un alto precio en tropas y equipamiento. Desde el punto de vista operativo, la retirada debería ayudar a los rusos a estabilizar sus posiciones defensivas durante el invierno. Desde el punto de vista estratégico, la retirada es una derrota inequívoca para Rusia.

Cuando Ucrania lanzó su contraofensiva hacia Jersón a finales de agosto, sus militares sabían que carecían de poder de combate para tomar la ciudad. Sin embargo, los ataques a los puentes sobre el Dniéper limitaron la capacidad de Rusia para abastecer a sus tropas con equipamiento pesado, mientras que el río protegía a las fuerzas ucranianas del contraataque. Esta geometría favorable del campo de batalla permitió a Ucrania crear una zona mortal en la que su artillería logró causar grandes bajas a las unidades rusas más motivadas y competentes.

A pesar de que el campo de batalla favorecía a Ucrania, con el paso del tiempo los militares rusos acabaron por encontrarse políticamente bloqueados. Tras la anexión del territorio proclamada por Rusia, la retirada se consideró al principio inaceptable y políticamente peligrosa, en especial tras las críticas de los imperialistas rusos ante el colapso del grupo de fuerzas rusas cerca de Izium y la caótica movilización rusa. Al haber sido la única ciudad importante que fue tomada intacta durante la invasión de febrero, su pérdida es difícil de interpretar como algo distinto a una derrota. Desde el punto de vista militar, la ciudad también fue defendible durante algún tiempo, aunque pagando un precio.

Una retirada ordenada

El abandono de la ciudad también acarrea consecuencias para la estrategia rusa de ocupación de Ucrania. Sin una cabeza de puente en la orilla este del Dnéper, las fuerzas rusas no podrán amenazar con operaciones ofensivas contra Mykolaiv durante la primavera, incluso si se crean nuevas unidades de combate tras la movilización. La capacidad de defensa del río, con la que las fuerzas rusas cuentan para estabilizar sus bajas, también garantiza que Ucrania pueda desplazar recursos de este eje y proporciona seguridad a las industrias ucranianas en la costa sur.

A pesar de estas consideraciones, el Kremlin llegó a la conclusión de que podría capear más fácilmente las consecuencias políticas de una retirada ordenada que las de abandonar la ciudad tras meses de pérdidas. Con ello, Putin ha aprobado un cambio en la estrategia de Rusia, que busca desgastar las operaciones ofensivas ucranianas contra una línea defensiva recientemente construida, dejando que la guerra económica agote tanto la voluntad de Occidente como sus reservas de municiones, mientras que regenera nuevas fuerzas para el próximo año.

Un paso hacia la victoria

Para Ucrania, la liberación de Jersón es una victoria importante. Permite la concentración de fuerzas en el noreste y demuestra a los aliados occidentales que, librando combates inteligentes, se puede conseguir la liberación de un territorio sin necesidad de asaltar deliberadamente cada ciudad ocupada por Rusia. Y, si bien puede que Moscú aún cuente con una teoría para la victoria, aquellas de las que se ha valido hasta ahora han adolecido, constantemente, de un sesgo de optimismo. Es probable que esto se vea sobredimensionado por las informaciones de que militares estadounidenses están recomendando que Ucrania negocie.

A su vez, la retirada de Rusia plantea a Ucrania algunos retos. Rusia tiene ahora un frente más estrecho que defender y Ucrania ya no tiene la oportunidad de matar a un gran número de soldados rusos que tienen una capacidad limitada para contraatacar. Aunque luchar a través de las nuevas líneas de defensa rusas corre el riesgo de desgastar a las unidades ucranianas, también es fundamental para Kiev que las tropas rusas no tengan la oportunidad de recuperarse durante el invierno.

Jersón es un paso hacia la victoria y demuestra lo que se puede conseguir si hay un suministro constante de asistencia técnica militar de parte de Occidente. También pone de relieve la importancia de convencer al Kremlin de que una retirada controlada ofrece mejores posibilidades que una posible derrota.

Jack Watling es investigador principal en guerra terrestre del grupo de expertos británico Royal United Services Institute (RUSI).

Traducción de Julián Cnochaert.

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