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Los hosteleros hacen caja con las terrazas “como caballos desbocados” entre multas y quejas de los vecinos

Terrazas llenas en Chamberí. / Josefina Blanco / Europa Press

Sofía Pérez Mendoza

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“Hemos salido a la atención al público como caballos desbocados, gente deseando facturar, porque estábamos en las últimas, que posiblemente se ha pasado y les han pillado”, dice el presidente de la Asociación Madrileña de Empresas de Restauración (AMER), Antonio Galán, para intentar justificar por qué el 41% de las inspecciones de terrazas en Madrid han terminado con una propuesta de multa por incumplir la normativa. La mayoría de las terrazas infractoras se pasaban de aforo (no pueden superar el 50%) y permitieron que los clientes consumieran en la vía pública al margen de las limitaciones, según el Ayuntamiento de Madrid. Las multas oscilan de 750 euros a 3.000.

La transición hacia la nueva normalidad ha dejado imágenes de personas juntas en la puerta de un bar o de mesas en lugares insospechados, como el descansillo de un tramo de escaleras. Las situaciones se han ido subsanando a golpe de presencia policial recurrente, según los hosteleros. 188 locales han pedido autorización para ampliar la terraza y 69 quieren poner mesas por primera vez, según datos facilitados por el consistorio, que ha creado un procedimiento exprés para las licencias.

“Han venido ya cuatro veces. Cuentan las mesas, las sillas, revisan que no tengamos servilletas, que llevemos mascarillas...”, describe María, encargada de un restaurante en las inmediaciones del Mercado de San Miguel con seis mesas. Normalmente su terraza se compone de 12. La policía aquí ya ha dado un aviso porque pusieron una de más, pero no ha multado. “No era para sentarse, sino de apoyo”, justifica la encargada, que asegura que después del toque los agentes han vuelto a pasar varias veces. El ayuntamiento reconoce que los primeros días “ha primado una labor pedagógica” por los cambios normativos.

“No podemos ser como agentes de la autoridad”, se queja la patronal de hosteleros madrileña, que culpa al cliente “a veces”. El pasado fin de semana la calle Galileo, icono de un enfrentamiento político de la oposición con el Gobierno de Carmena por colocar unas macetas y dar más espacio al peatón en el primer intento de urbanismo táctico de la ciudad, no tenía ni macetas (las quitó el equipo de PP y Ciudadanos nada más llegar) ni tampoco espacio para caminar. La vía estaba tomada, en un flanco, por las terrazas y el hueco libre para pasar de algunos tramos quedaba bloqueado por personas esperando, consumiendo o arremolinadas, sin que esté permitido, en mesas pensadas para cuatro personas.

Para las camareras y camareros la situación, dicen, supone un “estrés”. “No puedo dejarte sentar, si viene mi jefe o la policía nos multa”, comenta una trabajadora de un bar de la calle Santa Isabel (Lavapiés) visiblemente nerviosa ante la llegada de más amigos a una mesa donde solo caben cinco. Una chica se queda sentada en el suelo mientras tratan de buscar una solución para que no se parta el grupo.

A eso se suma que, a mitad de mesas, los propietarios solo reincorporan a la mitad de plantilla. “Somos solo unos pocos y vamos corriendo a todas partes. Es un agobio, además de porque hay mucha gente, por las mascarillas. Hace calor, tienes que ir rápido”, se queja María, que deja unos segundos en silencio y matiza. “Bueno, estamos mejor que antes, que estábamos en casa, por lo menos...”. En cinco minutos llegan cuatro grupos de personas. “Está completo, lo siento”, repite la encargada.

Las terrazas se reservan con días de antelación y hacia finales de semana es prácticamente imposible lograr un hueco. Pueden abrir desde las 8 de la mañana, como decretó la Comunidad de Madrid para extender su horario, hasta las 23.30 entre semana y hasta la 1.00 de la madrugada durante el fin de semana. Como parte de las facilidades que ha puesto la administración local también se pueden colocar en bandas de aparcamientos –en Chamberí se han dado al menos tres permisos–, zonas terrizas no contiguas y extenderse a lo largo de varios locales (antes estaba limitado a los dos colindantes solo).

Los criterios, en general, se han relajado siempre que se cumpla que exista “una zona libre de paso sin quiebros ni obstáculos de 2,5 metros”. Eso, puesto sobre el papel contrasta con algunas imágenes del fin de semana. “Estamos intentando facilitar la ampliación del espacio. Cuando hay incumplimientos hay que sancionar, pero también tratar de ayudar a un sector que lo está pasando especialmente mal en Madrid”, justificaba la portavoz del Gobierno municipal, Inmaculada Sanz, este jueves.

El sector asegura que solo el 15% de los locales han reactivado su actividad con las normas de la fase 1, pero los locales con los que ha contactado este medio coinciden en que están haciendo “más caja de la esperada”. La Asociación Madrileña de Empresas de Restauración asegura que el grueso de los ingresos se concentran el fin de semana. En esos días la mayoría de locales hacen dos turnos de comida y de cena para maximizar la rentabilidad; y limitan eso de “sentarse a tomar algo” a solo las horas valles del día. A partir del lunes, cuando Madrid avanzará en la desescalada, ya se permite la apertura al público del interior de los locales con restricciones y un aforo del 70% en las terrazas.

Alivio para los hosteleros, no para los vecinos

La desescalada, mientras alivia a los empresarios, desquicia a los vecinos. En La Latina, los hosteleros propusieron al equipo de Martínez-Almeida peatonalizar tres calles del barrio (Cava Baja, Humilladero y del Almendro), las más concurridas para el tapeo antes de la pandemia, para poner terrazas. Son zonas de especial protección acústica y medioambiental (ZPAE). La petición de momento no ha sido escuchada. “No se está estudiando. Tiene que haber convivencia entre vecinos y hostelería”, zanjó el alcalde la semana pasada.

El Gobierno municipal tuvo que dar marcha atrás a una primera regulación que permitía poner música en las terrazas (a excepción de las zonas ZPAE). Y los comerciantes ya se han quejado porque consideran que la extensión de las terrazas quita visibilidad a sus locales. “Si el Ayuntamiento no modifica la resolución de la comisión de terrazas causará un gran perjuicio al comercio. Hay opciones y estamos a tiempo”, pidió la Confederación de Asociaciones de Comercio de Madrid la semana pasada.

“La policía tiene que estar detrás todo el rato porque se incumplen, sobre todo, los horarios”, apunta Saturnino Vera, presidente de la Asociación de Vecinos Cava La Latina. Al barrio, en una burbuja de tranquilidad durante el confinamiento, ha vuelto el ruido.

Los propietarios de locales piden “solidaridad” a los vecinos. “Entiendo que la actividad puede ser molesta, pero por lo menos en una pequeña temporada hay que compaginar el descanso de los vecinos con salvar puestos de trabajo. Nadie va a hacer negocio de esto. Es sobrevivir”, afirma Antonio Galán, de AMER. “Nos piden una solidaridad que nunca han tenido con nosotros. No nos pueden pedir que dejemos de descansar porque ellos quieran hacer negocio en la calle”, responde Vera.

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