Almeida culmina una legislatura rojigualda izando una bandera gigante en la Plaza de España

Imagen de la nueva bandera de Plaza España, junto a la Torre de Madrid

Diego Casado


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Con un “¡viva España!” y al son del himno nacional, el Ayuntamiento de Madrid izaba a primera hora de esta mañana su última bandera gigante de la legislatura. Lo hacía en la Plaza de España, en una de las zonas ajardaniadas junto a la Torre de Madrid, con abundante presencia militar y las miradas de Isabel Díaz Ayuso y de José Luis Martínez-Almeida. El alcalde cumplía con este acto un ciclo que comenzó en diciembre de 2019 y que ha llenado de rojigualda una buena parte de los distritos de la capital.

El izado de este viernes no fue demasiado lucido para Almeida porque la tela se enredó en el mástil y fue imposible sacar una imagen de la enseña desplegada en todo su esplendor. Una circunstancia de pura mala suerte, ya que cualquier madrileño sabe que en este parque es donde se fabrica el viento para toda la ciudad y resulta más fácil toparse con vendavales que con la calma chicha de esta mañana.

El viento no fue el único ausente al acto. Tampoco estuvo por allí la concejala Sofía Miranda, que dejaba esta semana todos sus cargos en Ciudadanos por desaveniencias con la vicealcaldesa. Villacís sí que acudió y aprovechó para leer el artículo 20 de la Constitución (el de la libertad de expresión), pues el evento estaba dedicado a la Carta Magna. Almeida escogió el 5, aquel que asegura que Madrid es la capital de España. El resto de grupos políticos también mandaron a sus representantes.

La bandera homenajeada es del mismo tamaño que sus compañeras en gigantismo: 37,5 metros cuadrados (5 de alto por 7,5 de ancho), sujetada por cuatro militares durante el izado y atada a un mástil de 18 metros visible para cualquiera que baje por Princesa o llegue desde Gran Vía. Las mismas dimensiones que la que inauguró esta fiebre rojigualda hace ahora tres años, en Chamberí, aquel día en el que Almeida se lanzó a firmar constituciones a los escolares. Este viernes también había niños, aunque se limitaron a sacarse fotos con el primer edil y a leer artículos de la primera norma para los españoles.

Aparte de las lecturas, hubo pocos discursos políticos. La única que se arrancó fue la concejala de Moncloa-Aravaca, Loreto Sordo, responsable de haber instalado el mástil para el izado de bandera. En sus palabras aprovechó para reivindicar la Carta Magna como ejemplo “de lo que nos une”.

Fue Sordo la que informó a los medios que la instalación de la bandera forma parte de los remates de las obras en Plaza de España y su coste lo ha asumido la constructora del proyecto (FCC) como decoración final. Es uno de los pocos casos en los que la tela rojigualda no ha costado dinero extra a las arcas públicas, como sí ocurrió en el caso del concejal de Chamberí y Fuencarral, que emitió facturas por valor de 90.000 euros para llenar de banderas nacionales sus distritos.

Una bandera gigante por distrito

El acto en Plaza de España es el último dentro de una serie de inauguraciones de banderas de enorme tamaño que arrancó en 2019 en un contexto bien distinto al actual, con el conflicto catalán al rojo vivo y una respuesta nacionalista española en numerosas regiones e instituciones públicas. En Madrid el primer viraje tuvo lugar en el propio Ayuntamiento, donde se sustituyó la pancarta que daba la bienvenida a los refugiados por el amarillo y el rojo, a propuesta de Vox.

Luego llegaron las primeras enseñas nacionales en los distritos, de distintos tamaños y a razón de unos 15.000 euros de gasto por cada una de ellas. Javier Ramírez (PP) colocó sendas en Montecarmelo y Las Tablas, casi a la vez que la de Chamberí. Repitió al año siguiente en Arroyo del Fresno y su ejemplo lo siguieron otros ediles del mismo partido como Álvaro González en Carabanchel. Incluso se izaron telas nacionales en memoria de las víctimas del coronavirus.

Pero el rojigualda ha ocupado otros espacios poco habituales durante la legislatura de Almeida, como la decoración navideña. En 2020, una enorme decoración LED adornó un kilómetro de La Castellana con el rojo y el amarillo. Desde entonces ha poblado árboles de Navidad o incluso enmarcado belenes, tanto en Cibeles como en los distritos.

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