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Banderas palestinas y gritos intergeneracionales para cambiar por unas horas la normalidad de Madrid

Manifestación por Palestina este miércoles por la mañana en Madrid, junto al Ministerio de Exteriores

Luis de la Cruz

Puerta del Sol (Madrid) —

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Una ciudad es una mole cuya trayectoria rodante es difícil de desviar. Se pueden contar con los dedos de una mano las huelgas generales y las manifestaciones capaces de cambiar sustancialmente su rutina. Tu estás eufórico, miras alrededor y ves a todo el mundo en la cola del Primark, a su bola.

Este miércoles, 15 de octubre, hay huelga general y jornada de lucha por Palestina. El paro de 24 horas estaba convocado por una pléyade de siglas que aunaba sindicatos (CGT y Solidaridad Obrera, entre otros) con plataformas estudiantiles y de apoyo a la causa palestina. Los dos grandes no se han unido a la huelga, pero sí han planteado paros de dos horas en distintos turnos laborales. Con estos mimbres, era difícil pensar que la correlación de fuerzas fuera tal que pudiera inquietar la normalidad aplastante, pero nadie podrá decir que no se intentó con determinación o que no sirviera de nada.

La jornada había amanecido con los habituales piquetes en medios de transporte y colgaduras de pancartas en los puentes de las carreteras de circunvalación. Según avanzaba el día, siguiendo el manual de la huelga al uso, la atención se focalizaría en el centro de la ciudad. Sobre las once y media de la mañana un piquete numeroso, con banderas de CGT y otras centrales sindicales convocantes, hacían presencia en la Gran Vía. Algún grupo de apoyo a Palestina, formado por militantes con experiencia en la causa –oportunidades no han faltado– repartía folletos en la Puerta del Sol mientras una turista tocada con palo selfie los utilizaba de fondo de su grabación sin ningún disimulo.

Sobre la misma hora, los estudiantes universitarios hacían “pasa-campus” y los de instituto llegaban a Atocha, donde habían sido convocados por el Sindicato de Estudiantes. La manifestación reunió algún millar, que repetía las consignas locutadas por un compañero desde el camión que abría camino por la calle Atocha (cuyo carril de bajada seguía abierto al tráfico). La manifestación de estudiantes avanzaba lentamente, cruzándose por el camino corrillos de visitas turísticas y gente de compras.

A eso de las 12.40 los policías charlaban relajados, con los cascos en la mano, en los aledaños del Ministerio de Exteriores. Veinte minutos después daría comienzo la concentración convocada por los convocantes de la huelga y, de momento, solo habían llegado las personas más mayores, algunas de las cuales esperaban sentadas en el borde de la Fuente de Orfeo, frente al Palacio de Santa Cruz.

Poco a poco, la plaza de la Provincia se fue llenando de un público heterogéneo. Varios centenares de personas coreaban consignas de apoyo al pueblo palestino y contra el gobierno de Israel, el de Estados Unidos, las instituciones madrileñas y el propio gobierno de España. Los colores de la bandera palestina, a las puertas de la Plaza Mayor, seguían empujando un tanto impotentes el rodar pesado de la ciudad.

Mas lo que tienen las concentraciones es que al rato algunos tienen las piernas inquietas y en cuanto se supo que la columna formada por estudiantes estaba próxima, tiraron por la calle Esparteras hacia la Puerta del Sol.

Y llegaron los chavales y vaya si se notó el aporte de energía. Y, así, bulliciosamente, la manifestación se hizo angosta en las viejas callecitas del centro. Aunque todo fue muy pacífico –solo alguna cadena de comida rápida resultó tatuada, a base de pegatinas y espray– marchar por las vías secundarias recuerda por qué las autoridades se afanaron en hacer ciudades de calles más. anchas que las potenciales barricadas. Todo se vuelve más imprevisible.

La manifestación llegó tranquila a la Puerta del Sol y se desparramó en la inmensidad de la plaza. Varios megáfonos, distintos centros y la oportunidad de sacar fotografías que, con distinta intencionalidad, hablan de una concentración nutrida o de una marea a la que se le veía el cartón.

En todo caso, la irrupción del apoyo a Palestina en el centro de la ciudad había servido a los mínimos efectos de estar presentes y reunir fuerzas para la manifestación de la tarde, que saldrá de Atocha a las siete. Está por ver si esta es capaz de cambiar la inercia de la ciudad, como ya sucedió durante la manifestación masiva del pasado cuatro de octubre.

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