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Lo que los 103 tipos de bichitos de un jardín comunitario pueden hacer por el bienestar de tu barrio

Antophora quadrimaculata sobre  una aromática lavanda

Luis de la Cruz

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Existe en la calle Tenerife, en el madrileño barrio de Bellas Vistas, una pequeña parcela de unos 350 metros cuadrados que sirve de huerto urbano y jardín comunitario a los vecinos. Un oasis verde entre otros solares y casas de nueva construcción en una zona, la de la calle de Almansa, que está sufriendo un profundo cambio urbanístico en los últimos años.

Quienes lo cuidan tienen techo en el Espacio Bellas Vistas, un proyecto vecinal que recientemente ha tenido que emigrar por los vientos helados de la especulación inmobiliaria desde su sede en la calle Almansa hasta otro local en la calle Adrián Pulido, a unos quince minutos andando.

El jardín-huerta de Bellas Vistas

 Allí, se ha inaugurado una exposición fotográfica que hace zoom sobre la vida creada en el huerto y jardín de la calle Tenerife. Una muestra de macrofotografía titulada Esperando la primavera, biodiversidad en el jardín-huerto de Bellas Vistas, que ofrece decenas de imágenes de insectos tomadas por el fotógrafo José Ignacio Pascual, cuyos encuadres parecen trasladarnos a una producción de National Geographic.

Porque después de convertir la parcela abandonada en un jardín, de haber preparado el suelo, plantado colectivamente distintas especies, regado durante los meses secos...el pequeño vergel de la parte menos transitada de la calle Tenerife quiere contarnos cosas. A la exposición le acompaña una labor de estudio –vecinal y científico– del antiguo solar reverdecido que ha dado a conocer la existencia de 103 especies de invertebrados, de los cuales 52 son importantes agentes en el proceso de polinización.

La exposición en Espacio Bellas Vistas

En gran parte de la parcela se conserva la vegetación espontánea (unos 250 metros cuadrados), en la que se siega la vegetación con el avance de la primavera y el verano. Y allí han establecido sus dominios 103 especies de las clases Arachnida, Insecta y Gastropoda. Las distintas familias de abejas –Apidae, Andrenidae o Colletidae, entre otras– visitan con fruición las flores que pueblan el jardín y son las mejores en el arte, para ellas cotidiano, de polinizar. Los sírfidos son especialmente buenos controlando plagas (sus larvas son voraces depredadoras de pulgones) y las mariposas son también, además de sutiles bellezas que motean el gris urbano, polinizadores. “Vanessa atalanta, por ejemplo, es una vistosa mariposa migratoria nos ha hecho el honor de venir al barrio a libar sobre un madroño, de paso lo poliniza haciendo posibles esos dulces y coloridos frutos otoñales”, explica José Vicente de Lucio, uno de los impulsores del proyecto.

En su opinión, la biodiversidad encontrada en el terruño es un buen indicador de la capacidad de este tipo de espacios como elemento de regeneración urbana con un coste de mantenimiento pequeño. El reverdecimiento, advierte, es portador de un sinfín de beneficios físicos y psicológicos para los vecinos. “Está en la línea de lo que se ha llamado iniciativas de regeneración de la naturaleza en la ciudad. La Ley Europea de la Restauración de la Naturaleza, por ejemplo, contempla dicha restauración en el entorno urbano”, explica de Lucio.

Vanessa atalanta libando néctar en las  flores de un madroño (Arbutus unedo  L.)

“Las investigaciones sobre los insectos polinizadores urbanos están cambiando las percepciones sobre el valor biológico y la importancia ecológica de las ciudades. La abundancia y la diversidad de las especies nativas de abejas en los paisajes urbanos, que además están ausentes en los terrenos rurales cercanos, evidencian el valor biológico y la importancia ecológica de las ciudades y tienen implicaciones para la conservación de la biodiversidad”, dicho en las palabras de un estudio científico que citan en sus documentos de trabajo los vecinos que se ocupan del jardín.

Las conclusiones, explica José Vicente, pueden abordarse desde el punto de vista de la calidad de vida que aporta convivir con la naturaleza en los entornos urbanos. “Si no, que se lo pregunten a quienes pueden o pudieron acceder a ellos. A las monarquías con los ejemplos de El Retiro, el monte de El Pardo o la Casa de Campo; u hoy en día a las clases pudientes, con sus clubes de campo o Puerta de Hierro. Atendiendo a la diferencia entre el este de Bravo Murillo, con calles muy arboladas, y el oeste, sin árboles apenas, se ve bien”.

Desde el grupo hablan de la biofobia, que tiene que ver con el prestigio de la asepsia urbana y está muy instaurada culturalmente. Y oponen la idea de biofilia como indicador de bienestar climático, de salud, bienestar y corrector de la contaminación. “La iniciativa entronca con la posibilidad real de renaturalizar estos barrios, que tienen más de un siglo de vida pero encierran rincones con muchas posibilidades”, afirman e invitan a todo el vecindario a pasar durante marzo por la exposición en el Espacio Bellas Vistas y por el jardín y huerto comunitario de la calle Tenerife, donde se cultivan afectos y plantas.

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